domingo, 10 de febrero de 2019

EL LIBRO DE LOS CAMBIOS

EL LIBRO DE LOS CAMBIOS        

(Capítulo 1)- La esencialidad  
                                                                             (total capítulos editados, aquí)

1- Hemos analizado en La crítica de la razón social el devenir de la sociedad, y las posibilidades exitosas del decurso social, que fiamos a la utilización de los principios de verdad, además de aplicar el principio de los vasos comunicantes (VVCC) y la inversión social. Allí presentamos la idea de los principios de verdad, pero no (prácticamente no)  a los principios de verdad propiamente dichos. Es decir, allí los principios los presentamos como necesidad o fundamento lógico de la sociedad, para guiar nuestra sociedad convenientemente, de forma saneada, pero no se aportaron principios de verdad, y no se aportaron precisamente porque no los tenemos, porque los tenemos que construir. ¿Cómo, nos podremos preguntar, si no tenemos ya unos principios de verdad de los que partir? Bueno, ya está dicho de forma velada aquí cuando digo que nuestra sociedad debe estar saneada. Ya lo dije en realidad cuando dije que en sociedad se deben hacer las cosas buscando la higiene social, en el convencimiento de que por encima de nuestras verdades está esa higiene social como criterio suficiente, prima facie, para testar cómo de verdad es nuestra verdad: es verdad lo que nos lleva a esa higiene y mentira lo contrario. Éste es un concepto que está presente en todo y es el motor de todo: principios de verdad, inversión social,  VVCC; porque todo trata de luchar contra la falta de esa higiene y los estados de asimetría social que le son característicos. Sobre esta premisa debemos construir el debate, esto es,  utilizar o extender esa forma de análisis y de exigencia a todas las cuestiones que queramos plantear, que es justamente lo que vamos a realizar a lo largo de este bloque intitulado El libro de los cambios, que comienza aquí.
Vemos, en definitiva, que para construir nuestros principios tenemos que partir de unas cuestiones básicas, llámese categorías, llámese principios esenciales, llámese sentido interno, que comporta alguna forma de espiritualidad o idea elevada de nosotros mismos y de sociedad, y la inevitable traza de lo que realmente somos. Esa forma de espiritualidad a unos les viene por la religión, a otros a través del dolor social, a otros simplemente como un mecanismo intelectual. Esto hace que no tengamos una única forma o que incluso nos identifiquemos a nosotros mismos mediante una forma u otra, y que, en consecuencia, nos identifiquemos y nos juntemos con los que la tienen igual. Eso tiene una cosa buena y una mala. La buena es que estamos en el camino, la mala es que más que probablemente estemos en el camino equivocado, sea cual sea éste, porque más que probablemente estemos en el camino de la creencia, de la visión parcial o en perspectiva de las cosas, la que impone lo que verdaderamente somos.
Ésa es la forma de lo humano, nos hacemos de un equipo, ya sea político o de fútbol y ya todo lo vemos desde la perspectiva de ese equipo. No somos libres, no alcanzamos nuestras verdades de acuerdo a la higiene social y los otros principios esenciales sino a unos principios sesgados o inclinados a aquello que estamos defendiendo.
Hesse escribió: “El pájaro rompe el cascarón, el huevo es el mundo. El que quiere nacer tiene que romper el mundo”. También se dice en el génesis. “El Señor le dijo a Abram: 'Deja tu tierra, tus parientes y la casa de tu padre, y vete a la tierra que te mostraré'.” Estamos hablando de lo mismo, de la necesidad de dejar de ser lo que somos para poder ser otra cosa, de la necesidad de romper esa identidad que hemos construido, para partir de unas premisas nuevas, limpias, verdaderas, verdaderamente espirituales.
No voy a desarrollar ahora la verdadera espiritualidad a sabiendas de que aparecerá de forma natural en el discurso cuando dejemos lo social y nos introduzcamos en lo humano, y, de forma particular, en la forma higiénica de vivir lo humano, esto es, la desposeída de falsas identidades. No la voy a desarrollar a pesar de ser esta forma higiénica de vivir lo humano la que mejor conecta con un compromiso social libre de lastre. Y no la voy a hacer porque existen formas alternativas o modos diferentes de explicar esa conexión, más adecuadas, cercanas, asépticas y rigurosas (que de forma más extensa, y más o menos similar, está en las entregas 14-15 de la WEB), sobre todo para las personas a las que esta conexión entre la espiritualidad exigible y la praxis social le suena al toco mocho, esto es, que quieren prescindir de toda forma de psicologismo, o de otras cuestiones que toman su forma (aunque no lo sea):
Pensemos que nuestro mundo social es el espacio geométrico euclídeo (plano). Este espacio está construido a partir de cinco axiomas que se cumplen en virtud de su métrica (plana), esto es, de la forma de medir en él. Axioma es de lo que se parte (ejemplo: “Dados dos puntos se puede trazar una recta que los une”, o “Dos rectas paralelas guardan entre sí una distancia finita”). A partir de ahí se construye todo un espació matemático, esto es, toda una serie de verdades: proposiciones, teoremas, en ese espacio.
Pues bien, de lo que hablamos es lo mismo, nosotros tenemos que construir nuestras verdades, que son los principios de verdad, a partir de unas verdades esenciales que son elementos como “la higiene social”, esto es, elementos que limitan nuestras posibilidades a la hora de construir esas verdades, nuestro espacio social, en función de su existencia. Y que cambian en función de la misma, de la misma forma que si quitamos el segundo axioma citado (esa limitación) ya no estaremos en un espacio euclídeo o euclidiano, que tiene la limitación de ser plano, sino en uno curvo, tal como ha ocurrido de hecho en la representación de nuestra realidad física en virtud de la teoría de la relatividad general.
Existe además toda una suerte de limitaciones formales, lógicas y propiedades a las que debemos atenernos (además de un básico principio de contradicción), que la matemática preserva y que sin embargo en sociedad se transgrede constantemente, pudiendo decir que de dos posiciones en pugna, una de ella, si no son las dos, está en la mentira dialéctica, esto es, en la utilización fraudulenta de las reglas.
Por cierto, que (a modo de curiosidad) el conocimiento noético, éste que se puede establecer a través de la meditación, tiene mucho que ver con esta forma de alcanzar el conocimiento, siendo por así decirlo una manera de alcanzar las verdades respecto a ciertos órdenes a partir de unas verdades esenciales (internas, en este caso), mediante una conexión rápida e intuitiva, como aquellas que hacía Srinivasa Ramanujan, el matemático que los dioses susurraban fórmulas imposibles. Es decir, la estructura es la misma, en lo que se diferencia es en la forma de transitar desde esas verdades esenciales a las siguientes, el mecanismo, y la velocidad del mecanismo noético, del tránsito intuitivo, que sin embargo, como vemos, no es privativo. Es extraño, inusual, pero no más de lo que lo es donde se supone que no lo es, de hecho, la creatividad, incluso la científica, tiene mucho de esto: de ver de una manera antes de ser capaz de ver de la otra. Todo esto representa, dicho sea de paso, un reencuentro fantástico, a través del concepto de productividad, entre dos cosas o mecanismos aparentemente contrarios, casi en lucha, el de la metodología científica y el intuitivo, precisamente por esa habitual diferencia de velocidades y la consecuente imposibilidad de fiscalizar los logros paso a paso cuando surge de la intuición y no del razonamiento lógico.
Salvado esto último, lo que estoy diciendo en este caso es que tenemos que ser escrupulosos con los teoremas y con los axiomas de los que se parte, también en sociedad, en la que por ignorancia principalmente no hemos sabido establecer esos axiomas básicos (verdades esenciales), de lo que se infiere que los principios de verdad que construimos no son tales. Ésa es nuestra Historia como sociedad, como civilización. Necesitamos, por tanto, que ser capaces de dotar a nuestro conocimiento social de la misma fortaleza estructural (o casi) que tiene la geometría euclidiana o cualquier otra área de las matemáticas o de la física.
La sociedad inversa es el desarrollo de esa idea, es el planteamiento aséptico o, cuando menos la expresión de la necesidad social del mismo, que no pretende ser la verdad, objetivo imposible por cuanto la verdad está hecha de muchas sensibilidades, sólo racionalizar esas sensibilidades al objeto de encontrar esos principios de verdad, que es eso que queda cuando a la sensibilidad de cada uno le quitas todas las tonterías, y algunas mentiras, mediante la aplicación de esas verdades esenciales, que es en la práctica la mejor forma de ir dejando lo que queremos encontrar al descubierto. No pretendo tanto llevar la razón o la verdad en todas las cuestiones como construir un discurso minucioso que sirva para establecer un debate honesto sobre ellas, acotarlo mediante principios de verdad preexistentes (verdades esenciales) que nos permitan la formulación de otros nuevos. Ése es el trabajo que tenemos por delante, para el que tendremos que dejar a un lado ideologías, credos, apetencias y dolencias, es decir, atenernos a esas verdades esenciales y a las que seamos capaces de alcanzar limpiamente a partir de ellas, objetivos ambiciosos que si bien están fuera de nuestro horizonte cercano, son condición sine qua non para dar un salto cualitativo como sociedad, imprescindible para optar a la supervivencia o al progreso.
Lo que voy a desarrollar aquí, pues, tratará de sentar las bases para un debate aséptico sobre algunas materias, que luego podremos compartir o no compartir pero que tiene los elementos necesarios, por cuanto están estructurados (como el espacio euclídeo), para ser fiscalizados intelectualmente, a diferencia de lo que hace el debate político y todos sus defectos formales, lógicos, estructurales... etc.
Esa es la estrategia que voy a adoptar para todos los temas. A partir de ahí, a efectos de clasificación, aunque sean temas independientes unos de otros, se seguirá un orden necesario puesto que a la vez lo tienen contextual. De hecho, de algún relato se podría derivar al otro de forma natural sin solución de continuidad, y si no se hace es para no complicar el primero o hacerlo inacabable, y para darle su sitio al segundo: para no hacer como esos trabajos en los que van de una cosa a otra sin cerrar, sin llegar a unas conclusiones mínimas. Esa misma pretensión hace que los temas sean extensos, y con ello que puedan parecer más literarios, menos divulgativos, lo sé, pero no se puede todo, y, como no se puede, opto (por lo ya dicho) por encapsular los temas de esta manera. Decía Kant que algunos libros serían más claros si no hubieran querido ser tan claros. Seguramente esto se lo aplicara a sus propios escritos. Seguramente yo también sería más claro si no quisiera ser tan claro, más entendible, si no quisiera librar de todos los malentendidos a “la verdad mínima” que se pretende alcanzar.
Lo haré abordando los temas que están en continuo debate en nuestra sociedad, expuestos a cambios y tensiones, pero sin solución, es decir, que se habla y se habla de ellos pero no se llega a nada, a ninguna certeza (o sólo a alguna interesada), precisamente porque no se debaten en el entorno de trabajo ya planteado, esto es, porque no se manejan las estructuras discursivas correctas ni los propósitos correctos.
Se debate sólo con datos y con el empleo de las herramientas pobres que nos dan las diferentes disciplinas (economía, justicia, sociología, política) sin reparar, o querer reparar (a pesar de no llegar a conclusiones), en que hay una verdad esencial en cada debate que pone de manifiesto que el debate es estéril y el objeto a debatir es otro. Si no cambiamos ese objeto a debatir, el debate siempre estará en un conflicto argumental y emocional, que  es el que trata de alimentar los que sacan partido del mismo.
Podemos darnos cuenta hasta qué punto esto es así y somos víctimas de esto que estoy hablando si pensamos en cualquier estadística sobre cualquier tema social o político, donde se pone de manifiesto que no se puede llegar a un consenso, sólo a una indeterminación más o menos mediatizada, que evidencia los parámetros de indefinición de la cuestión y de todo aquel que quiera afrontarla para su resolución: lo poco posible que es llegar a la verdad y lo poco que importa.
Aquí vamos a debatir cambiando el objeto a debatir (por esto es El libro de los cambios). Cambiar el objeto a debatir, nuestra atención, es ver cuál de todos los objetos es el de mayor jerarquía entre todos los presentes. Es muy sencillo: ¿qué es más grande 8 o 9? Lo pregunto otra vez: ¿qué es más grande 09 o 80? En la primera pregunta hemos obviado los ceros y con ellos el orden o poder jerárquico de los otros números. El discurso mentiroso se construye a base de eliminar el orden jerárquico de las proposiciones, lo que deriva en que todas ellas estén en el mismo orden o estén el que quiera el especulador de turno. Llevado a lo que nos importa, llegar a la verdad o apartarnos de la mentira es encontrar el verdadero orden jerárquico de las cosas.
No cabe duda que la realidad es compleja, pero la hace más compleja la indefinición teórica que permite que cualesquiera argumentos sean válidos, y que puedan ser, por tanto, pertrechados y revalidados por apoyos interesados. Frente a esa complejidad sólo cabe una voz única, que se haya hecho única a través de un fundamento lógico.

2- Con estas premisas, esto es, para alcanzar los objetivos y desarrollar la metodología presentada, nosotros podríamos abrirnos en abanico a raíz de lo expresado en La crítica de la razón social y ahondar en las diferentes problemáticas, o podríamos establecer una secuencia de problemáticas sobre un determinado hilo conductor. Nosotros haremos fundamentalmente lo segundo. El hilo conductor son los principios de verdad y la problemática de partida no puede ser otra que el resurgimiento de los partidos de ultraderecha que es la que pone más en evidencia la cuestión de los principios de verdad (por razones que quedarán sobradamente explicadas), es decir, que tanto nos sirve el resurgimiento de la ultraderecha para abordar la importancia de los principios como los principios para abordar el resurgimiento de la ultraderecha.
Ya dije que unos temas nos llevarían a otros de la mano. Los principios nos llevan a la cuestión jurídica. Pero el resurgimiento de la ultraderecha también nos lanza a una cuestión tal como la revolución social de la mujer, y de lo femenino, y su forma de ocupar todas las cosas de la vida, que no será hilo conductor pero sí tema recurrente, y capital para el entendimiento del momento actual, que a su vez tiene elementos jurídicos.

A- Ya se verá como recorreremos el camino para tratar cada cosa en el momento adecuado y abordar el análisis de lo que sin duda es la mayor revolución conocida, o cambio de paradigma, con toda la profundidad que merece, y en el formato o con las pretensiones que en cada situación  o recurrencia sean las adecuadas. El asunto nos sirve de momento, a expensas de ser tratado oportunamente, para ejemplificar todo lo dicho a respecto de la jerarquía de las cosas, y la esencialidad de las mismas (los cambios). A este respecto, la cuestión no radica en que la mujer sea o pueda ser la protagonista de los cambios (podemos olvidarnos de ese detalle en el análisis), tampoco en que esos cambios puedan ser tan representativos a algunos efectos como la supresión del esclavismo, la cuestión es si apreciaríamos alguna diferencia en las pautas de penetración social si en vez de ser la mujer la que ocupa el espacio fueran alguna suerte de seres reptililoides (sí, como aquellos que se presentaron en sociedad mediante la película V) con sus aparentemente espléndidas pretensiones, o, mejor todavía (para que no parezca tan conspiranoico), si lo que está ocurriendo no es, de hecho, lo que se representaba en el film “The Invasion”, protagonizado por Nicole kidman.
Es decir, la cuestión no es,  tal como sucede en la película, si el mundo al que se llega es mejor o peor, o incluso si es al que podríamos querer aspirar (un mundo sin emociones malas), sino si lo alcanzamos de forma natural o lo alcanzamos mediante un proceso que nos transforma fraudulentamente, tanto que, propiamente dicho, ya no somos nosotros, porque lleva aparejada la supresión de esas emociones malas (de todas, en realidad) o las señas de identidad de lo humano; o de lo masculino, en nuestro caso, como paradigma de lo emocionalmente malo o desechable. La cuestión es de qué manera tan productiva, a los efectos del proceso de sustitución o la estrategia invasora, los infestados se reconocen y se diferencian de los otros, esto es, se establece una frontera de contagio, que se expande, y que diferencia a los adaptados al nuevo diseño de los que no, y que criminaliza irremisiblemente, a estos últimos, o los arrincona socialmente.
Aquí es donde viene la necesidad de hacernos las preguntas correctas, y de no atender a otras que hacen otros, que quieren desorientar, desacreditar e inducir al contagio. Aquí es donde viene la necesidad de encontrar las verdades esenciales y determinar con ellas si lo que ocurre en sociedad es lo que tiene que ocurrir o es una adulteración interesada y forzada, y luego si es interesada por sí misma o por algo más.
La cuestión, en este sentido, no está en que ocurra sino en que ocurra de un modo concreto y a una velocidad determinada, tal como tenemos aceptado respecto a las características de nuestra curva de progreso y bienestar social, y su punto de inflexión. En ambos casos, si se observa que unas determinadas transformaciones son consecuencias inevitables de causas preexistentes, se acepta como parte del decurso,  si, en cambio, se observa que se dispone algo para que esas transformaciones sean inevitables y de un signo, es distinto. Dando como más cercano a la realidad la segunda forma de proceder, no podemos nada más que extrañarnos del alto grado de silenciamiento y connivencia del mundo político, cultural y mediático, es decir, de la total ausencia de análisis o cuestionamiento, ni siquiera para alcanzar una perspectiva histórica respecto a los pros y los contras, las luces y las sombras, o una proyección de futuro de lo que sin duda será nuestra realidad próxima, seguramente deslumbrados por los elementos liberadores que comporta y sus expectativas, y los demás cantos de sirena: Pinocho fue a la feria también, creyendo que era una feria, y se convirtió en un asno, un asno de feria.
Este silenciamiento nos lleva a la idea, volviendo a la película, de que en buena medida gran parte de esos mundos ya están infestados, y que son los encargados de propagar o construir esa realidad, ese nuevo orden social. Pensamiento que puede parecer exagerado si pensamos en el desarrollo escénico, en su desencadenante vírico y las transformaciones biológicas que conllevan. No lo es tanto si pensamos que ese virus no es un virus, es una idea. Y no lo es tanto, tampoco, si observamos de qué manera tan extraña e inusitadamente rápida se ha infestado buena parte de la población en el proceso, alterando sus patrones de conducta, que se ven modificados, bien por el contagio bien por la necesidad de permanecer camuflados (como en la película), de no ser descubiertos, de no desentonar, lo que supone, de facto, un contagio por adaptación o mímesis, que expande igualmente la frontera y posibilita el contagio de otros por simple contacto.
Es decir, la sociedad no se infesta por virus sino por ideas. La cuestión es, en consecuencia, si esa idea es nuestra o estamos infestados con ella. Algo que deberíamos plantearnos con cualquier idea, sobre todo si está claramente activada y patrocinada. Una idea, por otra parte, fácilmente insertable en sociedad, tal como evidencia el resultado, por cuanto existe una carencia ancestral de lo que comporta, una necesidad primigenia, además de la que legítimamente visibiliza la mujer, en virtud de la cual millones de personas podemos tener la intuición de que la regeneración del mundo o el mayor cambio paradigmático, jamás visto, tendría que venir de la mano de lo femenino, del retorno a la madre, donde todo se une y se fusiona, como idea de lo común. La cuestión es: ¿esto que se está incorporando al mundo es “lo femenino”, o es otra cosa? Y otra,  respecto del mencionado retorno a lo común, que puede ser lo común en una pareja, en una sociedad, en el mundo o en el universo entero: ¿esto une o separa? Vemos que si escarbamos en esa idea reconocible, y a priori no rechazable, encontramos a través de la esencialidad de las cosas que es como un caballo de Troya, un engaño. Un engaño que nos enseña que ni siquiera esa forma familiar o coincidente nos puede hacer pensar que es nuestra idea, levantar la guardia u olvidar que detrás de ella puede haber algo escondido, sucio, "no higiénico".
Un engaño en el que no caen, por cierto, muchas mujeres, porque ellas mejor que nadie saben lo que le es propio, y en donde está su verdadera frustración o su verdadero objetivo, y que saben, como sabemos todos, que las relaciones no (tan) reguladas jurídicamente pueden ir bien o mal, pero las otras, no son relaciones. Ése es el engaño, del que sólo podemos salir buscando la esencialidad, la jerarquía correcta, y comprendiendo que de lo malo no puede salir nada bueno, que no se puede corregir una asimetría con otra, y que quien lo hace, algo busca de otra naturaleza.
Nosotros dijimos que había que ver si era una adulteración interesada, y luego si lo era por sí misma o por algo más, pues bien, ya vamos con esto último tras la pista, que no es otra cosa que la estandarización o desestructuración de las relaciones entre géneros a través, como veremos, de la judicialización, el miedo, y otras cuestiones que, sin duda, tendremos oportunidad de desarrollar.

B- Vuelvo a repetir, si no ha quedado claro, que la cuestión no es si la mujer debe y tiene que alcanzar otro papel diferente en sociedad (mejor), al que ha mantenido tradicionalmente (que seguro que sí), o si se ha hecho socialmente acreedora de esa revolución social, sino si ese cambio de papel lo está alcanzando de forma natural o se está introduciendo de forma forzada y perversa por alguna entidad (persona o no) muy interesada en que esto sea así y con otras pretensiones (troyano), y de forma particular si no se está utilizando a la mujer como vehículo o pretexto para llevar a cabo alguna forma de alienación o subyugación, aprovechando sus demandas intemporales, o, de otra forma, si se está presentando como progresista y liberador algo que encierra otros fines que no son ni progresistas ni liberadores.
¿Quién, y por qué? (Esto ya es otra cuestión al hilo de ésta que tendremos que tratar de forma más pausada, pero…) En principio, los mismos de siempre y por lo de siempre, que no es otra cosa, en primer orden (sin querer apuntar de momento a razones de otra enjundia), que una desestructuración social ventajosa para los procesos productivos. Se estará conmigo en que, siendo los mismos de siempre, que hacen todo tipo de cosas para alcanzar sus fines, el elemento conspiratorio se puede dar como plausible, se vea acompañado o no de una piel de lagarto.
Estoy diciendo que los cambios en las cosas no se producen por causalidad, que algunas veces los promotores de los mismos los realizan a las bravas y otros, sin embargo, de una forma sibilina (haciendo coincidir sus planes con determinadas demandas), y que la conspiración o la manipulación es algo que está siempre presente, y es mayor cuanto más inconfesable y más a largo plazo es el cambio pretendido. Para advertir esto sólo tenemos que reparar en qué cambio se presenta como más favorecido (incluso financiado) desde ciertos ámbitos, de qué manera y con qué pretensiones, y qué otros no se producen porque no son de su agrado o conveniencia a pesar de ser más significativos o esenciales (sobre el hambre, la desigualdad) para el desarrollo.
A efectos económicos ya lo expresamos, diciendo que a esos efectos el Capital tenía diseñado un esquema de sociedad, que era una sociedad estandarizada. La pregunta es qué otra cosa puede querer alcanzar el Capital de la sociedad para alcanzar esa sociedad estandarizada. La respuesta puede ser la estandarización a los efectos que estamos hablando, esto es, la que atañe a la relación entre géneros, de lo que se deduciría que las pretensiones del Capital trascienden del plano económico y apuntan directamente al diseño social del porvenir, incluso como especie.
Tal vez, también, a inhabilitar la respuesta social, esto es, a planificar alguna suerte de cortafuegos. Por ejemplo, ¿sería posible que alguien esté planificando de esta guisa la superpoblación y el resto de las cuestiones que nos llevan al colapso social? Lo voy a preguntar de otra manera. ¿Alguien se cree que no hay ya quien está pensando en este particular y todo lo que implica o implicará en las próximas décadas, y tiene diseñado un perfecto plan de contingencias que puede incluir esto que estamos hablando? Es evidente que sí, y que si se está pensado en un planeta alternativo de otra estrella, no ha sido como la primera opción o la más factible. Y otra pregunta que muy bien podría haber ido antes de ésta: en nuestro momento social y con los avances científicos, las técnicas reproductivas, ¿quién está mejor adaptado al entorno?, ¿quién es más prescindible? La respuesta es obvia. Lo único que la puede apartar de la realidad es que, en un sentido más general, prescindibles somos todos.
Esta forma de modelado social ha sido así desde siempre en la Historia de la humanidad. Los grandes cambios han seguido una agenda que se ha puesto en marcha cuando ha resultado interesante, con sus más y sus menos (recordemos la supresión del esclavismo o el de la concepción de usura, la creación de la clase media, y ahora su supresión). Es tanto así, que es muy posible que, de cara a la esencialidad de las cosas, lo que tuviéramos que plantearnos fuese qué es verdaderamente lo que hay detrás de cada cambio social, qué se pretende. Es decir, dar por descontado que obedece a algún interés circunstancial que está aprovechando el nuestro, y preguntarnos por cuál puede ser ese interés, para tratar de dibujar ese diseño o anticiparnos a él, sobre todo ahora que somos testigos de la ejecución paso a paso del plan, que muy bien puede ser el de amortizar una lucha de clases con otra, y, en último término, el de mantenernos distraídos (ocupados y divididos) mientras gobiernan el mundo, y evitar que levantemos la mirada y nos preguntemos quién lo hace y con qué rumbo.

C- Cuando se levanta la mirada se puede ver el poder de los que están arriba o se puede ver una representación de ese poder. Cuando se levanta la mirada y se ve una representación de ese poder, se deja de ver al poder en sí, y se deja de ver el poder que hay por encima de ese poder representativo, sea democrático o no, es decir, que el poder representativo sirve para desdibujar el propio poder que encarna y el de todo aquello que está por encima: es un filtro, un espejo semitransparente que sólo permite la visión y control hacia un lado. Ese poder representativo en continua lucha de opuestos no llega sistemáticamente a ninguna solución en las cuestiones importantes. Pensamos que no llega como consecuencia de esa lucha de opuestos o de la falta de consenso, pero no es así, no se llega porque no tiene las competencias para arreglar la cuestión, y se camufla esa falta de adscripción competencial mediante una lucha de opuestos, que trata de buscar segundas soluciones toda vez que no pueden tomar las primeras, las más lógicas y efectivas. Sólo hay que ver lo que ocurre en los Presupuestos Generales, en cómo se despreocupan de las cifras mayores y se vuelcan sobre las menores, llenándolas de ideología,  de partidarios y de ruido para que parezca que entre lo que dicen unos y lo que dicen otros hay un cambio radical del rumbo (aunque algunas veces, porque todo es susceptible de empeorar, lo haya). Nadie toma o intenta tomar las soluciones de primer orden, las que luchan contra las verdaderas causas de la desigualdad y la calamidad humana.
No pueden tomar las de primer orden porque la adscripción competencial la tienen otros, que no actúan porque no quieren, porque quieren mantener las cosas en ese estado. Eso es lo que pasa con los temas del hambre, del desarrollo de los pueblos, en los que los poderes representativos no tienen esas competencias ni autoridad para reclamarlas ni, por supuesto, forma de obligar (por causa del espejo) a los que sí la tienen, a pesar de que la desigualdad mate gente.
No digo que el sistema sea desigual y mate gente, digo que los verdaderos poderes fuerzan esa desigualdad intencionadamente para crear ese espacio de penuria que finalmente acaba en muerte. Ellos fuerzan esa desigualdad, porque persiguen juntar todo el poder y todo el dinero en su polo, en detrimento del otro polo. Es decir, que cualquier idea de reparto va en contra de sus planes, del modelo de bipolarización extrema que imponen gracias a la riqueza y a toda una política consentida de estandarización que les ha permitido situarse en referencia única de los procesos, que es lo que ha hecho que se puedan situar en esa posición de poder al suprimir las vías alternativas, esto es, en la forma más implacable de totalitarismo, dado que, además, ese polo de poder es único a nivel mundial, aunque se trate de aparentar lo contrario  (¡¡¡ Cada vez menos, por cierto !!! ).
La cuestión es que lo mismo que esos poderes representativos no tienen poder respecto a la situación actual, tampoco lo tienen para cualquiera de las otras cosas que se quieran establecer desde ese poder: ahora es el hambre y la creciente desigualdad, mañana será la miseria y la semiesclavitud o la desigualdad extrema. Que el poder representativo no tenga poder no quiere decir que no sea consciente de él y de su repercusión dramática, algunos lo son, lo que justificaría la codicia insaciable, el intento de garantizarse una posición de privilegio y pasar el corte: no servirán más credenciales que tener una cuenta corriente tan suficientemente abultado como para que resista el primer fulgor.  
Los poderosos de verdad tienen innumerables formas de iniciarlo porque, junto a ese inmenso poder, las tienen de crear tragedias, ya sea mediante las herramientas financieras o mediante otras tecnológicas, como el HARRP, capaz modificar masivamente las pautas de comportamiento o los procesos mentales mediante un disparo electromagnético y de alterar la ionosfera y provocar sequías y otros desastres naturales y humanos (se piensa que buena parte de los todos los últimos), o simplemente mediantes guerras provocadas, y epidemias. Algunas de ellas, aunque se han utilizado experimentalmente o de forma eventual, no se han utilizado bajo la prescripción que estamos  adelantando.
No se han utilizado con esta especificación porque no ha llegado el momento, pero tienen la capacidad financiera, logística y técnica. Cuando digo que tienen capacidad quiero decir que tienen los medios para quebrar el sistema financiero, crear los desastres o los conflictos necesarios y llevarnos a la edad media en una semana (lo que dure la comida del frigorífico), además de existir unas posibilidades nulas de respuesta. Uno podría pensar que, a pesar de todas esas posibilidades, es impensable que esos poderes hagan uso de ellas, impensable que las lleve a extremo, sin reparar en que el Capital y todos los poderes que se esconden con él ha hecho siempre lo que ha podido hasta donde ha podido, y que si no ha hecho más es porque circunstancialmente no le ha interesado o le ha sido imposible.
De hecho, ha sido a lo largo de estos últimos treinta años cuando ha terminado de encontrar las piezas que les faltaba para poder ser totalmente autosuficiente, o lo que es lo mismo, para que todo lo que no pertenezca a su entorno de dominación sea prescindible. Dicho de otra forma (o en otro sentido), ha sido en estos años cuando ha encontrado los mecanismos para ser implacable y poder hacer de forma general lo que de hecho ya está haciendo en algunos países de forma discrecional, en los que si hay que hacer, se hace.
Ese espejo semitransparente les hace ser invulnerables, desconocidos, en un sentido y les permite ser implacables y eficientes en el otro. Como dioses, y así se sienten, cada vez más fuertes, y cada vez más ajenos a la naturaleza humana y sus miserias, y a la importancia moral de sus decisiones o, lo que es lo mismo, considerando sólo la instrumental. Es por eso que la decisión meramente instrumental de llevar nuestro sistema al reset, a la dominación total, está ahí, está tomada, a la espera de dar definitivamente la orden y ejecutarse, a la espera de que se den las condiciones o la oportunidad que las hagan instrumentalmente exitosa. Será ahora, en un año, en tres o en cinco, pero será.
Cuando se den esas condiciones, ¿quién lo evitará? ¿Será ese poder representativo, que no tiene fuerza ni para atarse los cordones, o seremos nosotros que estamos discutiendo de nuestras pequeñas cosas como si fueran las cosas más importantes del mundo y no hubiera otras, llenos de soberbia y de ignorancia? Otra pregunta interesante es quiénes serán nuestros amigos en ese caso. Desde luego no será la derecha ni será la izquierda, sino aquellos, los únicos, que podrán constituirse en alguna forma de resistencia.
En lo que sigue trataremos esas pequeñas cosas, esas cuestiones que tratamos como si nos fuera en ello la vida, para clarificarlas y, en la medida de lo posible, olvidarlas (como secundarias), y tratar con la importancia capital esto que está pasando en el mundo, en nuestro mundo, y así cambiar el debate. El libro de los cambios quiere cambiar el debate para cambiar el mundo que ya otros están cambiando. Tenemos que acercarnos a la discusión para llegar a la conclusión de que el debate es otro, olvidarnos de esas pugnas, y establecer la verdadera jerarquía. Seguro que cuando pongamos lo primero en primer lugar lo demás caerá por su peso: nada se sujeta sin una buena base, y la que tenemos ahora es perversa. Hablamos de la relación de la mujer con el hombre, o del hombre con la mujer, pero qué decimos de los hijos con los padres, o de la opresión laboral, o de la vida casi inerte que este mundo les ofrece a muchos. ¿Por qué no pensamos en el común denominador en vez echarnos la culpa unos a otros de las imperfecciones del mundo? Ahí este la auténtica jerarquía de la cosas ¿Por qué no nos olvidamos de nuestras miserias y pensamos qué miseria hay en el mundo más grande que la nuestra, y luchamos por ella? Sólo tendremos esperanza cambiando la naturaleza de nuestras demandas. Lo demás, es método.

lunes, 10 de diciembre de 2018

CRÍTICA DE LA RAZÓN SOCIAL 10/10

EPÍLOGO



(I) Visto lo anterior, sería interesante hacer una reflexión general de todo que nos permita tener una visión más completa de la situación, y un mejor alcance de las motivaciones, y de las posibilidades. Tenemos toda una estructura política pesada, inservible, vieja en las formas, al servicio de un sistema enfermo. Tan vieja que parte del parlamentarismo de los caballeros, y de sus intereses, velados por los contables del reino. Ahí estaban el rey, los caballeros, y los que robaban o medraban para parecerse a ellos, sabedores de que había dos formas de estar en el mundo, la de arriba y la de abajo.
Dos formas de enfrentarse a los problemas. La de aquéllos que tienen la decisión y los medios para solucionarlos y la de aquéllos que están supeditados a la decisión de los primeros. Dos tipos de problemas. Los que desaparecen antes de tomar forma y los que dan lugar a infinitas disquisiciones, o a ninguna, y se eternizan en la sociedad. Los propios y los ajenos. Los que importan y los que no.
La política (de derechas e izquierdas) es eso que dejan hacer los verdaderos poderes para hacernos pensar que gobernamos nuestras vidas, pero son ellos los que determinan, los que marcan las verdaderas directrices. El poder político lo que hace es plegarse a las exigencias del dinero y las reticencias de determinados grupos de presión (incluso la calle como otro más), además de su propio interés de grupo, de tal modo que está prácticamente inutilizado para transformar de forma profunda esta sociedad. En tanto que hay cuestiones que prefiere mantener con un funcionamiento deficitario, en algunos casos por la cuestión del gasto, y en otros por pura estrategia. Dado que en una sociedad problemática las personas están básicamente entregadas en solucionar sus avatares, en sacar sus vidas adelante, y sin aliento, por tanto, para pensar dónde está verdaderamente el nudo vital, dónde se produce el embudo de todo esto, y el engaño.
No obstante, toda esta suma de imperfecciones podría ser admisible, incluso, cuando las actuaciones, a pesar de las injusticias y deficiencias,  dieran la apariencia de llevar un impulso destinado a tirar de todos hacia arriba, pero ya hemos visto que no es así. Y no lo es, a pesar de que, a primera vista, nuestro mundo se presente como el más evolucionado de los mundos conocidos por el Hombre.
(II) Ciertamente, si no fuera por la realidad que hay bajo la que vemos podríamos pensar que nuestro mundo, aunque sea a trancas y barrancas, camina hacia un lugar mejor, “que damos más permisos de paternidad”, “que se legisla contra el odio”, y toda una serie de elementos de perfección social, incluido el conocimiento de nuestra propia naturaleza humana y la superación de sus limitaciones. La gente incluso se divierte, va a las ferias, bebe y baila, y hay concursos en la tele.
Parte de ese espejismo radica en que verdaderamente el 15% de la gente es más rica. La realidad es que el 85% restante es cada vez más pobre, y que muchos que no lo eran, empiezan a serlo. Los dos elementos juntos se llama bipolarización social, descohesión.
Es verdad que el mundo se va perfeccionando, pero sólo para ese 15%, para el otro su vida está tan carente de progreso que salvo por algunas cuestiones misceláneas no sabrían muy bien si no está en los años 50, los mismos que en los años 90, parecían estar en los 70. ¿Cuántos de los avances médicos futuros estarán a su disposición si los actuales ya se monetarizan y se economizan, y, en consecuencia, se limitan?
Esa es la paradoja de este progreso, que mientras unos parecen haber tomado posesión del siglo XXI, otros parecen que vayan por el camino de vuelta, hacia el XIX. Y que todo mejoramiento sea en realidad sólo una ilusión derivada de la técnica, que da un punto de modernidad, que no se corresponde con la realidad social, por lo menos con la de ese 85%.
La concreción práctica es que nuestro maravilloso mundo de hoy es el mismo que el de ayer, porque lo tuvimos ayer, pero ya hemos rebotado en algún lado, y lo estamos viendo por el camino de vuelta. El metaconocimiento ha dejado en evidencia nuestra irrelevancia social y nos lleva a las formas del pasado. Quien sí tenga esa relevancia, tendrá la oportunidad, y seguirá siendo utilizado por el Capital, participando de todo el bienestar que ese Capital es capaz de proporcionar y generar.
La concreción práctica es, también, que seguimos igual o peor en lo fundamental, y que seguiremos, por generaciones, por disolución del pegamento social de la clase media, que hará que la sociedad separe sus extremos irremisiblemente, se divida otra vez, en lo que se constituye como el movimiento evolutivo principal de nuestra forma de cultura, involutivo en este caso.
(III) La confrontación de los modelos derecha-izquierda, o perspectivas respecto al decurso de la vida y la sociedad, está muy bien para una curva ascendente, pero no para para una descendente.
Se trata de diferenciar el movimiento fundamental o primario de los otros secundarios (los de Derecha e Izquierda). Frente al primario no hay derecha e izquierda hay necesidad, perspectiva histórica, frente al primario sólo está la obligación de girarla y comprender que cualquier sensación de bienestar, es un espejismo que estamos creando con nuestra propia sensación de bienestar (la del 15%). Como un Mátrix que se desfigura si restregamos los ojos. La curva ascendente permite oscilaciones, dientes de sierra. La descendente, no, porque es descendente, porque lleva una determinada trayectoria, una inercia.
La inercia social es una, y hay quien se hace palmas con las manos con medidas que ya se ven desde lo lejos que no son ambiciosas, que no aspiran a nada (trabajo para más de 50, o menos de 30, etc., quitando de aquí y poniendo allí). Vienen de las reuniones dándose golpes en el pecho porque han sacado el 0.5 en vez del 0.4 sobre una parte mínima de los presupuestos (lo demás está fijado por defecto). La política de derechas-izquierdas es eso, sacar un pequeño diferencial sobre una partida, olvidando que hay una realidad superior que no es contable. Olvidándose de que las grandes políticas van antes de los números.
Si el poder político se conforma o se da por satisfecho poniendo tiritas…, bien, pero que no se engañe, son tiritas.
(IV) Cada político, entonces, tiene que decidir qué tipo de político quiere ser, si un político de movimientos primarios (que haga algo verdaderamente notable por la evolución de este país, del mundo) o de movimientos secundarios. Los políticos de movimientos primarios los distinguimos claramente, sobre todo en EEUU, porque son aquéllos que trataron de romper lo instalado en sociedad: crear un proyecto de país, romper un modo de vida, enfrentándose a todo ese poder que se opone (a riesgo de su vida, incluso). Hablemos de los Kenedy, hablemos de Obama, con su Obama-care o su intento de regular las armas. Aquí, es más difícil encontrar uno de esos.
A propósito de esto. La cuestión de las armas y la discriminación racial allí (fuera de toda lógica), amparadas precisamente por lo poderes fácticos, nos sirve de ejemplo de cómo algo contra natura convive con un país, que es así porque alguien determina que no cambie (a veces amparado por una mitad social). Y es algo sobre lo que uno piensa: ¿cómo es posible que esto conviva con las gentes y que las gentes convivan con esto y no se alcen en ese tipo de protesta que no acepta otra repuesta que la solución?. Es decir, los cambios legislativos correspondientes.
La respuesta es, que por lo mismo que se ha convivido con todo tipo de tropelías a lo largo de la historia, porque no ha habido opción. Por lo mismo que nosotros convivimos con lo nuestro, sin opción, a no ser que la opción nos la inventemos, y la hagamos única.
Aquí en Europa lo tenemos más fácil, aquí no tenemos que enfrentarnos a ese sinsentido atávico. Aquí sólo tenemos que darnos cuenta de que, entre las otras potencias, la vieja Europa sólo tiene una posibilidad de liderazgo, la que deriva de su altura social (la que siempre ha tenido), o del camino que lleva hasta ella. Camino que no puede ser otro que el de hacer a la sociedad cómplice de la relación comercial y financiera, y a ésta de aquélla: elevar nuestra altura social, es llevar a los otros a una situación de subdesarrollo comparado, y establecer sobre esto el fundamento de toda rivalidad.
Puede parecer extraño lo que digo, pero no lo es. Pensemos que EEUU promovió la globalización, y que ahora promueve la política contraria porque no le ha sido todo lo rentable que imaginaba. Es decir, las potencias hacen eso que creen que les va a venir bien. Nosotros no podemos competir en armamento, ni en población, ni en precios, ni vamos a salir vencedores de esa contienda adecuando nuestro sistema a esos estilos de vida degradados (que basan el éxito en la degradación). A nosotros sólo nos puede venir bien dar un salto cualitativo como sociedad. Y luego, que nos sigan. Es decir, mantener e incorporar elementos de higiene social (eso son la inversión social y los principios de verdad) encaminados a explorar socialmente lo que el propio Capital ya está promoviendo en el seno de  algunas de sus empresas de vanguardia para optimizar su desarrollo y diferenciarse de las otras: su clima social.
El clima social, el medio, no sólo es importante para el cerebrito, es importante para el conjunto de la sociedad. Resistencia social cero. Lo único que, además, puede absorber, desinflar,  todo el estrés de la geopolítica, una vez suprimidas las tensiones internas: constituirnos en un inmenso remanso.
La cuestión es saber qué mensaje es el que hay que elevar y con qué grado de entereza para no ser políticos de humo, hombres grises. Si yo digo 5, alguien dirá 4, y otro alguien 6. Sí yo digo vamos a quitar el fraude fiscal, ¿alguien se imagina que otro pueda decir algo diferente? Ésa es la diferencia entre hablar de cosas importantes que sirven, y de tonterías que sólo sirven de alimento político. Ésa es la diferencia entre la posibilidad de alcanzar acuerdos serios, porque unos a otros se toman en serio en sus pretensiones, a no alcanzarlos porque están edificados sobre un espectro demasiado amplio y voluble. Edificados sobre pretensiones categóricas que luego no lo son tanto.
Ni la solución puede ser la del Capital, ni puede ser la de la mayoría de un parlamento interesado, ni la media aritmética de una sociedad egoísta, o la problemática del más fuerte. Tendrá que ser la que derive de la finalidad social.
Es decir, de un principio de verdad.
Los ciudadanos tendremos que distinguir entre unas fórmulas sociales y otras, entre unos políticos y otros (si es que los hay): entre quienes presentan pequeños cambios insignificantes que tratan de contentar a un público o a otro, y quienes muestran esas cinco medidas que atacan los problemas de raíz. Y elegir. Sobre todo cuando las repercusiones de nuestras decisiones son trascendentales y a la vez trascienden a otros ámbitos, a otra importancia de las cosas.
A eso voy ahora
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(V) Empecé este trabajo comparando nuestro sistema social con el romano, y quiero terminarlo igual, llamando la atención sobre algunas cuestiones de la Historia y la forma de desarrollarse los hechos en la misma.
Para empezar, no hay uno sólo de los Imperios del pasado que no haya caído, Egipto, Grecia, Roma, el Imperio Carolingio, el Bizantino. Lo que pone de manifiesto la desadaptación entre el sistema social y la sociedad, que lleva, después del esplendor, al agotamiento y a la subsistencia.
Existen muchos elementos que ayudan a comprender el desarrollo de este proceso, por ejemplo en Roma: guerras civiles, invasiones bárbaras, derrotas aplastantes, asedio constante en las fronteras, sobrecoste de su administración, pago de mercenarios, ruina económica, desprotección social, hambre, avance del cristianismo, La Peste de Cipriano, descenso de la población con recursos y aumento de impuestos: deterioro de la clase media romana (eso ya nos suena). Hasta llegar al asedio en Roma siglo V, donde pereció el 90% de su población. Todos ellos se reduce a lo siguiente: no dinero.
El oro y la plata no circulan, se esconden.
El proceso siempre es siempre el mismo. Una curva-indicio negativa, es decir, de pendiente negativa (roja), hasta que llega un momento que se hace irrefrenable: negativa pero de valor elevado (verde).


En el caso romano nos llevó a un periodo de subsistencia, un desierto entre los siglos III-XIV, donde hubo Imperios de corte feudal como el Carolingio. Tras el que se inicia un nuevo resurgimiento, es decir, una curva-indicio positiva que luego se hace irrefrenable, positiva pero de valor elevado (azules).
Llegamos al siglo XV, con el Renacimiento, caracterizado por el conocimiento. Ahí tendríamos a Copérnico, y la recuperación, por ejemplo, de los libros de la antigua Grecia, superando, precisamente, el feudalismo, y sus aspectos religiosos también. Luego estaría el siglo XVI, el desarrollo del comercio, la ciencia, más conocimiento. Ya estaríamos en esta fase donde están Kepler, o en el siglo  XVII Descartes, que posteriormente da lugar, como vemos, a otra curva indicio negativa: la del metaconocimiento, ya en el siglo XX, concretamente, como dije, en los años 90.
La feudalización deriva de la degradación de la romanización, es decir, del sistema social vigente. Esa degradación se fundamenta en la imposibilidad de dar la cota de bienestar social que hasta la fecha se estaba dando, y de ahí el punto de inflexión. En el sistema actual la degradación se fundamenta igualmente en la imposibilidad de dar esa cota de bienestar, pero no deriva de la degradación del sistema, sino de su perfección, la del conocimiento hecho metaconocimiento a lo largo del siglo XXI.
Con más detalle, vemos que en un caso no existe dinero en circulación por miedo a exponerlo, o dónde aplicarlo, y en el otro porque no se precisa exponerlo para costes laborales, que es el que circula de verdad y repercute en sociedad, mientras que para otros fines se mueve virtualmente o entre corporaciones. Es decir, en uno porque no hay actividad y en el otro porque en buena medida la actividad no precisa el uso del dinero. Falla el escenario de aplicación  en ambos casos.
A partir de aquí, partiendo de que las figuras son similares, podríamos jugar a las semejanzas y las diferencias. En un caso ya supimos el grado de degradación necesario para dar lugar a otro sistema (feudalismo) en el otro, no sabemos cuánto camino de perfección del sistema del metaconocimiento se precisa para caer a otro sistema, salvo que el sistema sea la perfección de la bipolarización a la que ha dado lugar. Otra forma decirlo es que en el Imperio romano la causa da lugar a otro sistema (el feudalismo) porque la causa es el desvanecimiento de algo (la romanización) mientras que la aquí la causa es el perfeccionamiento de algo que no se puede desvanecer, sólo sofisticarse, llevando a la regresión paulatina, tal como postulamos. Que luego podrá o no desarrollarse en función de la resistencia que encuentre al paso.
La feudalización tiene consecuencias económicas, de ordenamiento social, y en las relaciones de producción. Caen las superestructuras y se hacen principales formas de relación emergentes que hasta ese momento estaban en segundo plano o que incluso se formaron por la necesidad de dar una respuesta. Por ejemplo, el dinero miedoso (oro y plata) se escondió y se inició el trueque como forma de comercio. Está también la aparición de los colonos característico de los feudos.
El metaconocimiento como punto de inflexión o ruptura también representa el tránsito entre dos sistemas, del integrador guiado a través del conocimiento (no olvidemos que el Renacimiento puso al hombre en el centro de las cosas) a este otro desintegrador, en la que el hombre vuelve a perder su papel.
Estaba en el centro porque era el portador del conocimiento. Ahora no, porque sólo está a cargo de algunos hombres, no del hombre en general. En un caso se expande y universaliza, y en el otro se contrae y se sectoriza.
En realidad, salvado esto, el metaconocimiento es más conocimiento, que vertebra el desarrollo, tan sólo marcamos el punto a partir del cual se da lugar, porque lo permite ese conocimiento, a unas relaciones de producción diferentes, nefastas, y desintegradoras socialmente.
(VI) Hemos hablado de las causas que motivaron la caída del Imperio romano, y hemos hablado de dos fases en ese proceso dos pendientes, pero no hemos hablado de qué hizo pasar de una fase a otra, del detonante.
El detonante, a decir de las últimas consideraciones al respecto fue una pertinaz y prolongada sequía, y descenso de las temperaturas, causados más que probablemente por una súbita proliferación de las erupciones volcánicas: se cubre la atmósfera de partículas, no entran los rayos de sol…, que dio al traste con las reservas de grano, provocó malas cosechas, hambre, el decaimiento de la economía interna y toda la exterior susceptible de ser invadida y expoliada.
Y todo lo demás, porque también fue el causante de las diferentes invasiones, primero las del norte, a causa del frio, y más tarde del este, como consecuencia del cambio de las condiciones climatológicas en Oriente. Es decir, tenemos un escenario, sólo necesitamos un hecho accidental para el desastre. Por esto introduje lo del cambio climático como cuestión adicional. Puede ser esto o una tormenta solar, o la superpoblación, o el 3er mundo.
En nuestro caso (por lo explicado) sin ese elemento adicional y traumático ya apunta a esas nuevas relaciones de producción y, por tanto, a la pobreza generalizada. Pero, siempre hay algo que produce un efecto avalancha (efecto transistor) o crecimiento exponencial, que cataliza un comportamiento, es entonces cuando nos damos cuenta que todo lo que creíamos controlado no lo estaba tanto. Y que, de hecho, no lo está. Ahora que dependemos de cosas sobre las que no tenemos el dominio (el meta-abastecimiento/ canales virtuales), menos que nunca.
Es el momento de pensar en esto. Este trabajo ha partido de otros presupuestos, pero pensemos que la creación de un sistema paralelo (casi autónomo) que nos surta de lo principal no sólo puede ser el camino hacia una sociedad mejor sino también la garantía de que, ante cualquier hecho accidental, nuestro sistema esté preservado. (En las funciones principales, y en las de recuperación del sistema). Es decir, no sólo es una cuestión política, o de justicia social, es una cuestión de pervivencia
Todo lo dicho, pensando en nosotros los siervos, porque los caballeros, que no serán el 15%, tal vez el 1%, sea como sea, siempre van a encontrar un caballo en el que montarse. Es decir, ellos sí tendrán los recursos garantizados.
Tenemos de un lado lo que los sistemas hacen de forma natural, y de otro la posibilidad de adelantarnos, de llevarlo hacia otro lado, de sacar como sociedad lo mejor que tenemos para obligar su movimiento.
En realidad es más que eso. No sólo tenemos la posibilidad sino la obligación de hacer algo (diferente, bueno, mejor) que nos saque del ciclo. La obligación de darnos cuenta de que mientras nosotros sigamos siendo los mismos, el ciclo va a seguir siendo el mismo.
Que no lo hacemos, nada, ya tendremos otra oportunidad. Será dentro de mil años, y no seremos nosotros, claro.



domingo, 2 de diciembre de 2018

CRÍTICA DE LA RAZÓN SOCIAL 9/10

SOLUCIONES EXTRAORDINARIAS 2/2



El sistema social es un sistema dinámico que tiene un movimiento principal y otros secundarios, como la tierra en su órbita. Aquí sólo se está actuando sobre los secundarios. La derecha de una forma, y, la izquierda, de otra parecida en lo que importa, porque no actuando sobre el movimiento principal, la repercusión es mínima, y, posiblemente, contraria la una a la otra.
Tampoco se puede sacar al planeta de su órbita, y, es por eso, que no se puede sacar, que necesitamos algo más que medidas de choque, necesitamos ingeniería social.
Para abordar esa ingeniería social, hay que conocer la naturaleza de su movimiento. Un movimiento que, para empezar, está limitado a sus propias posibilidades dinámicas, confinado a su realidad como lo estaría una canica que rueda por la superficie interior de una caja. Dentro de la caja, todas las soluciones son ya conocidas, sobre todo cuando hay dependencias insoslayables entre unas y otras variables, como existen en sociedad.
La canica sólo puede salir escapando de esa realidad…, rompiendo esas dependencias o abriéndose paso hacia arriba de la caja, dándose un nuevo grado de libertad, como dije, un nuevo paradigma social.
Voy a decirlo otra vez. Nuestro sistema socioeconómico no es sostenible sin reconducirlo seriamente. En consecuencia, lo que aquí se dice afecta a los individuos más vulnerables, pero también a la pervivencia del sistema. Las soluciones ordinarias sirven (son un tratamiento de choque) para contener su inercia, pero serían insuficientes para reconducir esta forma tan particular de progreso. Para esto último habría que diseñar esa otra forma de sociedad (desde otras premisas), y ponerla en marcha ahora que se acaba de iniciar el  retroceso social y que el deterioro es limitado.
Este trabajo persigue trazar ese proyecto, ese nuevo paradigma social, esto es, un esquema de funcionamiento que vaya más allá de los intereses del Capital y la doctrina de la necesidad. Esa necesidad por la que unos ganan dinero y excluyen socialmente, y otros, excluidos y enajenados no albergan otra cosa que sentimientos de impotencia y reactividad social.
No se puede hacer una sociedad mejor sin tener una idea clara de lo que se quiere, tampoco si lo que se quiere no es nada más que un conjuntos de remiendos, de acciones y reacciones, y ya está.
Todos tenemos que superar nuestros intereses y nuestros apegos. La economía tiene que jugar su papel, y la sociedad el suyo que no es otro que presentarse para la economía con resistencia cero, trasparente, porque ella sea en sí misma trasparente y ausente de conflicto. Pero eso implica dotar a la sociedad de todos los medios materiales que la hagan así, trasparente, ausente de conflicto. Con resistencia cero, cualquier potencial “V” implica una corriente “I” infinita, sólo precisa una desigualdad mínima entre polos.
Llegamos al concepto físico de superconductividad, en este caso socio-económica, y a la superación de la bipolaridad/desigualdad  como condición necesaria para el establecimiento de flujos de riqueza: con una sociedad equilibrada, la economía es altamente productiva.
Ésa es la forma del nuevo paradigma, su esquema económico final. La ampliación de la FPP y los VVCC son sus elementos económicos precursores, su arquitectura física (que luego completaremos). Y lo que viene la forma de alcanzarlo, su lógica o marco de funcionamiento, que –como dije al inicio– parte de un único requerimiento: entendernos a nosotros mismo como sistema.

Lógica de funcionamiento
Hay dos aspectos que encuentro imprescindible para la transformación social que pretendemos, y que constituyen su fundamento y su arquitectura o lógica de funcionamiento. Estos son, los principios de verdad, es decir, el establecimiento de objetivos claros en el modelo de sociedad (lo que queremos ser como sociedad), y la inversión social que es una formulación racional de la ocupación destinada a alcanzar el beneficio social, la eficiencia,  y la oportunidad personal en grado óptimo de aprovechamiento e igualdad de oportunidades. Todo ello respecto a los cinco grandes bloques de ocupación (básico público y privado, especial público y privado, y el de la vida como ocupación).
Los principios de verdad son cuestiones que sin verdad se nos muestran como verdades suficientes, objetivos que se sacan de la arena política porque se entiende que esta sociedad los quiere así. Podríamos decir, que respecto de una ley, su principio de verdad sería el espíritu de la ley, lo que se quería con ella. De forma análoga el principio de verdad es lo que queremos como sociedad, su idea básica y elemental, de modo que todo lo que se hagamos vaya supeditado a esa idea. Incluir el bienestar social para la FPP, podría ser un principio de verdad.
Esto obliga a la jerarquización de nuestros deseos o nuestras demandas, de modo que sea esa jerarquía la que determine el principio básico de justicia social. En este sentido dos anhelos de la misma categoría entrarán en conflicto, que no resolveremos a no ser que haya una verdad superior que dé a cada uno de los anteriores su sitio.
Esto que estoy diciendo es en realidad una herramienta superior que va más allá del objeto este que estamos hablando, porque es la forma natural de resolver cualquier debate moral sobre las cuestiones, es decir, que manejándola nos tiene que hacer por fuerza personas más capaces. Así, por ejemplo, un principio de verdad es lo que trata de superar el conflicto emocional de la “mentira piadosa” y similares, y lo hace mediante algo de mayor jerarquía (por una finalidad). Llevado a lo social, representa la forma de resolver nuestras dicotomías, si es que apostamos por la verdad social.
Si tratamos la independencia de Cataluña, desde este punto de vista, vemos que para la derecha catalana quizá pueda no haber conflicto, pero para la izquierda sí, que se reproduce en cada decisión: los anticapitalistas, por ejemplo, votaron al 50% sobre algo, buscando esa jerarquía. Sólo el 50% la encontró, el otro rompe necesariamente la jerarquía. Ahí es cuando nuestro discurso se pierde y no podemos ser categóricos, o ponemos el acento en eso que respalda nuestra afirmación, no en la verdad, y nos hacemos políticos en el sentido peyorativo del término, que todos conocemos.
Hay muchos otros ejemplos que afectan principalmente a la izquierda porque, contrariamente a la derecha, que tiene el principio del dinero y el libre albedrio que le da Dios, ésta no tiene unificados los suyos y se ve envuelta en contradicciones al fabricar un credo. Ya dije que la izquierda no tiene un hilo conductor. Esto que digo debería ser su hilo conductor, una dogmática social. Una dogmática que sea capaz de hacer frente a la dogmática de una parte del Capital y a la estandarización nihilista de la otra.
La inversión social se apoya en la idea de ocupar a la sociedad de arriba abajo, es decir, no se regula la promoción o elevación social mediante criterios de competitividad sino el descenso social por razones de necesidad. En consecuencia, la inversión social se apoya también en la idea de ocupar a los sectores desadaptados de la sociedad en las funciones básicas, y así dejar la máxima disponibilidad social posible para tareas asociadas al desarrollo y, al conjunto de la sociedad, para aquellas otras asociadas a la propia vida. Contrariamente a la competencia laboral actual cada vez más desleal, como consecuencia del principio de competitividad, que suma a la escasez del empleo, la precariedad y la rivalidad para obtenerlo.
La inversión social va también al amparo o cumplimentación cabal de las horas de trabajo necesarias. Las horas necesarias para que esta sociedad funcione serán realizadas por aquellas personas que no pueden ofrecerse a sí mismos, o a la sociedad, algo diferenciado, en las fases de la vida que esto ocurra. Pongamos el ejemplo de los 70000 presos, pongamos el caso de personas sin competencias o de formación desfasada, ancianos vitalistas, jóvenes que no han encontrado su camino, pero que sin embargo quieren (deben) participar en la sociedad, aportar, ocuparse, sentirse útiles. En tanto que todas las que sí pueden ofrecer algo distinto, tienen la oportunidad y la cobertura social. Por cierto que ya seguramente no habría 70000 presos, dado que muchos son producto de la necesidad.
La inversión social racionaliza la ocupación y la distribuye, promueve el compromiso social y la eficiencia, al tiempo que proporciona un equilibrio emocional y psicológico sin precedentes al darle al individuo la oportunidad de ser útil y ocupar su tiempo, justo en lo que puede y quiere dar, bien formándose, bien aplicando su formación, y para elegir qué, cómo y cuándo, sin presión o urgencia social.
En el sistema actual la desocupación es sinónimo de fracaso y es este fracaso el que eventualmente es subvencionado. La inversión social subvenciona, en cambio, la excelencia y la premia con tiempo para desarrollarse como tal hasta encontrar su aplicación. Se trata de volver a lo lógico, a lo natural en una aldea. Cada uno hace lo que puede, lo que sabe en la parte que le toca. Cada uno en un tramo de su vida puede tener una función por defecto si no está desarrollando otra mejor.
En este sentido, a lo mejor el abuelo tiene que cuidar del nieto y luego el nieto del abuelo. Eso se puede hacer si no existe otro tipo de presión social que nos haga estar en continuo estado de supervivencia.
Eso lo estamos haciendo ya, de hecho, en ese estado de supervivencia.
Se trata por tanto de volver a atender las cosas que tenemos que atender, y que cada vez será más necesario atender, con naturalidad, como parte de la vida, sin pensar que por ello nos estamos perdiendo algo, porque sabremos que todo tendrá su momento. Pero se trata de algo más. Podemos darnos cuenta de que la inversión social que es la inversión en el acoplamiento ocupacional, que favorece la ocupación por defecto o masiva de los sectores especializados (y, con ellos, la global), favorece, además, la supresión de buena parte de los beneficios sociales derivados de la diferenciación o la exclusividad. Al tiempo que, como causa o efecto, se sustituye la competitividad de los competidores por la de los competentes en buena parte del espectro social.
Eso es, a expensas de decir más cosas, “la inversión social”.

La estructura social
Ahora queda desarrollar la estructura social general sostenible, y congruente con todo lo anterior, que con lo anterior conformará el modelo social de “La Sociedad Inversa”, que estamos presentando. Y que tiene que ir a más allá de lo presentado porque la problemática es mayor. Y es mayor porque no sólo tenemos que ordenar la ocupación como fundamento de la actividad empresarial y asegurar la viabilidad económica del entramado social mediante ella, sino la ocupación como fundamento de la propia existencia. O, si se quiere, la no-ocupación.
En ese hacer cosas que no son naturales, sabemos que en nuestra sociedad se producen dos embudos, uno respecto a las personas, que no pueden obtener su medio de vida, y otro respecto a la sociedad que no puede beneficiarse del conocimiento de las personas que, incluso, ha formado. Dos embudos que a nivel estructural acabamos de solucionar, pero no a nivel operativo o funcional.
Los embudos se producen como consecuencia de la acumulación de capital, que puede estar sin aplicación, y del hecho de que todo lo que se hace en esta sociedad se hace mediante el dinero.
De alguna forma, tenemos que liberar el esquema de actividad que hemos diseñado de su dependencia al dinero.
A decir verdad, si lo pensamos un poco, el requisito no es tan extraño. Una sociedad avanzada, del conocimiento, no puede estar sujeta a la existencia de un pagador para ver transformada su riqueza potencial en real. Ése es uno de sus principales defectos sistémicos (el cuarto defecto sistémico). Uno al que nos empuja el Capital.
Esto nos lleva que una sociedad debe sacar lo básico que podemos producir y lo básico que tenemos que consumir del circuito financiero para que pueda transformar esa riqueza potencial, en real, dejando el dinero para lo accesorio. Este dinero, además (garantizado lo básico), sería un menos miedoso, más fácil de movilizar, más productivo.
Teniendo garantizado lo básico, el dinero restante lo podríamos utilizar para ir de vacaciones, para consumo, sin miedo al mañana (se introduce en el circuito financiero).
Lo básico que consumimos puede venir amparado por una renta. Lo básico que producimos por todas aquellas cosas que pueden precisar una sociedad avanzada y del conocimiento en cuidados, educación, etc., fuera de circuito productivo o especializado.
Fijémonos en el detalle. Empezamos nuestro decurso histórico como Hombres siendo una sociedad que intercambiaba cosas y servicios, luego una que los compraba. Tenemos que llegar a ser, si queremos salir adelante, una sociedad que base su desarrollo primordial en el intercambio de los servicios básicos, con el Estado como mediador. Se trata de conservar la actividad comercial pero (como ya adelanté) sobre un mínimo de referencia. El mínimo de referencia consiste desde un punto de vista instrumental en no dejar que el potencial cero sea la pobreza extrema, o dicho de otra forma que lo mínimo no sea cero sino una riqueza mínima de subsistencia que establecemos o hacemos coincidir con la energía social de fondo derivada de la comunicación permanente de los polos.
De acuerdo con la ocupación, sólo existiría el concepto ingreso básico destinada a la ocupación básica, el retiro, y la formación y luego los diferentes niveles de ocupación no básica, con sus respectivos ingresos en función de que fueran públicos o privados.
Se podría demostrar que subiendo la vida comercial sobre ese nivel de referencia nada cambia en el sector comercial, y que sigue igual sobre ese nivel de referencia, porque subiéndolo, si bien es cierto que hay que proveer para avituallamiento y servicios, también lo es que se provee a las empresas de una determinada actividad.
De una parte porque el dinero sobrante ya mencionado, se emplearía en los servicios no contemplados, de otra porque ese avituallamiento en realidad se amortizaría con colaboraciones en el mercado laboral de las que las empresas pueden salir muy beneficiadas, en tanto que los servicios básicos pueden ser autogestionados.
Sirva como demostración de lo anterior que actualmente se baja la referencia bajando los costes y no se gana o mejora nada, por la subsiguiente bajada del precio del producto (como ya referí). De lo que se saca que subiendo este coste por incluirle gastos como los descritos o los que derivan del tratamiento ecológico de las mercancías (que ya se hace) tampoco variaría o repercutiría de forma negativa.
Naturalmente esto exigiría cambiar la forma de gravar a las empresas. Ya lo tenemos desarrollado mediante los VVCC, sólo tenemos que ahondar en sus posibilidades, en lo que de ellos se derivan.
Las empresas no pagarían impuestos por puesto de trabajo sino un canon por actividad que incluiría baremos relacionados con los ingresos absolutos, los beneficios absolutos y relativos, así como la productividad derivada de la mecanización. Canon que les liberaría de cualquier otro concepto y le daría el derecho superado el 25% al incremento eventual del número de trabajadores pagando sólo el diferencial.
Es decir, la necesidad laboral sobrevenida o incluso de ciertas circunstancias como podrían ser apertura de negocios etc., podrían estar prácticamente exentas de cargas fiscales y laborales, la primera por no tener rendimiento, y la segunda porque la sociedad se hace cargo del básico y el negocio del diferencial. Sería la  2ª generación de los VVCC.
En buena medida sería un sistema económico de tarifa plana, que se puede entender de dos maneras, una entre el empresariado que es quien hace las aportaciones para la renta básica, como si ellos formaran a nivel del Estado una gran corporación, y dos, en el conjunto del Estado puesto que el trabajo forma parte de los elementos a coste cero que proporciona éste (algo parecido a cuando se te acaban los megas, y tienes megas adicionales a menor velocidad.)
No pretendo dejar todo asentado sólo dar una idea de cómo podría instrumentalizarse la actividad en este marco. Aquí, la supervivencia del flujo mediante subsidios naturales lejos de ser, tal como se planteó inicialmente, una cuestión de caridad, y luego de pragmatismo social, es una cuestión de higiene del sistema, y una  cuestión de necesidad para el propio sistema porque es la única forma de garantizar que el sistema siga su marcha, que todas las circunstancias sociales, lejos de constituirse en un problema para el sistema financiero se constituya en un flujo de fondo que garantice su supervivencia incluso cuando esa parte decayera. Habría dos sistemas, el del dinero y el del no-dinero conviviendo en armonía.
La Sociedad Inversa preserva todo lo bueno que nos puede dar una economía de mercado, aprovechando la base social, que así se muestra como un sistema paralelo que se interrelaciona con el otro y que incluso puede funcionar de forma autónoma en caso de necesidad y desastre, dando además respuesta a los cambios sociales que tenemos ahí en frente, y que no podemos eludir. En tanto que en un funcionamiento normal se comporta como la sociedad que siempre ha querido el Capital, esa que no presenta resistencias y da, por tanto, una máxima productividad con el mínimo aporte. Como dije una sociedad que basa su funcionamiento en la superconductividad, no en la excesiva bipolaridad.
La jubilación: el estado activo/pasivo. Como se puede diferir de nuestro desarrollo, no existe concepto de jubilación ni compensación por ese motivo como tal, sólo retiro en la lógica de que sí hay una edad en la que la persona ya no quiere o no puede ser productivo, que iría a priori muy ligada a la imposibilidad biológica, porque en realidad, todos por lo general queremos hacer cosas mientras podemos hacerlas. No existe jubilación porque no existe una diferenciación clara o marcada por etapas entre la actividad y la no actividad. Esto, con la escasez de trabajo ya es así, la cuestión es reconocer esa realidad y organizarla.
Vemos que las soluciones en algunos casos pueden parecerse a las que da el propio Capital, y ésta lo es respecto a la necesidad de indiferenciar la vida activa de la pasiva, o como podría ser la existencia de trabajos que podríamos conceptuar como minijobs, o incluso se podría pensar de un sistema que libera de tareas serviles a los capaces, pero sólo si no tomamos en consideración lo que ocurre ahora, y todas las salvaguardas del sistema en nuestro modelo.
La cuestión no es qué cosa sino en qué marco, es decir, la misma cosa son cosas diferentes en función de la intencionalidad, de la indefensión del apremio, del rigor. En un caso aumentan las resistencias sociales y en el otro las disminuyen. En un caso es una solución individual a vida o muerte, y en el otro un encaje social.
En efecto, hay una serie de realidades que no podemos eludir, como son la longevidad, la superpoblación y la escasez de trabajo monetarizable que nos lleva ya en la actualidad a una relación activo/pasivo pobre y a unas vidas laborables tardías e intermitentes. Las soluciones no pueden ser la que ya dijimos que no podían ser, tampoco puede ser solución caminar por la vida a salto de mata intentando complementar nuestra aportación con trabajos extemporáneos que como consecuencia de la escasez afectaría a la ocupación de los que sí tienen edad o situación de trabajar, y que sólo da lugar a políticas ridículas que incentiva la colocación: de menos de 30 años, de más de 50… Ahí se agota la imaginación.
Es decir, cuando no hay escasez se puede pensar en una vida laboral larga, pero cuando hay escasez, no. Ni tampoco en alargar la vida laboral o hacerla coincidir con la biológica a la fuerza, en un clima de precariedad, y de más incertidumbre de la que por sí tiene la vida.
Sólo cabe desligarla, es decir, hacer lo que, y cuando, se puede. Y análogamente desligar la retribución de lo que, y cuando, se puede hacer, que nos llevaría a perder los conceptos de activo y pasivo, y sus retribuciones diferenciadas.
En este caso, las aportaciones fuera de tiempo que llamamos laboral entrarían dentro de la lógica del sistema, dentro del nivel de referencia.
La pregunta es: ¿cuánto cuesta esto? Hacer frente a esto tiene un coste inicial que con el esquema actual de sociedad podría estar, tirando de largo, en los 15.000 millones de euros (6000 euros por 2,5 millones de personas), pero eso sería sin asociar actividad alguna, a pelo. Ése no sería el caso porque sí que llevaría asociada una actividad y compensaciones consecuentes de varios tipos, derivada de la comunicación entre vasos (de los VVCC).
De una parte por la posibilidad establecer un sinfín de actividades o contrapartidas sociales, para beneficio de la población atareada (universalización del soporte). Actividades referentes al cuidado del hogar, ancianos, niños, dependencia, asistencia académica, etc., que estarían normalizadas, por las que sólo se pagaría un diferencial, que luego revertiría en la sociedad, en los vendedores de productos. Actividades que, por otra parte, nuestra sociedad cada vez más vieja, va a tener que implementar sí o sí, si no quiere caer en el abandono sistémico de los viejos.
De otra por la actividad empresarial de bajo coste, ya mencionada.
Finalmente, porque permitir esa forma de ingreso diferencial en los años posteriores a la edad de jubilación actual elimina esa idea de pago abultado durante un periodo cada vez mayor como consecuencia de la esperanza de vida: el Estado está tranquilo, paga lo necesario, la persona está tranquila, cobra lo necesario, pudiendo acceder eventualmente a ingresos extras, al tiempo que realiza un beneficio social, comportamiento que hoy en día es habitual en médicos, profesores, y otros que han hecho de su profesión el sentido de sus vidas.
Esto sin contar con la cantidad de cosas a nivel social, infraestructuras y desarrollo, que se pueden hacer con una masa social dispuesta y satisfecha.
En consecuencia, esto tendría un coste que se iría amortizando, y que incluso no tendría que repercutir en la sociedad (para eso tenemos nuestros 60000 millones de euros anuales), lo que nos permitiría adaptar en el tiempo un sistema con otro e ir implementándolo paso a paso, las transformaciones sociales y las necesidades económicas que comporta.
El sistema no elimina la diferencia personal, social y económica entre individuos más y menos capaces (aunque la amortigua). Simplemente los sitúa en función de su nivel de capacitación, los ocupa, les da un lugar en la sociedad, garantizándoles  los recursos económicos. Y les permite prosperar sin limitaciones y sin miedo a no hacerlo.
Con todo ello se llega a un modelo de sociedad que elimina los cuatro principales problemas sistémicos del actual. En el que todo el mundo puede hacer algo, todo el mundo hace algo, de acuerdo a la inversión social, sin competitividades absurdas, sin dominación contractual, sin ser objeto, ni activo ni pasivo, de la beneficencia. Y en donde todos los procesos humanos encuentran un escenario social sin resistencias sociales para su desarrollo, y de forma particular, el económico, esto es, el proceso de creación de flujos de riqueza.