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lunes, 10 de diciembre de 2018

CRÍTICA DE LA RAZÓN SOCIAL 10/10

EPÍLOGO



(I) Visto lo anterior, sería interesante hacer una reflexión general de todo que nos permita tener una visión más completa de la situación, y un mejor alcance de las motivaciones, y de las posibilidades. Tenemos toda una estructura política pesada, inservible, vieja en las formas, al servicio de un sistema enfermo. Tan vieja que parte del parlamentarismo de los caballeros, y de sus intereses, velados por los contables del reino. Ahí estaban el rey, los caballeros, y los que robaban o medraban para parecerse a ellos, sabedores de que había dos formas de estar en el mundo, la de arriba y la de abajo.
Dos formas de enfrentarse a los problemas. La de aquéllos que tienen la decisión y los medios para solucionarlos y la de aquéllos que están supeditados a la decisión de los primeros. Dos tipos de problemas. Los que desaparecen antes de tomar forma y los que dan lugar a infinitas disquisiciones, o a ninguna, y se eternizan en la sociedad. Los propios y los ajenos. Los que importan y los que no.
La política (de derechas e izquierdas) es eso que dejan hacer los verdaderos poderes para hacernos pensar que gobernamos nuestras vidas, pero son ellos los que determinan, los que marcan las verdaderas directrices. El poder político lo que hace es plegarse a las exigencias del dinero y las reticencias de determinados grupos de presión (incluso la calle como otro más), además de su propio interés de grupo, de tal modo que está prácticamente inutilizado para transformar de forma profunda esta sociedad. En tanto que hay cuestiones que prefiere mantener con un funcionamiento deficitario, en algunos casos por la cuestión del gasto, y en otros por pura estrategia. Dado que en una sociedad problemática las personas están básicamente entregadas en solucionar sus avatares, en sacar sus vidas adelante, y sin aliento, por tanto, para pensar dónde está verdaderamente el nudo vital, dónde se produce el embudo de todo esto, y el engaño.
No obstante, toda esta suma de imperfecciones podría ser admisible, incluso, cuando las actuaciones, a pesar de las injusticias y deficiencias,  dieran la apariencia de llevar un impulso destinado a tirar de todos hacia arriba, pero ya hemos visto que no es así. Y no lo es, a pesar de que, a primera vista, nuestro mundo se presente como el más evolucionado de los mundos conocidos por el Hombre.
(II) Ciertamente, si no fuera por la realidad que hay bajo la que vemos podríamos pensar que nuestro mundo, aunque sea a trancas y barrancas, camina hacia un lugar mejor, “que damos más permisos de paternidad”, “que se legisla contra el odio”, y toda una serie de elementos de perfección social, incluido el conocimiento de nuestra propia naturaleza humana y la superación de sus limitaciones. La gente incluso se divierte, va a las ferias, bebe y baila, y hay concursos en la tele.
Parte de ese espejismo radica en que verdaderamente el 15% de la gente es más rica. La realidad es que el 85% restante es cada vez más pobre, y que muchos que no lo eran, empiezan a serlo. Los dos elementos juntos se llama bipolarización social, descohesión.
Es verdad que el mundo se va perfeccionando, pero sólo para ese 15%, para el otro su vida está tan carente de progreso que salvo por algunas cuestiones misceláneas no sabrían muy bien si no está en los años 50, los mismos que en los años 90, parecían estar en los 70. ¿Cuántos de los avances médicos futuros estarán a su disposición si los actuales ya se monetarizan y se economizan, y, en consecuencia, se limitan?
Esa es la paradoja de este progreso, que mientras unos parecen haber tomado posesión del siglo XXI, otros parecen que vayan por el camino de vuelta, hacia el XIX. Y que todo mejoramiento sea en realidad sólo una ilusión derivada de la técnica, que da un punto de modernidad, que no se corresponde con la realidad social, por lo menos con la de ese 85%.
La concreción práctica es que nuestro maravilloso mundo de hoy es el mismo que el de ayer, porque lo tuvimos ayer, pero ya hemos rebotado en algún lado, y lo estamos viendo por el camino de vuelta. El metaconocimiento ha dejado en evidencia nuestra irrelevancia social y nos lleva a las formas del pasado. Quien sí tenga esa relevancia, tendrá la oportunidad, y seguirá siendo utilizado por el Capital, participando de todo el bienestar que ese Capital es capaz de proporcionar y generar.
La concreción práctica es, también, que seguimos igual o peor en lo fundamental, y que seguiremos, por generaciones, por disolución del pegamento social de la clase media, que hará que la sociedad separe sus extremos irremisiblemente, se divida otra vez, en lo que se constituye como el movimiento evolutivo principal de nuestra forma de cultura, involutivo en este caso.
(III) La confrontación de los modelos derecha-izquierda, o perspectivas respecto al decurso de la vida y la sociedad, está muy bien para una curva ascendente, pero no para para una descendente.
Se trata de diferenciar el movimiento fundamental o primario de los otros secundarios (los de Derecha e Izquierda). Frente al primario no hay derecha e izquierda hay necesidad, perspectiva histórica, frente al primario sólo está la obligación de girarla y comprender que cualquier sensación de bienestar, es un espejismo que estamos creando con nuestra propia sensación de bienestar (la del 15%). Como un Mátrix que se desfigura si restregamos los ojos. La curva ascendente permite oscilaciones, dientes de sierra. La descendente, no, porque es descendente, porque lleva una determinada trayectoria, una inercia.
La inercia social es una, y hay quien se hace palmas con las manos con medidas que ya se ven desde lo lejos que no son ambiciosas, que no aspiran a nada (trabajo para más de 50, o menos de 30, etc., quitando de aquí y poniendo allí). Vienen de las reuniones dándose golpes en el pecho porque han sacado el 0.5 en vez del 0.4 sobre una parte mínima de los presupuestos (lo demás está fijado por defecto). La política de derechas-izquierdas es eso, sacar un pequeño diferencial sobre una partida, olvidando que hay una realidad superior que no es contable. Olvidándose de que las grandes políticas van antes de los números.
Si el poder político se conforma o se da por satisfecho poniendo tiritas…, bien, pero que no se engañe, son tiritas.
(IV) Cada político, entonces, tiene que decidir qué tipo de político quiere ser, si un político de movimientos primarios (que haga algo verdaderamente notable por la evolución de este país, del mundo) o de movimientos secundarios. Los políticos de movimientos primarios los distinguimos claramente, sobre todo en EEUU, porque son aquéllos que trataron de romper lo instalado en sociedad: crear un proyecto de país, romper un modo de vida, enfrentándose a todo ese poder que se opone (a riesgo de su vida, incluso). Hablemos de los Kenedy, hablemos de Obama, con su Obama-care o su intento de regular las armas. Aquí, es más difícil encontrar uno de esos.
A propósito de esto. La cuestión de las armas y la discriminación racial allí (fuera de toda lógica), amparadas precisamente por lo poderes fácticos, nos sirve de ejemplo de cómo algo contra natura convive con un país, que es así porque alguien determina que no cambie (a veces amparado por una mitad social). Y es algo sobre lo que uno piensa: ¿cómo es posible que esto conviva con las gentes y que las gentes convivan con esto y no se alcen en ese tipo de protesta que no acepta otra repuesta que la solución?. Es decir, los cambios legislativos correspondientes.
La respuesta es, que por lo mismo que se ha convivido con todo tipo de tropelías a lo largo de la historia, porque no ha habido opción. Por lo mismo que nosotros convivimos con lo nuestro, sin opción, a no ser que la opción nos la inventemos, y la hagamos única.
Aquí en Europa lo tenemos más fácil, aquí no tenemos que enfrentarnos a ese sinsentido atávico. Aquí sólo tenemos que darnos cuenta de que, entre las otras potencias, la vieja Europa sólo tiene una posibilidad de liderazgo, la que deriva de su altura social (la que siempre ha tenido), o del camino que lleva hasta ella. Camino que no puede ser otro que el de hacer a la sociedad cómplice de la relación comercial y financiera, y a ésta de aquélla: elevar nuestra altura social, es llevar a los otros a una situación de subdesarrollo comparado, y establecer sobre esto el fundamento de toda rivalidad.
Puede parecer extraño lo que digo, pero no lo es. Pensemos que EEUU promovió la globalización, y que ahora promueve la política contraria porque no le ha sido todo lo rentable que imaginaba. Es decir, las potencias hacen eso que creen que les va a venir bien. Nosotros no podemos competir en armamento, ni en población, ni en precios, ni vamos a salir vencedores de esa contienda adecuando nuestro sistema a esos estilos de vida degradados (que basan el éxito en la degradación). A nosotros sólo nos puede venir bien dar un salto cualitativo como sociedad. Y luego, que nos sigan. Es decir, mantener e incorporar elementos de higiene social (eso son la inversión social y los principios de verdad) encaminados a explorar socialmente lo que el propio Capital ya está promoviendo en el seno de  algunas de sus empresas de vanguardia para optimizar su desarrollo y diferenciarse de las otras: su clima social.
El clima social, el medio, no sólo es importante para el cerebrito, es importante para el conjunto de la sociedad. Resistencia social cero. Lo único que, además, puede absorber, desinflar,  todo el estrés de la geopolítica, una vez suprimidas las tensiones internas: constituirnos en un inmenso remanso.
La cuestión es saber qué mensaje es el que hay que elevar y con qué grado de entereza para no ser políticos de humo, hombres grises. Si yo digo 5, alguien dirá 4, y otro alguien 6. Sí yo digo vamos a quitar el fraude fiscal, ¿alguien se imagina que otro pueda decir algo diferente? Ésa es la diferencia entre hablar de cosas importantes que sirven, y de tonterías que sólo sirven de alimento político. Ésa es la diferencia entre la posibilidad de alcanzar acuerdos serios, porque unos a otros se toman en serio en sus pretensiones, a no alcanzarlos porque están edificados sobre un espectro demasiado amplio y voluble. Edificados sobre pretensiones categóricas que luego no lo son tanto.
Ni la solución puede ser la del Capital, ni puede ser la de la mayoría de un parlamento interesado, ni la media aritmética de una sociedad egoísta, o la problemática del más fuerte. Tendrá que ser la que derive de la finalidad social.
Es decir, de un principio de verdad.
Los ciudadanos tendremos que distinguir entre unas fórmulas sociales y otras, entre unos políticos y otros (si es que los hay): entre quienes presentan pequeños cambios insignificantes que tratan de contentar a un público o a otro, y quienes muestran esas cinco medidas que atacan los problemas de raíz. Y elegir. Sobre todo cuando las repercusiones de nuestras decisiones son trascendentales y a la vez trascienden a otros ámbitos, a otra importancia de las cosas.
A eso voy ahora
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(V) Empecé este trabajo comparando nuestro sistema social con el romano, y quiero terminarlo igual, llamando la atención sobre algunas cuestiones de la Historia y la forma de desarrollarse los hechos en la misma.
Para empezar, no hay uno sólo de los Imperios del pasado que no haya caído, Egipto, Grecia, Roma, el Imperio Carolingio, el Bizantino. Lo que pone de manifiesto la desadaptación entre el sistema social y la sociedad, que lleva, después del esplendor, al agotamiento y a la subsistencia.
Existen muchos elementos que ayudan a comprender el desarrollo de este proceso, por ejemplo en Roma: guerras civiles, invasiones bárbaras, derrotas aplastantes, asedio constante en las fronteras, sobrecoste de su administración, pago de mercenarios, ruina económica, desprotección social, hambre, avance del cristianismo, La Peste de Cipriano, descenso de la población con recursos y aumento de impuestos: deterioro de la clase media romana (eso ya nos suena). Hasta llegar al asedio en Roma siglo V, donde pereció el 90% de su población. Todos ellos se reduce a lo siguiente: no dinero.
El oro y la plata no circulan, se esconden.
El proceso siempre es siempre el mismo. Una curva-indicio negativa, es decir, de pendiente negativa (roja), hasta que llega un momento que se hace irrefrenable: negativa pero de valor elevado (verde).


En el caso romano nos llevó a un periodo de subsistencia, un desierto entre los siglos III-XIV, donde hubo Imperios de corte feudal como el Carolingio. Tras el que se inicia un nuevo resurgimiento, es decir, una curva-indicio positiva que luego se hace irrefrenable, positiva pero de valor elevado (azules).
Llegamos al siglo XV, con el Renacimiento, caracterizado por el conocimiento. Ahí tendríamos a Copérnico, y la recuperación, por ejemplo, de los libros de la antigua Grecia, superando, precisamente, el feudalismo, y sus aspectos religiosos también. Luego estaría el siglo XVI, el desarrollo del comercio, la ciencia, más conocimiento. Ya estaríamos en esta fase donde están Kepler, o en el siglo  XVII Descartes, que posteriormente da lugar, como vemos, a otra curva indicio negativa: la del metaconocimiento, ya en el siglo XX, concretamente, como dije, en los años 90.
La feudalización deriva de la degradación de la romanización, es decir, del sistema social vigente. Esa degradación se fundamenta en la imposibilidad de dar la cota de bienestar social que hasta la fecha se estaba dando, y de ahí el punto de inflexión. En el sistema actual la degradación se fundamenta igualmente en la imposibilidad de dar esa cota de bienestar, pero no deriva de la degradación del sistema, sino de su perfección, la del conocimiento hecho metaconocimiento a lo largo del siglo XXI.
Con más detalle, vemos que en un caso no existe dinero en circulación por miedo a exponerlo, o dónde aplicarlo, y en el otro porque no se precisa exponerlo para costes laborales, que es el que circula de verdad y repercute en sociedad, mientras que para otros fines se mueve virtualmente o entre corporaciones. Es decir, en uno porque no hay actividad y en el otro porque en buena medida la actividad no precisa el uso del dinero. Falla el escenario de aplicación  en ambos casos.
A partir de aquí, partiendo de que las figuras son similares, podríamos jugar a las semejanzas y las diferencias. En un caso ya supimos el grado de degradación necesario para dar lugar a otro sistema (feudalismo) en el otro, no sabemos cuánto camino de perfección del sistema del metaconocimiento se precisa para caer a otro sistema, salvo que el sistema sea la perfección de la bipolarización a la que ha dado lugar. Otra forma decirlo es que en el Imperio romano la causa da lugar a otro sistema (el feudalismo) porque la causa es el desvanecimiento de algo (la romanización) mientras que la aquí la causa es el perfeccionamiento de algo que no se puede desvanecer, sólo sofisticarse, llevando a la regresión paulatina, tal como postulamos. Que luego podrá o no desarrollarse en función de la resistencia que encuentre al paso.
La feudalización tiene consecuencias económicas, de ordenamiento social, y en las relaciones de producción. Caen las superestructuras y se hacen principales formas de relación emergentes que hasta ese momento estaban en segundo plano o que incluso se formaron por la necesidad de dar una respuesta. Por ejemplo, el dinero miedoso (oro y plata) se escondió y se inició el trueque como forma de comercio. Está también la aparición de los colonos característico de los feudos.
El metaconocimiento como punto de inflexión o ruptura también representa el tránsito entre dos sistemas, del integrador guiado a través del conocimiento (no olvidemos que el Renacimiento puso al hombre en el centro de las cosas) a este otro desintegrador, en la que el hombre vuelve a perder su papel.
Estaba en el centro porque era el portador del conocimiento. Ahora no, porque sólo está a cargo de algunos hombres, no del hombre en general. En un caso se expande y universaliza, y en el otro se contrae y se sectoriza.
En realidad, salvado esto, el metaconocimiento es más conocimiento, que vertebra el desarrollo, tan sólo marcamos el punto a partir del cual se da lugar, porque lo permite ese conocimiento, a unas relaciones de producción diferentes, nefastas, y desintegradoras socialmente.
(VI) Hemos hablado de las causas que motivaron la caída del Imperio romano, y hemos hablado de dos fases en ese proceso dos pendientes, pero no hemos hablado de qué hizo pasar de una fase a otra, del detonante.
El detonante, a decir de las últimas consideraciones al respecto fue una pertinaz y prolongada sequía, y descenso de las temperaturas, causados más que probablemente por una súbita proliferación de las erupciones volcánicas: se cubre la atmósfera de partículas, no entran los rayos de sol…, que dio al traste con las reservas de grano, provocó malas cosechas, hambre, el decaimiento de la economía interna y toda la exterior susceptible de ser invadida y expoliada.
Y todo lo demás, porque también fue el causante de las diferentes invasiones, primero las del norte, a causa del frio, y más tarde del este, como consecuencia del cambio de las condiciones climatológicas en Oriente. Es decir, tenemos un escenario, sólo necesitamos un hecho accidental para el desastre. Por esto introduje lo del cambio climático como cuestión adicional. Puede ser esto o una tormenta solar, o la superpoblación, o el 3er mundo.
En nuestro caso (por lo explicado) sin ese elemento adicional y traumático ya apunta a esas nuevas relaciones de producción y, por tanto, a la pobreza generalizada. Pero, siempre hay algo que produce un efecto avalancha (efecto transistor) o crecimiento exponencial, que cataliza un comportamiento, es entonces cuando nos damos cuenta que todo lo que creíamos controlado no lo estaba tanto. Y que, de hecho, no lo está. Ahora que dependemos de cosas sobre las que no tenemos el dominio (el meta-abastecimiento/ canales virtuales), menos que nunca.
Es el momento de pensar en esto. Este trabajo ha partido de otros presupuestos, pero pensemos que la creación de un sistema paralelo (casi autónomo) que nos surta de lo principal no sólo puede ser el camino hacia una sociedad mejor sino también la garantía de que, ante cualquier hecho accidental, nuestro sistema esté preservado. (En las funciones principales, y en las de recuperación del sistema). Es decir, no sólo es una cuestión política, o de justicia social, es una cuestión de pervivencia
Todo lo dicho, pensando en nosotros los siervos, porque los caballeros, que no serán el 15%, tal vez el 1%, sea como sea, siempre van a encontrar un caballo en el que montarse. Es decir, ellos sí tendrán los recursos garantizados.
Tenemos de un lado lo que los sistemas hacen de forma natural, y de otro la posibilidad de adelantarnos, de llevarlo hacia otro lado, de sacar como sociedad lo mejor que tenemos para obligar su movimiento.
En realidad es más que eso. No sólo tenemos la posibilidad sino la obligación de hacer algo (diferente, bueno, mejor) que nos saque del ciclo. La obligación de darnos cuenta de que mientras nosotros sigamos siendo los mismos, el ciclo va a seguir siendo el mismo.
Que no lo hacemos, nada, ya tendremos otra oportunidad. Será dentro de mil años, y no seremos nosotros, claro.



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