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domingo, 3 de marzo de 2013

Comparecencia 15M en el Parlamento Navarro


El pasado 23 de enero hubo una comparecencia del movimiento15M en el parlamento Navarro. En ella se expusieron los argumentos, que en buena medida compartimos, en cuanto a la regeneración de la vida política, social y económica.
(1) Sistema político deslegitimado

(2) Grave crisis económica
(3) Sistema financiero quebrado corrupto y criminal

(4) Manifestaciones reprimidas
(5) Desahucios (suicidios)

(6) Caída de las rentas salariales y desigualdad
(7) Las instituciones no nos representan

(8) Queremos democracia real, no ésta irreal
(9) Desafección a la clase política (la clase política como parte y generadora del problema)

(10) Modificación del artículo 135 de la constitución no refrendado
(11) Partidos políticos deslegitimados por lo anterior

(12) Programa del partido en el poder diferente al votado
(13) No se cumplen los artículos de la constitución de forma generalizada

(14) La política es un fingimiento, y la política una comedia.
(15) Todo lo anterior se resume en que necesitamos un proceso constituyente.

Los elementos que componen  o dan pie a esa democracia irreal (punto 8), y que se están concretando en un impulso constituyente, son:
(16) Se ha roto la competitividad de la clase política (bipartidismo)

(17) Sistema electoral desvirtuado o no representativo
(18) No existen otros mecanismos de participación (referéndum)

(19) ILP inefectivas (incluso con un millón de votos)

Se alega la imposibilidad de reformar la Constitución por los propios mecanismos constituyentes, reforma que debe comprender cuando menos:
(20) La derogación del artículo 135

(21) Consolidación de los derechos sociales
(22) La organización del territorio (autodeterminación)

(23) Pérdida de soberanía ante Europa
(24) Iglesia y poderes fácticos (exenciones fiscales y ámbito educativo)

(25) Independencia de jueces y ministerio fiscal

Todo ello hecho en un marco democrático (no el de 1978). Posteriormente el 15M se define como no adscrito a ninguna de las fórmulas o modelos políticos establecidos, caracteriza cómo debe ser el proceso y solicita al Parlamento que inicie dicho proceso poniendo a Islandia como ejemplo, anticipando un organigrama básico: comisión, interlocutores sociales, Forum.
Después intervienen las fuerzas políticas representadas en el parlamento. En primer lugar Bildu, que mostró una total sintonía (por lo que lo obviaremos), Después Nafarroa Bay, que mostró esa sintonía (26:40 de reloj) principalmente en el punto 8 (implica el 16-19), sobre la esencialidad de la democracia, el 10 (28:30), denunciando el valor estructural de la estabilidad presupuestaria, condicionante de la capacidad de actuación del estado, y el 1 (33:30), sobre el carácter estructural de la corrupción, fundamentado por el punto 16 (33:50) y el peso de los lobbys (34:30) como parte del juego político
A partir de aquí intervienen otras fuerzas políticas que, parejamente a la aceptación de algunos postulados, presentan la crítica o la objeción a la mayoría de ellos, por lo que es aquí donde nos vamos a detener y a escuchar de forma más exhaustiva.
Izquierda -Ezkerda
Se acepta el punto 12 (40:10), por lo demás:
Minuto 39:00 Se alega la legitimidad de las urnas nos guste o no nos guste
Minuto 39:00 Se cuestiona la afirmación “no nos representan”.
Minuto 41:10  Se alega que falla el desarrollo de las soluciones, las políticas que se aplican, y no el marco constitucional.
Minuto 43:00 Tenemos oportunidad de elegir en las urnas qué tipo de representantes políticos queremos, y, consecuentemente, qué políticas.
Es decir, que a pesar de ser un partido de izquierdas se presenta claramente constitucionalista y reformista, y reivindica la legitimidad de los representantes y sus acciones.
Upn
Minuto 45:00 Hace hincapié en esto de la legitimidad de los partidos y de los representantes y añade la legitimidad y capacidad de decisión de los ciudadanos que votan a esos partidos dentro del marco de la actual Constitución.
Salvado esto, se cuestionan tres puntos:
Minuto 46:45 Cómo se articula la participación y se canalizan las propuestas (cuáles son éstas)
Minuto 47:00 Proceso constituyente no es la panacea a los problemas.
Minuto 47:45  La Constitución no soluciona los problemas de corrupción (ni los económicos)
PSocialista navarro
No sólo reivindica la representatividad del parlamento sino de la acción, la seriedad de la tarea o trabajo llevado a cabo y la preocupación (54:50).  Además de esto, alega que:
Minuto 52:00 Acepta que sistema político es perfeccionable (8).
Minuto 53:25 Pero advierte que las reformas políticas no son consecuencia del sistema político sino de las decisiones, como se puede decir de la reforma laboral.
Minuto 54:22  Extiende lo argumentado para el resto de las decisiones políticas o económicas.
Minuto 59:45  Indica que el proceso es proponer, y debatir y ponerse de acuerdo (en lo que desde la mirada ajena se ha presentado como teatro)
Minuto 1:00 Se cuestiona, supuesto que tenga que ser otro el sistema, ¿cuál es el otro sistema?
Minuto 1:20 Una vez presentado hay que ver si es la voluntad mayoritaria
PP Navarra
Minuto 1:03 Expresa que la propuesta constituyente es caldo de cultivo de extremismos, fanatismos, populismos.
Minuto 1.05 Las instituciones están por encima de los movimiento asamblearios.


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La democracia, ésta que tenemos, no es que sea el más perfecto de los sistemas imperfectos, es que es el sistema más perfecto que somos capaces de alcanzar tomando en consideración nuestra capacidad de consenso y nuestra tendencia a mirar estrictamente por lo nuestro.
Podríamos forzar un hipotético amejoramiento pero éste será ficticio si algún grupo presenta resistencias y se siente perjudicado (cosa casi siempre inevitable, sobre todo cuando es forzado). Esto hace que gran parte de las acciones sean infructuosas y sean políticas de salón, pero no por ello que forme parte de una escenografía o de una farsa. Muy al contrario podemos decir que la mayor parte de las veces no hay acuerdo por matices y que los políticos, al igual que cualquiera de nosotros en una asamblea, una vez tomada la decisión de participar lo hace con todas las consecuencias y con todo el empeño de llevar su punto de vista de las cosas (esté ideologizado o no) y de establecer una confrontación política.
Se da este caso y se da la desidia, pero es evidente que estamos sujetos, por encima de esa desidia, a la ineficacia y al error, modulados por la coyuntura económica y política y por la percepción (ideológica) de quien toma las decisiones, motivadas y avaladas por la afinidad de un determinado sector social o su pretensión de cubrir sus necesidades.
Las necesidades no son las de un gran colectivo trabajador frente a una patronal minoritaria y perversa (aunque esto también, sobre todo cuando esa patronal está representada por delincuentes y hombres sin moral) sino las del primero frente a un amplio colectivo de pequeños empresarios, comerciantes y autónomos con unas necesidades bien distintas a los primeros (legítimas o no, ya se verá). Esto es lo que no se quiere entender y el germen de toda falta de entendimiento y desafección social. No es una cuestión de derechas o izquierdas, es una cuestión de cobertura. Hemos superado (a duras penas) la fractura política de las dos Españas, pero no la económica, que se utiliza para reeditar la primera. Ésta es la lucha de clases, que trata de cubrir no sólo las necesidades de hoy sino las posibles futuras, que se deforman y se hacen perversas.
Ejemplo de esto es el tan traído y llevado artículo 135. Creo que ya he hablado de ello pero me remitiré a lo expuesto respecto a saber diferenciar lo aparentemente malo en la coyuntura actual de lo esencialmente bueno. Una máxima de un administrador, ya sea un padre de familia o un gobierno, es no gastar lo que no se tiene. La aplicación de esta máxima hará cuidar el gasto y luego priorizarlo en virtud de lo que la sociedad disponga, la no aplicación ha dado lugar al gasto injustificado (aeropuertos inútiles, etc.) y la apropiación indebida, y con todo ello (por desconocido, porque daba igual, porque parecía que sobraba, cuando era prestado) a la situación que vivimos. No todo es lo que parece, y como no lo es nos lanzamos a degüello sobre medidas que propondría el más sagaz y valiente de los gobernantes, temerosos (por de quien vienen y cómo se ha llevado a cabo) de la letra pequeña, del uso que se haga, de lo que esconde. Ese miedo puede estar justificado, pero no lo está la razón inicial en que se sustenta.
Otro ejemplo son las distintas reformas laborales, tomadas por una decisión política que supera el ámbito de la percepción ideológica para adentrarse en la necesidad y la obligación de gestionar y dar esa forma de cobertura. La necesidad se une a esa deformación y a la realidad objetiva del sinnúmero de elementos coyunturales ineludibles para modificar las condiciones laborales. Pongamos el caso de la venta por Internet o de las grandes superficies que supera las capacidades de distribución y de minimización de costes de cualquier comercio minorista: ¿quién no compra en grandes superficies, quién no compra por Internet? Eso es un problema real, objetivo, ineludible (porque responde al comportamiento de la población y las costumbres), que necesita ser corregido sí o sí en el ámbito que podemos porque otros no superan (o superar el ámbito).
Tienen que existir criterios para la toma de decisiones. No pueden ser ideológicos porque excluye pero tampoco exentos de ideología porque se ningunearía la tendencia (sea cual sea) socialmente mayoritaria. No pueden ser netamente coyunturales pero tampoco obviar la coyuntura. No pueden estar sumidos en la realidad pero tampoco olvidarla. Etc.
Existe sin duda una masonería neoliberal dispuesta a ejercer una acción en una dirección determinada, dispuesta a perder figuras en el tablero de ajedrez, y dispuesta a ampararlas y socorrerlas en su círculo por los servicios prestados, pero no por esto podemos sostener una adulteración generalizada ni un comportamiento fraudulento per se, y mucho menos que éste lo mueve todo ni a todas las personas.
La no compresión de toda la casuística expuesta y la percepción única de nuestro punto de vista, junto a toda la corrupción sabida e imaginada, y todas las componendas vistas en nuestro entorno, es la que hace pensar que todo es un teatro, aunque para algunos lo sea y aunque muchos se piensen que están haciendo algo cuando no hacen nada, o que hacen algo para la sociedad cuando no es así, o que hacen bueno cuando no lo es, como de hecho ocurre con todo el trabajo realizado por el aparato de los partidos, que se presenta,  al margen de la intencionalidad, como contraproducente o inútil para el desarrollo de las sociedades.
Esto es así, pero es la forma que tenemos de canalizar los proyectos, de igual manera que lo trata de hacer el propio movimiento 15M, así como preparar estrategias, crear estudios y vínculos, desarrollar propuestas, y establecer itinerarios casi imposibles. Todo cuesta trabajo. Esta praxis social es susceptible de ser mejorada, pero sólo estableciendo algún grado de convergencia en determinadas áreas, bien mediante un entendimiento final bien mediante el sometimiento a un principio superior que nos libere de toda esta servidumbre y rompa la dicotomía expuesta en los párrafos anteriores, la de la lucha de clases (lo socialmente antinatural crea constantes réplicas desnaturalizadas).
Naturalmente, al margen de ser mejorable, es denunciable, entre otras cuestiones porque para los efectos de la sociedad, se presenta como un trabajo estéril, esto es, como si fuera cierto todo lo anterior y estuvieran trabajando para ellos. En consecuencia, al margen de todo lo anterior, de la coyuntura, de los idearios, y todo lo argumentado por la clase política en pos de su legitimidad y honorabilidad, no quita que haya una percepción justificada de que son ineficaces, que acuden a los problemas tarde y mal, precisamente por esto, porque se pierden en cuestiones que a nadie interesa (o interesa sólo a ellos) en tanto dejan a un lado (casi no reparan) otras que resultan socialmente problemáticas y que pueden tener una solución sencilla y poco costosa económicamente, que sólo depende de la voluntad política (como ha sido y es la ley de trasparencia), de la falta de voluntad o instinto de conservación malsano, percepción que se agrava con los continuados casos de corrupción, de dejación (véase Rato y Ordoñez), y la imposibilidad de fiscalizar la actividad de forma eficiente, lo que permite revestir de honorabilidad la ocupación, y la imposibilidad final de imputar los desmanes.
Esto nos habilita para cuestionarnos la ocupación de la clase política en virtud de los resultados, es decir nos permite cuestionar la utilidad del desempeño y exigir además de los resultados (un calendario de actuaciones a toda la clase política, tiempos y propósitos) un medio para evaluarlos y, en su caso, depurarlos. Y nos habilita para cuestionar el grado de oportunismo: el ordenamiento jurídico, es connivente con la clase política, el propio procedimiento jurídico acompañado de algunas prerrogativas, también, y no existe iniciativa alguna que promueva la limpieza de los basureros por quienes saben dónde y cómo se acumulan.
La cuestión, por tanto, no es tanto que todo el glosario de elementos  que nos apartan de una democracia real (puntos 1 a 14, prácticamente obviados en la contestación) o de una idea de sociedad se den, porque en verdad muchos pueden ser por causa mayores y otros por nuestras posibilidades de hacer, la altura social, etc. La cuestión es cuántas veces se aparta la sociedad de esta idea, porque medie el interés particular, o si se tiene siquiera esa idea y propósito, y cuantas veces lo ha hecho en la historia de la democracia; o incluso habiendo un buen propósito, cuántas veces lo ha hecho con contrapartidas personales y el beneficio de terceros, yendo en todo caso en contra de una sociedad socialmente higiénica.
La cuestión es, en definitiva, si estamos ante una situación sistémica, que no quiere decir universal, sino minada sistemáticamente por las acciones imposibles de contrarrestar porque van asociadas al propio modo de funcionamiento, y deteriorada, en consecuencia, por una mafia encubierta y clandestina que accede a grandes partidas presupuestarias que gestionan como si fueran propias y mal-negocian para adquirir para sí o para terceros un corretaje.
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Con estos datos se podrían presentar propuestas o iniciativas que elevaran este espíritu y lo hicieran realidad. Pero no sucede así porque no es sencillo. Si fuera tan sencillo de llevar a efecto ese conjunto de propuestas enfocadas al bienestar y la claridad social, y si fuera tan sencillo converger, no sería precisa esta forma de presión social sino que sería la sociedad la que en su conjunto la haría suya, y la demandaría sin opción.
Las iniciativas hacen aguas en su desarrollo porque vienen acompañadas de otras iniciativas variopintas (el conjunto de cosas que demandan los grupos sociales) que sobrepasan la demanda, inicial básica y justa, y se adentra en otra a la que no hacemos nada más que presentar objeciones o distracciones.
La propuesta final y mayoritaria (aceptada), en consecuencia, no se corresponde con aquella que ofrece un mejor proyecto de construcción social ni una mayor convergencia respecto a lo que construye y soluciona  sino la que nos plantea menos objeciones, menos incertidumbre o contrariedades, y que no se aparta finalmente del sentido común demandado. Diversidad, pluralidad y dispersión muy propia de la izquierda, y por ello somos lo que somos y estamos donde estamos.
En cualquier caso, no se puede elevar y construir propuestas, tal como argumenta la representación del  PP (como alternativa a la fórmula establecida), mediante un simple movimiento asambleario que emule y sustituya el organigrama actual, que presenta los problemas propios del dialogo parlamentario (de cualquier debate) pero sin sus conquistas. Una incertidumbre más. Hoy por hoy los encuentros asamblearios son lugares de exposición tosca, y debate y deliberación burda y deficiente, lo que hace necesario o invita, cuando menos en el aspecto formal, a no desechar el trabajo histórico y a aprovechar las estructuras (el asamblearismo iría hacia el federalismo) y mejorarlas. Esto es, no se trata de establecer una estructura piramidal de decisión rudimentaria paralela, se trata de llenar de contenido los diferentes estadios de las existentes, bien mediante la modificación de los estatutos de los partidos políticos que supongan un freno bien mediante la incorporación de organizaciones alternativa que lo contemplen.
Ya dijimos que la imperfección del sistema democrático nace para empezar de la existencia de esas partes en confrontación que supone una lucha de poderes y una resistencia al avance. Para avanzar tenemos que ver todos más o menos lo mismo, y eso muchas veces no lo otorgan ni siquiera las personas sino el marco histórico. Caso contrario ya hubiéramos superado todas las contradicciones hace mucho tiempo.
Esto quiere decir que estamos aquí porque no hemos podido alcanzar otro estado mejor de las cosas, en virtud de nuestra capacidad de síntesis histórica. En ello estamos y debemos estar, en saber refundir todo lo anterior y llevarlo a un único plano que nos sirva de base y nos permita vislumbrar el estadio posterior, en saber entrever cuál de todos los pasos posibles va a ser el paso efectivo para así promoverlo. ¡Ojo! El paso siguiente posible, no un futuro idílico desconectado de nuestra realidad y sin caminos posibles desde ella. Esto es una razón también de por qué todo el que quiere cambiar algo se somete a la disciplina de los partidos y de la realidad, aunque no sean nada atractivas, para disponer de canales efectivos de transformación aunque estén llenos de trampas.
Ésta es una fórmula, otra es la de las propuestas arriesgadas que tratan de convulsionar a un sistema satisfecho de sí mismo, y otra muy diferente es la del todo o nada, la del que no tiene nada que perder y trata de romper sin aportar un verdadero recambio, que suele estar asociado a comportamientos suicidas, en lo personal, y apocalípticos, en lo social, es decir, de quien en todos los órdenes de la vida trata de buscar una vía de escape.
En este caso la vía de escape puede ser el proceso constituyente. Ya se ha expuesto y detallado en la ponencia, a propósito del III encuentro, y a propósito del I encuentro, antes de ella, que no es que no se pueda optar a la modificación de la Constitución, la cuestión que se plantea es si es lo que necesitamos en este momento para la solución de los problemas políticos y económicos, si es oportuno, tal como postulan en la comparecencia la mayoría de las fuerzas políticas. Y, en último término, si hay alternativas y cómo ponerlas en marcha para que dejen de aparentar: salidas desesperadas o atajos oportunistas, y, sobre todo, para que sean efectivas.
Las vías de escape no suelen ser de verdadero escape porque arrastran todo lo que somos, nuestra forma de hacer las cosas (todo lo ya expuesto), lo que da lugar antes o después a reproducir las mismas discrepancias: no se puede eludir la confrontación, la disparidad de criterios, etc. No suele ser de escape, entre otras cosas, porque a la sociedad no sólo hay que cambiarla sino habituarla al cambio, y eso sólo se hace con el cambio que lleva aparejado una determinación clara de la opinión pública.
En este caso, queremos una nueva Constitución, pero ¿qué Constitución? Ya he dicho por activa y por pasiva que antes de cambiar las reglas tenemos que tener claro un modelo de sociedad que le sirvan de fundamento. ¿Tenemos un modelo de sociedad? Verdaderamente no. Si vamos a lo primero, que es la organización o estructura del Estado, ya nos perdemos (en lo que somos). Y después viene lo segundo, y lo tercero… Todo lo que somos.
Una vez que queremos poner en marcha una revisión, la utilizamos para poner sobre la mesa aquello que somos o pretendemos ser (podemos si queremos invertir la causa y el efecto, y darnos cuenta de que apostamos por lo primero para lo segundo), aquello que nos diferencia, lo que llevamos en la mochila, para sacar partido (hacer partido), en vez de tratar de alcanzar lo común, lo que nos sirve a todos. El republicano habla de su republicanismo, el ecologista su ecologismo, la relación con Europa, la relación con la Iglesia, la memoria histórica…
Lo común es una cosa, lo no común pueden ser cientos de ellas. Entre esas cientos, claramente dos opuestas. Eso es peligroso, eso no sirve a la sociedad, ése no es el primero de nuestros problemas y se quiere hacer que lo sea, ese no era el propósito, el anhelo y la necesidad general de la sociedad. El anhelo debe estar en alcanzar una sociedad que funcione bien, en no complicar su funcionamiento, y para ello en realizar una purga selectiva de aquellas cosas que hacen aquí y ahora que el sistema sea un sistema inefectivo, lo demás, lo de ir un poco más allá, ya vendrá. No se puede pretender alcanzar una determinación sobre algo en la que la sociedad está dividida al 50%.
Restringiéndonos a la estructura del Estado, una modificación de la Constitución, y en general todo el movimiento del 15M, está pensada para ser más ciudadanos o individuos liberados de los avatares particulares de su administración, y la otra, para ser más dependientes de ella, para fortalecer ese vínculo. Una modificación está pensada para romper la idea ancestral de nación, de pertenencia, y otra para revitalizarla. Una para quitar la presencia incómoda del Estado, otra para intercambiarlo por otro Estado más local, más cercano, más asfixiante, más Estado.
No se puede hacer un proceso constituyente con dos ideas antagónicas, una para crear un proyecto social común y otro para romperlo mediante la autodeterminación (el 15M de Navarra ha caído en la trampa, en esta incoherencia en el punto 22, a pesar de haber declaro su no adscripción). Una es una modificación social de la Constitución, la otra es la utilización política de la misma, esto es, servirse del proceso constituyente para alcanzar la modificación de la Constitución que permita la autodeterminación que no se alcanza por vía parlamentaria, lo que puede suponer un uso político fraudulento del movimiento ciudadano.

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