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jueves, 26 de enero de 2017

Podemos CONTRA Podemos



Podemos CONTRA Podemos


(Lo que aquí se expresa es anterior a los documentos de propuesta de Vistalegre II. Pero no sólo es anterior en el tiempo sino en el fundamento puesto que es el marco en el que hay que interpretar dichos documentos que encuadra la sinergia social pretendida o el espíritu que subyace bajo dichas propuestas, lo que no resta que luego los documentos puedan tener otras valoraciones al margen) 


En febrero se celebra el II Congreso de podemos, Vistalegre II, donde se presentan proyectos y candidaturas y se reelige al secretario general. Éste es el Congreso de la disyuntiva Errejon- Iglesias. Voy a tratar de racionalizar esta disyuntiva para tener una visión más clara de lo mejor y lo peor, de la verdad y la mentira de los discursos, esos que han aflorado sobre todo a partir de la Universidad de Podemos 2016.

Para ello voy a responder a varias cuestiones, que son las siguientes:

-¿Quién ha cambiado el discurso?

- ¿En qué consiste ese cambio?

- ¿Por qué se ha cambiado?

- ¿Qué candidato tiene más proyección?

- ¿Qué proyecto tiene más recorrido?

- Y, ¿qué ha fallado en el proyecto Podemos?


La primera pregunta es:

¿Quién de los dos ha mantenido el discurso del pasado y  lo ha cambiado?

El movimiento 15M, llamado movimiento de la indignación, fue la reacción ciudadana al panorama político y social.
El llamamiento del 15M, que asumió Podemos, era a toda persona indignada con los desequilibrios del sistema social, contra quienes los provocaban: los de abajo, contra los de arriba, se decía.
Ese fue el primer jalón del sincretismo político que se perseguía: la transversalidad.
La transversalidad no fue ni es establecer un perfil ideológico y hacer un llamamiento: eso se llama captación de adeptos. La transversalidad es superar en el fondo y las formas ese perfil ideológico, entendiendo que los problemas y las soluciones nos atañen a todos.
De acuerdo con esto, Errejón, afín a esa transversalidad, ha mostrado una mayor sintonía con el pasado y los ideales iniciales, desmarcándose del rumbo de la formación, que ha ido a una deriva inasumible en este sentido; aunque se intente mantener un clima de unidad y trivializar la importancia del desencuentro, que versa sobre cuestiones fundamentales.


La segunda pregunta es:

¿Tan significativo es el cambio en Podemos, cómo se caracteriza?

Podemos siempre ha estado en una constante reformulación y contradicción. Ya en los inicios se estableció una brecha entre las improvisadas y multitudinarias aspiraciones y la realidad, entre los problemas y sus soluciones programáticas, que se intentó salvar haciendo sucesivas depuraciones hasta alcanzar un grado de coherencia, un producto más o menos aceptable, que, estableciendo una conexión entre lo deseable y lo posible, pasara al menos el filtro de la inteligencia.
Ahora se establece esa brecha entre lo que se pretende políticamente y lo que se pretende socialmente, que es la brecha entre la transversalidad hipotética y la real, entre el perfil disperso de sus votantes actuales y su verdadero público, esto es, la izquierda afín y los beneficiarios directos de las políticas de reparación, los doloridos del sistema.
Esto, que parece ofensivo no lo digo yo, lo establece el propio Iglesias como punto de partida, cuando dice en la conferencia de clausura de la universidad (36:10), lo siguiente:
(…) el espacio en el que coinciden muchas tradiciones políticas, la de la transversalidad, que es la de la politización del dolor (…), ser transversal (…) es parecerse a la paz y las tradiciones políticas que de alguna manera se han acercado a nosotros.
Donde vemos que se reivindica en un sectarismo basado en el dolor, partiendo la transversalidad en dos para reencontrarse con los suyos, consiguiendo además que parezca emotivo.
Aquí Iglesias se presenta, en efecto, sectario pero también falso, porque hasta la fecha había realizado un reclamo diferente, utilizando una identidad falsa (la del 15M), que ahora ha reideologizado.
Y, por otro lado, esclarecedor, porque, en buena lógica, si no somos de esas tradiciones políticas o somos pero no compartimos la distinción, sobramos, y si sobramos dónde quedamos.
Podemos ha sido el receptor de cinco millones de votos que han depositado su confianza en Podemos porque otros “no nos representan, no”. Y ahora Iglesias dice que él sólo representa a las tradiciones políticas de la izquierda. Esa es la brecha.
Brecha que se puso de manifiesto en la imposibilidad de alcanzar un consenso en las primeras elecciones, y de hacerlo en las segundas, y ahora se está poniendo de manifiesto aquí, en la disyuntiva planteada entre Iglesias y Errejón, que encarnan ambas formas de transversalidad, la excluyente y la integradora, y, por tanto, dos proyectos de Podemos.
Antes de todo esto, se puso de manifiesto en toda la escenificación y exacerbación del desencuentro con Rivera (al principio se querían y luego no), por cuestiones meramente estratégicas, donde se pone de relieve que no sólo quiere el cambio “liderado para” sino “liderado por”.
Podríamos decir: no sólo liderado para un tipo de transversalidad, sino liderado por un tipo de transversalidad.
Esto, tampoco lo digo yo, lo dice el propio Iglesias en la frase que antecede a la cita anterior refiriéndose a la posibilidad de co-liderar los cambios sociales con otros partidos nuevos. Dice (36:10):
Ese debate ya no es tan sencillo, ése no es un debate entre viejos y modernos (…), es el debate de una fuerza política que aspira a ganar y que aspira ganar siendo el rompeolas y el espacio en el que coinciden muchas tradiciones políticas.
Como vemos, un “liderado por” condicionado por el afán de protagonismo y por la desconfianza que le suscita los acuerdos firmados con las demás fuerzas políticas. Como dice más tarde (31:35):
Hay otros que dicen, bueno a cambio de un programa, muy social… Eso está mucho mejor, pero todos sabemos que los programas y los papeles se los lleva el viento…
Cuestión ésta que no es de recibo en alguien que hace política y que no debería ni decir ni pensar.
Vemos, por tanto, que utiliza el dolor, el sectarismo, la falsedad y la desconfianza, para construir un discurso que habla o debe hablar de la construcción de una sociedad superior, libre de dolor, sectarismos, falsedades y desconfianzas.
Y utilizados para poner freno a la oportunidad de oro que hubiera supuesto iniciar determinadas transformaciones, y establecer una transversalidad política factible y representativa de la transversalidad social que quiere dejar el pasado y las formas del pasado atrás. Él lo dice (35:30).
No pactamos con Ciudadanos diciendo que el eje era regeneración o viejo. Pactamos con quien pactamos.

Imperdonable. ¿A cambio de todo esto qué se ha hecho? Nada


La tercera pregunta es:

¿Por qué se toma este camino?

Podríamos preguntarnos también por qué se exagera el desencuentro con Errejón y se toma como enemigo interno, y se exageran las diferencias, tal como ya se hiciera antes con el líder de Ciudadanos.
La sociedad transversa es plural, pero la izquierda no es plural, es dual. Es siempre la misma película, que se pone de manifiesto en cada encuentro, en cada debate: hay dos izquierdas. Una,  reformista y la otra rupturista, una abierta y la otra cerrada. Es cerrada porque es dogmática y no está entre sus preceptos que se puede llegar de un sistema a otro mediante cambios, o siendo permeable a los cambios que derivan del marco vigente.
Se es de una clase o de otra.
Iglesias ha vivido en la esquizofrenia ideológica hasta que finalmente se ha decantado, ha recuperado su verdadera identidad, y ha hecho una confesión pública de su propio posicionamiento.
Tradicionalmente en los encuentros políticos, esa parte cerrada ha tomado a la otra como irrelevante o contraria a sus intereses y la ha anulado, por lo que esa otra parte no encontrando encaje termina desalentada o enajenada.
Todo va bien mientras te mueves en la ortodoxia y digas la cosas que digas desde la ortodoxia, pero en el momento que disientas, no te incluyen en el grupo y si ya estabas en él, te sacan, eres un trol o un vendido, y cargan sobre ti como lo ha hecho Monedero con Errejón, como con un desconocido, sin respetar vínculos emocionales, con todo el desdén. O te ves sometido a un mobbing  político que este en el que ha participado hasta el secretario general de organización.
Esa forma de debate dual es una forma muy particular de debate. Iglesias lo explica también de una forma muy particular que pone de relieve (una vez más) hasta qué punto las frases grandilocuentes y emotivas encierran argumentos falsos  e intereses velados. Dice (38:30)
Es demasiado amplio, demasiado plural lo que hemos creado para que pueda ser un espacio de combate entre corrientes políticas que se construyen como partidos dentro del partido por eso es tan importante el debate teórico.
Y después sigue:
Debatir sirve y no porque las ideas sean complementarias (…), eso es una estupidez, una suerte de sincretismo (…), debatir implica elegir hacer política implica decir que sí a unas cosas y decir que no a otras.
Lo primero está bien si se acompañara de hechos, es decir, si se hubiera prestado al debate de las propuestas, al margen de quien las lidere, como quería Errejón. Ha sido el recelo de Iglesias el que ha originado las corrientes pues no ha dejado más opción que acompañar las propuestas de una candidatura, y en consecuencia, crear facciones.
Lo segundo, toma un color especial por lo primero pues no accediendo al debate aislado de las ideas, no pudiendo ser las ideas complementarias (argumento que atenta a la inteligencia), y estando sin cuestionamiento el liderazgo, no hay nada más que una voz y un proyecto a la hora de decir sí a las cosas o decir no. En una palabra: manipulación para cerrar el paso a todo lo que queda fuera de su dibujo.
Esto fue lo que ocurrió en el proceso de votación aplicado en la primera asamblea de Vistalegre, que se muestra como paradigma de la participación democrática, por el que salieron para el consejo los que ellos quisieron, los que estaban en la primera línea, los visibles; y del que se adoptó para la elección de los documentos en el mismo congreso.
Son muchos los ejemplos personales de todo esto, que son ejemplos de manipulación. Baste poner por caso lo relatado en el post que hago a propósito de mi propio intento de participación en un círculo (un círculo sin puerta) de Podemos pertrechado por la vieja guardia, una casta, a la que le tienes que decir exactamente lo que quieren oír para que empiecen a notar que eres de los suyos.


La cuarta pregunta es:

¿Qué candidato tiene más recorrido?

Bueno, si antes teníamos un candidato, un líder, y ahora dos, es porque el primero está cuestionado. Es por todo este cúmulo de contradicciones y carencias por lo que al final se cuestiona el liderazgo. No se puede utilizar al electorado ni engañarlo con una idea del proyecto y de uno mismo equivocados. Al principio se manipula para llegar, luego para medrar, luego sin una razón específica salvo que todo se convierte en un puro cálculo.
Una cuestión aritmética o susceptible de cálculo es también para Iglesias la modulación del discurso, de la que ha hecho uso, lo ha dicho él, pero que abandona para “ser duros”, de acuerdo con su nuevo doctrinario y la supuesta rentabilidad del mismo. Él dice (24:00):
Mi sensación después de haber sido el portavoz principal de aquella campaña es que perdemos de credibilidad cuando tratamos de presentarnos como moderados en las formas. (…) Se nos percibió como: “son unos mentirosos”. Al decir que son socialdemócratas están diciendo que son moderados y, unos: “eso no nos lo creemos” y, otra gente: “eso no nos gusta”. Y ahí creo que si intentamos, si nos obsesionamos con parecer lo que no somos, si nos obsesionamos con no dar miedo me temo que ni conseguimos traer a los que faltan y por desgracia se nos van unos cuantos de los que están.
De ello se derivan dos cosas, una, que si en vez de tener efectos negativos, fueran positivos no dudaría en modular el lenguaje como lo ha venido haciendo, otra, que el que habla tanto yerra por necesidad, y terminamos sabiendo nosotros más de sus motivaciones íntimas que él mismo (lo que le resta entidad).
La cuestión no es decir lo que viene bien, es decir algo que claramente entendamos todos, algo que suene a verdad. Él no ha dicho verdad, él ha dicho para causar un efecto, abusando del feedback, de la perfomance, de las circunstancias y de la suerte. La batalla que habría que librar para la redefinición de las superestructuras sociales, no admite chistes ni shows. Ha agotado el crédito. Pero además del crédito, ha agotado su capacidad de convocatoria, ha llegado al límite de lo que puede hacer, y debe dejar a otro, porque modulando el discurso pierde votos pero sin modularlo, me temo que también.


La quinta pregunta es:

¿Qué proyecto tiene más recorrido?

La pregunta es, de cara al futuro, qué parte del electorado o incluso de los inscritos, se decantan o decantarían o deberían decantarse por un proyecto u otro, teniendo en cuenta que la transversalidad de ese electorado es real, teniendo en cuenta que buena parte del mismo dejaría de serlo si no se logran avances, porque habrá otros que sí serán capaces de darle a esto una mano de pintura: a los hechos me remito con los últimos acuerdos PP-PSOE que dejan a sus virtuales contrincantes políticos (Ciudadanos-Podemos) sin mucho fundamento o relevancia.
Teniendo en cuenta, por otro lado, que hay una parte del electorado (de los inscritos mismos) que podría sumarse, pero que está esperando una definición más clara para dar su confianza, y que no encuentra en esta dinámica oficialista nada más que argumentos para salir corriendo, como han salido ya un millón de votantes por esto…, y todavía se están preguntándo por qué.
Está claro el porqué. Como ya he justificado, gran parte de ese espectro electoral simpatizante no es netamente de izquierdas sino que obedece a otros planteamientos filosóficos o sociales que engloban lo que se propone pero que va más allá, que ha podido reaccionar a los cantos de sirena, incluso adherirse eventualmente,  pero que podría no hacerlo si el mensaje no es útil o no contempla otras lecturas.
Por esto la necesidad de un proyecto transversal. Pero la necesidad de tener un proyecto transversal tiene razones más profundas que la simple oportunidad o pervivencia del proyecto. Si reparamos en el carácter real de la deriva social impulsada por el liberalismo feroz, no estamos hablando sólo del empobrecimiento ciudadano, estamos hablando del empobrecimiento súbito de nuestro concepto de civilización mediante una alteración de las relaciones de producción. Esto es un problema sistémico y un episodio funesto de la lucha de clases en el primer mundo; el único que había alcanzado logros.
Dicho de otra forma, no hay un tipo de problema, hay tres tipos de problemas, los contingentes, los estructurales y los sistémicos, de categoría u orden ascendente que afectan correlativamente a una transversalidad social más amplia. El último afecta al  conjunto de la humanidad. Pero es que, además, cualquier movimiento en este orden superior hará que todo lo que se pretenda y todo lo alcanzado en los órdenes inferiores no sirva de nada, y vuelva atrás. Por esto es tan importante la transversalidad, la implicación de toda la sociedad. No tenemos el dominio de nada: podrían llevar el mundo a la esclavitud chasqueando los dedos, o en cincuenta años, no hay diferencia.
La transversalidad, que es el medio y el fin, no necesita de la dureza de acción para implantarse, simplemente tiene que llegar a ser inabordable para lo que queda fuera de ella. La cuestión está, por tanto, en comprenderla, hacer pedagogía de ella, y encontrar el argumento para desarrollarla de forma efectiva, esa es su verdadera fuerza.


La sexta pregunta es:

¿Qué ha fallado en el proyecto Podemos?

Lo que ha fallado va al hilo del último comentario. Cuando yo puse en marcha la web (La sociedad inversa), ya en la Presentación se estableció que había tres cosas necesarias para que el movimiento social prosperara, una la masa social, y ésta la teníamos con el 15M, otra, una cabeza política, que posteriormente vino de la mano de Podemos y en particular con la figura de Pablo Iglesias, y otra, un ideario.  Estos eran el cuerpo, la cabeza y la columna vertebral. Ha fallado la columna vertebral y como consecuencia la cabeza se está cayendo, o, si se quiere, la cabeza se ha torcido a un lado y ha provocado escoliosis en una deficiente columna vertebral.

¿Qué más ha fallado?

Podemos se ha integrado en el panorama político y ha querido ser como los otros partidos, y ese no es su papel, primero porque no lo es: debe ir  (debería haber ido) a lo esencial, segundo porque para todo lo demás ya están los otros (incluso ya estaba Izquierda Unida), tercero porque se ha mimetizado y ha adquirido sus servidumbres.  Dicho de otra forma, estaba más (dada su breve historia y su orígenes) para obligar a hacer, que para hacer.
Frente a esto Iglesias reivindica los orígenes, un Podemos outsider y duro, iniciativa que, como la violencia, nace de la frustración de no encontrar una metodología de cambio clara, salvo ese atajo que luego restringe a la capacidad de decirle a Europa, esto, esto otro y aquello.
Decir es lo que siempre se ha hecho. Podemos debe hacer. Podemos debe estar en las instituciones, pero no para mal ocuparse si no para poner en marcha mecanismos de ruptura a la inercia, el bloqueo y la desidia institucional, y a todo aquello que la ampara o encubre. Esa es la mejor ruptura, la de la eficacia y la trasparencia. Es decir, hay que estar, pero con los objetivos claros.

¿Qué necesitamos, por tanto?

Necesitamos una nueva cabeza, que podría ser Errejón. Una cabeza que haga un buen uso de la masa social, y fortalezca la columna vertebral.
Esa columna vertebral es un ideario claro, inequívoco, que contemple una hoja de ruta. No hay consenso posible de las diferentes facciones de Podemos sin ese ideario de referencia. No hay electorado transversal sin propuestas verdaderamente transversales, universales. Propuestas higiénicas, ésa es la palabra, orientadas a la elevación del orden social. No de derechas, no de izquierdas: higiénicas, de ahí la transversalidad. Y no  meros mecanismos de reacción, reparación y contentación de unos y de otros, de ahí la transversalidad también.
Seguramente no se puedan establecer más de cuatro o cinco de esas propuestas, pero serán entendidas y, de llevarse a efecto, serán verdaderas palancas de transformación.
Necesitamos otro tipo de Podemos. Desde luego, lo mismo que no necesitamos un Podemos que sea una copia de Izquierda Unida, tampoco necesitamos uno que se una copia del partido socialista. Necesitamos un Podemos que sepa poner los límites y sea guardián, y los defienda políticamente donde proceda, abogando por unas superestructuras jurídicas que regulen o acoten el devenir.
Hay que establecer los límites antes de que sea demasiado tarde y alguien los sobrepase.

Caso contrario, todo esto está condenado, perdido.


Hay que decir dos cosas además respecto a la transversalidad (que son argumentos autosuficientes):

*Por un lado, se está imponiendo un paradigma que básicamente consiste en la descohesión social mediante la supresión de la clase media que era su pegamento natural. Tenemos que hacer frente a esto cambiando nuestro concepto de democracia y de cohesión social, es decir, reintegrando a los opuestos dentro de la misma realidad social, superando la lucha de clases entre nosotros  (esto es la transversalidad) porque, en la verdadera lucha de clases –se verá con el tiempo-, todos somos de la misma clase.

*Lo segundo es que el decurso histórico tiene que venir por la superación de los opuestos, tesis-antítesis, mediante una conveniente síntesis. Ese es el camino de la universalidad filosófica de las propuestas que tendría que haber iniciado Podemos (y no lo ha hecho), en la convicción de que la lucha de clases del siglo XIX no sirve para ahora, y que nada de lo que está inventado sirve para la actualidad, y que hay que inventar otra cosa.

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