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lunes, 12 de noviembre de 2018

CRÍTICA DE LA RAZÓN SOCIAL 5-10


REALIDAD SOCIAL





En lo que va de relato he introducido la situación de nuestro modelo social y he establecido, en dos partes, un esquema de funcionamiento de nuestro sistema económico.
Es momento de particularizar ese funcionamiento mediante la realidad, o las realidades de las que se acompañan, y de poner de relieve el grado de indefensión y de respuesta, en un sentido global… Será en otro bloque donde se detalle esa respuesta, posible y real, y toda clase de posibilidades.

Hay que decir varias cosas:
 Todas las transformaciones sociales que he citado están pensadas para optimizar la inversiones, focalizarlas, disminuir el gasto, etc., algunas de ellas incluso les cuesta al Capital cantidades importantes de dinero que no les importa pagar con tal de alcanzar los objetivos, los de llegar al diseño social que les interesa, incluso a muy largo plazo. Sin fecha, cuando lo permitan los acontecimientos. Una ley, hoy imposible, mañana será plausible, pasado, real.

 El Capital no está preocupado por lo que cobran los pensionistas, consecuencia de las cotizaciones pasadas, sino por la contención de las cotizaciones actuales, y eso lo tiene conseguido mediante los salarios (reforma laboral).En cierto sentido, el todavía aceptable poder adquisitivo de los jubilados les viene bien para mantener el consumo y enmascarar la realidad que subyace. Incluso una subida de las pensiones les puede venir bien si lleva aparejado un detrimento de determinadas partidas sociales en las que ellos tienen negocio.
Otra cosa es la enajenación de los bienes inmuebles por calamidad económica derivada de la merma de las pensiones, como parte de ese negocio, que ya incluso se está barajando o instrumentalizando fiscalmente para camuflar la realidad, para postergarla mediante ese autocrédito a cargo de la futura enajenación. Estos serían los fondos buitres, o su equivalente, actuando sobre las propiedades, y no sobre los alquileres.
Donde vemos, además, que tanto el éxito como el fracaso llevan  aparejada una oportunidad de negocio.

 A propósito de esos negocios, con pleno empleo el Capital prefiere (ha preferido) que los servicios los pague el Estado, pero con la tendencia actual, aunque eventualmente le pueda representar costes, prefiere asociar estos servicios (que de otra parte pueden gestionar él mismo) a la ocupación (que luego será la que sea), y dejar en precario al resto de la población. Es una cuestión de números.
Vemos que la bipolarización de la que hemos hablado, que es dividir a la sociedad entre los que tienen y los que no, es tanto como crear un mini-Estado, dentro del Estado, que surte de todos los servicios a los que pertenecen a él (público y privado: dos sociedades). Sobre todo cuando la cantidad y calidad de esos servicios crece y crecerá exponencialmente, lo que obliga, les obliga, a establecer un cortafuegos.

 Normalmente, las medidas que toman los gobiernos utilizan la realidad como argumento. Así, por ejemplo, las tomadas en la crisis (reforma laboral), se justificaban por el paro, el aumento de la prima de riesgo, el descenso de las inversiones extranjeras, y se presentaban como necesarias.
Una realidad que puede estar incluso provocada por el Capital. Así, por ejemplo, el BCE no compró deuda hasta que no se alcanzaron los objetivos, esto es, las modificaciones legislativas, y hasta dejar patente, como otro objetivo más, nuestra vulnerabilidad, la que siempre tiene el prestatario.

Una realidad que puede ser tan aplastante como que no hay dinero y que éste no sale debajo de las piedras, en un mundo en el que por mor de la globalización, esto es, la deslocalización, el dinero está donde el dinero quiere. Es esta deslocalización la que les da el poder político: el de constituirse como la nación virtual más influyente. Ésa es la verdadera realidad.

Una realidad que puede ser sobrevenida, como el incremento de la prima de riesgo (ya mencionada), o una insospechada subida del nivel de vida, que haga el mismo efecto sobre toda la economía que la reforma sobre los salarios. Fenómeno que ya pasó en España con el boom económico de los años sesenta, y que podría volver a ocurrir, por cuanto existe un poder económico que determina qué es lo mejor para el dinero o para alcanzar su modelo (y que se dará sí o sí con la última Reforma de las pensiones)

Una realidad que es nuestra realidad, la de que somos cada vez más longevos y la de que, acompañado a cualquier otro, está el problema sistémico endógeno de la esperanza de vida y la superpoblación, de difícil sostenimiento económico con el modelo actual.

En definitiva, junto a alguna realidad que es verdaderamente consustancial a nosotros mismos, y a nuestro momento evolutivo como especie, existe toda una suerte de realidades que son circunstancias introducidas por el propio sistema, y que el sistema presenta como ese conjunto de eventos que no parten de un actor concreto sino de su propia dinámica, por lo que no cabe reproche alguno, ni otra acción que la acomodación o la resignación.
Realidades que para unos se presentan como la cuartada perfecta.

 Dicho esto, hay quien fía todo al incremento de las pensiones vía impuestos y hay quien lo fía a un hipotético incremento de la población activa o incluso de la población propiamente dicha (solución que me recuerda a la planteada por los negocios piramidales y el engaño que esconde su progresión geométrica).
De acuerdo con todo lo anterior, ni el problema se va a solucionar con un incremento de la ocupación por doquier, que no se va a producir (ya hemos visto por qué), ni se va a solucionar con un paupérrimo incremento de las pensiones. Incremento que, aunque paupérrimo, no vamos a poder sufragar (mantener en el tiempo), dado que además, poco a poco, las futuras pensiones no sólo se verán mermadas por la proporcionalidad entre activos y pasivos sino –como sabemos– por la contribución real de esos activos.
La cuestión de las pensiones es sólo una cara del problema, pero una cara que sirve para dimensionarlo porque frente a otras cuestiones menos visibles (la de la ocupabilidad), que se enmascaran, se ocultan, se niegan, éste tiene reconocida una evolución, y un plazo de entrega.
El deterioro de las pensiones se puede cuantificar, y se puede cuantificar que hemos retrocedido veinte años, el deterioro de los salarios se puede cuantificar, y se puede cuantificar que hemos retrocedido veinte años. Pues bien, la clase media ha retrocedido veinte años también, y sufrido un deterioro que se puede cuantificar,  que viene representado por la pérdida de su capacidad adquisitiva y por el aumento de la distancia entre ella y el eslabón siguiente, el mismo aumento de distancia que ha hecho que los candidatos a clase media se tengan que ir fuera de España o algo peor.

La cuestión es que las mismas herramientas que se han presentado para desarticular este deterioro de veinte años, son las que se tienen para desarticular el deterioro de los siguientes veinte años (esto es, ninguna), con la particularidad de que ese segundo deterioro va más rápido, y el tercero más aún.
No hay herramientas porque se vive al día, a lo urgente, porque hay quien piensa que no es un problema mayor sino menor, y que por eso hay que dedicarle la atención justa, esto es, la obligada, o ninguna, y porque hay quien sabe que es así, pero lo quiere así, porque es su negocio.
No hay herramientas, no hay solución porque…

6º ...Como dije, hay un punto de inflexión, un cambio en la naturaleza del movimiento, para convertirse en un movimiento regresivo de velocidad creciente. Un movimiento como el que haría una bola que sube por una ladera pero que no llega hasta el final y desciende cada vez más rápidamente sin que nada la pueda frenar. Y nada lo puede frenar porque ahora más que nunca en la Historia el Capital domina todas las variables del movimiento.
Con el metaconocimiento tienen el software y con la robótica, el hardware, y si queremos el dinero como energía, es decir, las tres cosas que hacen de este sistema tecno-económico algo parecido a un ser vivo, al que nos podemos referir como “El Hombre del dinero

El Hombre del dinero es un ser vivo que se expande y se lo come todo. Uno que tiene el poder político, el económico y el tecnológico y tiene la capacidad de llevar a la sociedad en una dirección que a lo mejor no es la que ésta quisiera, dominando, llevándose al paso todo lo que encuentra, todo lo que somos.

El Hombre del dinero siempre ha invertido cuándo, cómo, y dónde ha podido obtener una rentabilidad, minimizando sus gastos. Ahora gran parte de la sociedad es prescindible para ese proceso inversor, es prescindible como gasto. Como es prescindible como gasto, es prescindible casi como sociedad, prescinde y seguirá prescindiendo, a no ser que una fuerza superior le obligue en un sentido contrario, si no, ése será su movimiento natural hasta el final, sin mirar para atrás.

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Estamos en un punto similar al que estábamos con el cambio climático hace dos décadas, cuando no nos lo terminábamos de creer.  Ahora que sí lo creemos casi nada ha cambiado, se sigue desforestando la selva amazónica, y se siguen haciendo todo tipo de cosas, precisamente por eso, porque quien lo hace lleva su movimiento natural hasta el final, sin mirar para atrás.
Lo que evidencia que mañana podrán bajar nuestra altura social sin oposición (sea cual sea) es que hoy las están bajando sin oposición. Mañana serán más fuertes. No lo necesitan, pero lo serán. Tal o cual cambio es una cuestión de oportunidad.
A propósito de lo anterior, del cambio climático, es muy fácil que en lo que queda de siglo se junten las dos problemáticas, razón de más para que ésta que estamos tratando, que depende exclusivamente del ser humano, la orientemos, y demos una respuesta, que nos permita afrontar la cuestión climática con otro espíritu y más posibilidades.

Quiero reseñar que junto a estas dos cuestiones no he querido meter al tercer mundo, porque si meto al tercer mundo y su problemática, la cuestión de las materias primas, el agua…, entonces, resultaríamos desbordados en el análisis.
Tampoco he querido sacar las pretensiones del Hombre del dinero más allá de las cuestiones meramente economicistas. Es decir, siendo éstas bien oscuras, no he querido buscar otras más oscuras. Ni asociar su comportamiento a una respuesta particular a esos otros problemas que he mencionado, que tenemos ahí como una bomba de relojería.
Y no he querido, porque, siendo tan claramente lesiva esta especie de subdesarrollo inducido, da igual verdaderamente cuáles puedan ser los objetivos finales, cuando estamos viendo ya las consecuencias iniciales.







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