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jueves, 15 de noviembre de 2018

CRÍTICA DE LA RAZÓN SOCIAL 6/10


SOLUCIONES ORDINARIAS





(1) Para empezar podemos preguntarnos, ¿bueno, y qué se puede hacer? ¿Cuál es la solución?
Vayamos primero a unas consideraciones previas que enlazan las realidades planteadas en el capítulo anterior con este bloque, además de presentar toda una serie de consignas, diría de actitudes o de mentalidad frente al escenario socio-político (y frente a las demandas).
En todo lo dicho se pone de relieve que se quieren excluir a esa parte de la sociedad que no pasa el corte, aunque esto pueda suponer llevar a toda una sociedad hacia el subdesarrollo endémico. Mala suerte, dirán: ya se vio con Grecia. Donde, por cierto, vimos lo más parecido que conocemos a un poder fáctico en ejercicio, la troika.
En realidad, la parte amable de ese poder fáctico, la que incluso pone condiciones, la que se deja ver. La que, como dije, sólo tiene que atender a la realidad, a las leyes del mercado para asfixiar, para hacer una prueba de fuerza y dejar claro que la economía, el desarrollo de los pueblos está en sus manos, en manos del Capital, y que no está dispuesta a permitir esa forma de beneficencia, de intermediación gratuita de los Estados o la falta de rigor presupuestario.
Hay otra parte de ese poder que ni siquiera se expresa: que hace.
(2) Sea cual sea la solución, la solución no puede ser negar la realidad o gritar que es injusta, y ya está… inventar algo que está fuera de la realidad, desconectada de ella.
Algo que está fuera de la realidad es algo que sea inviable económicamente. Es decir, a nosotros puede no gustarnos un ajuste económico pero no sólo tenemos que decir que no  gusta sino también como podemos sortearlo, sobre todo cuando el ajuste (para el caso de las pensiones) obedece a algo tan ineludible en el modelo actual como esa razón de proporcionalidad entre activos y pasivos, que puede ser de valor 1 (1 por cada 1) o inferior. Sortearlo es decir qué cambiar y cómo, y todo ello sin parecer timoratos o faltos.
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Ese camino (el de la irrealidad) sólo lleva a la desesperanza. Ése es un camino corto y doloroso, por eso todo el que lo recorre al final se cruza con el otro, con el de la ortodoxia, con el del pragmatismo, y se entrega a él. Con más fuerza que los  pragmáticos en origen. El otro camino (el del pragmatismo) tampoco lleva a ninguna parte. El pragmatismo llevó a Roma al éxito y al fracaso. No es garantía (el pragmatismo se acomoda, intenta sacar partido, pero nada más).
La cuestión es que el pragmatismo se presenta como una resistencia al cambio, que sólo se puede descomponer con otro pragmatismo más categórico. Ése es el que tratamos o trataremos de formular. Se trata, como dije, de dibujar la proyección de ese camino (el actual: una recta entre puntos), y alcanzar la convicción de que sólo saliéndonos del itinerario establecido tendremos una oportunidad, que vale la pena, por tanto, explorar. Aunque puede no ser suficiente, porque para el Capital incluso el conflicto es parte del precio (lo vemos en las guerras), y la miseria sobrevenida, una oportunidad.
Por esto, por ese más que probable fracaso, es bueno decir en voz alta lo que ese poder fáctico va a hacer, relatar lo que está ocurriendo… Para dejar evidente que no nos engaña, que lo va a hacer, pero que nos estamos dando cuenta.
Caracterizar el daño es esencial, porque sólo así se entenderá que tal o cual cosa que se diga para remediarlo no es fruto del capricho o del delirio. Pero caracterizar no es repetir todo esto (que digo yo, por ejemplo), y que quede como un ruido de fondo en la sociedad, como un zumbido. Las personas pensamos algunas veces que defender lo nuestro es eso, y no lo es (aunque sea necesaria la pedagogía). El poder utiliza el ruido de fondo para que el mensaje se pierda en él, entre los otros mensajes. Tampoco es salir a la calle, aunque eventualmente pueda ser bueno expresarse así. Es marcar el camino que queremos, de una forma tan seria y tan vehemente que no quepa duda. Si el mensaje es claro, es claro.
(3) Todo lo que se puede hacer tiene que venir a través de medidas políticas que tienen que ser medidas decididas. Algunas de esas medidas son regulaciones casi imposibles de aplicar porque son poco menos que ir contra el sistema desde el sistema, precisamente contra aquello que están intentando instalar o alcanzar, que no es otra cosa que recuperar todo el terreno perdido en estos 60 años, diría en estos seis siglos de conocimiento.
Esta dificultad es la que hace que todo lo que sea susceptible de empeorar, empeore, y la que hace que todo lo que se diga para reventar esa dinámica suene a cuento de hadas, a excesivo o inservible… Excesivo e inservible, sobre todo, cuando los interlocutores políticos están conformes con la evolución del sistema y sobrestiman su estabilidad (subestiman el carácter problemático). Es decir, se está en la lógica del sistema. La misma conformidad y la misma lógica que promovieron las políticas austericidas durante una década, que son las que nos han llevado a esto, a pesar de estar basadas en estudios económicos con errores en sus tablas de cálculo (el excelgate). Y que se siguen promoviendo mediante el Pacto de Estabilidad que representa ¾ de lo mismo.
La misma conformidad y la misma lógica que hacen que a cada problema se le trate de dotar de una solución discreta, como la del IPC de subida en las pensiones bajas, y ya está, hasta el año que viene, o hasta dentro de cinco, a pesar del panorama.
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Pensemos, respecto a ese panorama,  que la generación de los 60, que es la última que cotizará en condiciones, lo hará hasta los años 30, y que habrá que pagarles entre los años 30 y los 60 sin haber buenos cotizantes para hacerlo, y que a partir de los años 60, de este siglo, prácticamente todos, por salarios y por pensiones, estaremos a un nivel entre muy bajo e intermedio de solvencia económica (tomando como referencia buena la situación actual, en la que ya el 60% de las pensiones están por debajo de 600 euros).
Podemos dar una década o dos de margen, pero no más. Esto sin tomar en consideración la tasa de sustitución de “La reforma de la pensiones” que dejaría todas estas cifras al 50 por ciento mediante el factor de sostenibilidad y de revalorización, que no voy a desarrollar ahora, pero que representa la solución sencilla, la más fácil, la que no hay que luchar contra nada: si no hay dinero se paga menos, se reparte el dinero disponible entre las pensiones. Manteniendo el poder adquisitivo (en el mejor de los casos) de las que ya de por sí no tienen ese poder adquisitivo. Como medida quirúrgica e inservible.

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Una vez más, la poca entidad de la solución o de la respuesta quita entidad al problema o pretende quitársela. Pero partiendo de que el problema no tiene poca entidad, llegamos a la conclusión de que lo que tiene poca entidad es la respuesta. Lo que nos lleva a separar la realidad en partes para así ver bien los problemas, las respuestas, su entidad y la entidad de quienes la promueven.
Lo que sigue es posible que no sea la solución, pero está (por todo lo dicho hasta aquí, y por lo que voy a decir) en el camino de la solución, lo que otros ya quisieran.

 Para empezar hay que poner todas las cosas en valor. No se trata de romper nuestro mundo sino de reconducirlo a otra fórmula más sostenible. Marx escribió:
La burguesía ha desempeñado, en el transcurso de la historia, un papel verdaderamente revolucionario[…] Desgarró implacablemente los abigarrados lazos feudales[…] La burguesía ha producido maravillas mucho mayores que las pirámides de Egipto, los acueductos romanos y las catedrales góticas; ha acometido y dado cima a empresas mucho más grandiosas que las emigraciones de los pueblos y las cruzadas.
Si el primer marxista reconoció esos logros de la burguesía, no veo por qué no podemos hacerlo nosotros.

 De todo lo dicho, se pone de manifiesto que el  Capital tiene un proyecto claro, un objetivo, pero la sociedad no, en consecuencia, tampoco determinación.
Se comprende que en el tiempo que se ha socializado el bienestar (hasta los 90) se modulara y compartiera el discurso, pero ahora no. Ni compartir ni sacar un discurso viejo (el de la izquierda) con recetas del pasado que no sirvieron ni en el pasado. El diagnóstico es siempre el mismo pero la respuesta debe ser otra.
En realidad, ni siquiera el diagnóstico es el mismo porque ahora debe estar desideologizado para que sea inclusivo, efectivo. Es decir, inclusivo para que sea efectivo
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Ésa otra respuesta, aunque olvidado del destinatario final (el Capital con mayúsculas), fue creo la que intentó dar Errejón antes de ser fagocitado. Lo cuento en el post “Podemos contra Podemos”, que aproveché precisamente para manifestarme al respecto, y aquilatar la transversalidad y la calidad de esa respuesta frente a la otra, entendiendo que también el análisis ha sufrido una evolución, por cuanto hasta la derecha tradicional (autónomo-comercio) ha sufrido el hambre voraz del Capital, que quema etapas, que no tiene amigos.
Siendo esto algo que deben saber los que se erigen en defensores a ultranza de sus bondades. Siendo además la razón por la que he establecido la disyuntiva entre Capital y sociedad (o no-Capital) y no entre derecha e izquierda (utilizada sólo para hacerme comprender).
Esta transversalidad no sólo se caracteriza o es una mera ampliación de la lista de damnificados, también es una consecuencia de la inclusión de sus puntos de vista, los mismos que acabo de expresar en la cita de Marx, que diferencia el poder del Capital, de su perversión.
Hay que regular la máquina del desarrollo (cambiar su modo de trabajo), no pararla, ni tratarla como si fuera una cosa ajena a nosotros, porque no lo es: somos  nosotros.

Lamentablemente todo esto tiene una cara-B.  Ya dije que había políticas de derechas y de izquierdas. Hay políticas para los contratadores y para los contratados, que son las que hacen que este país esté verdaderamente dividido entre unos y otros (las sociedades en general), y que no se responda o se tenga criterio político u orientación más allá de esa primera necesidad…, y eso es inadmisible.
Se hizo la reforma laboral por mandato del capital, cierto, pero media España que contrata se frota las manos. ¿Cómo salir de esto si no es a través de una política de “Vasos Comunicantes” entre polos? Ya hablaremos de esto.

 Esa respuesta tiene que dar cuenta de que junto a la capacidad de transformación de la burguesía (que acabo de expresar en la cita de Marx), venida a más en la actualidad, está la capacidad de romper cualquier regulación que pueda ser un impedimento para la comercialización. Esto es un hecho constatado en todos los procesos de desregulación ya mencionados, que yo llamo estandarización porque persigue esto, un estándar único de sociedad que no represente una traba para la producción, incluso un estándar de familia, de persona.
[Desregulación que ha venido a menos con Trump, que representa a otra forma de ser del Capital (la del Capital no estandarizado), que establece un nexo entre las izquierdas y las derechas. No voy a desarrollarlo ahora, pero se podrá entender, no obstante, que haya un Capital contrario a la estandarización (como lo está la izquierda radical) por cuanto no sólo forman parte del Capital aquellos que rompieron el dogma de la Iglesia (de acuerdo con Wood) sino aquéllos que lo respetan o forman parte de él.]
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En cada época de la historia, el Hombre del dinero ha querido algo y ha utilizado a la parte de la sociedad que ha creído conveniente para conseguirlo. Pues bien, ahora lo que quiere el hombre del dinero es el desarrollo de un nuevo estándar como es el TTIP, por el que quedarían derogadas la mayoría de las restricciones garantistas del comercio, dando al hecho comercial supremacía frente a ellas y frente al derecho básico de los Estados, sus Constituciones.
El TTIP es un peldaño más en ese proceso de estandarización que pone de relieve que sí que existe un poder económico transversal que lo quiere todo, y que lo puede todo porque ya tiene en realidad mucho camino hecho al respecto, poniendo en evidencia que por encima de la capacidad de los Estados frente a las Empresas está la del Capital frente a los Estados. De hecho, para ese Capital no existen los Estados, sólo unos territorios con unas determinadas regulaciones económicas eludibles, a los que pueden imponer sus condiciones, su modelo o excluir de la lista de agraciados.
O ambas cosas, porque esas condiciones redundan en la idea de liberarse de toda suerte de fiscalidad o sujeción, sin contrapartidas, salvo la del contrato laboral [que lleva ya su propio proceso de liberación mediante fórmulas que alcanzan o persiguen ese mismo grado de asimetría contractual (en este caso, de dependencia, pobreza laboral y uso alienante)].

Salvado este inciso, es ahí a donde he querido llegar en este punto, a que toda solución que se precie, toda perspectiva elevada de la situación tiene que pasar necesariamente por restringir esa especie de extorsión económica o imposición unilateral. De una parte regulando el marco en el que se mueve el Capital y hace sus aportaciones en la Unión Europea, pero también mediante la cobertura estatal y social a los productos de la competencia que no responden a este fraude. Si bien dada la coyuntura actual cuesta exigirle a una empresa que realice su compromiso fiscal por la venta de sus productos de una determinada manera, si podemos condicionar la compra de los mismos a la forma de hacerlo. Digamos que nos ignoramos recíprocamente. Ellos a nosotros de una forma y nosotros a ellos, de otra.

 Una cosa es la deslocalización de las empresas y del valor económico que generan (que acabamos de ver), y otra es la deslocalización y administración desleal del flujo económico propiamente dicho a través de las inversiones.
Voy al hecho, ya mencionado, de que uno de los grandes problemas es la deslocalización del capital, pero en realidad, voy al otro hecho de que quien maneja ese capital también maneja el nuestro, es decir, que es muy fácil o probable que se esté utilizando el capital acumulado por la clase media (su ahorro) para ir en contra de la clase media.
Voy más allá en realidad, y esto es lo grave, no es que le estemos dando el dinero al Hombre del dinero y lo utilice contra el sistema, es que nosotros somos el hombre del dinero. Nosotros somos el hombre del dinero cuando lo dejamos allí (donde se guarda) y queremos un 4% de rentabilidad en vez de un 3% como expresión de nuestra codicia, codicia que el Hombre del dinero utiliza para cortar los árboles del Brasil, si llega el caso, que son los que nos dan ese 4% (a ellos el 10%, el 15%, o el que sea). Por eso es tan importante recuperar el control, que no se puede alcanzar sino con medidas políticas, claras, destinadas a ese fin.
Ahora se ve claro que no podemos parar o aniquilar el sistema, y que no se puede porque somos parte de él. Y que todo cambio lleva implícito un cambio de mentalidad.
Yo escribí un post al respecto, hace tiempo (que, por cierto, envié a la Presidencia del Gobierno), que trataba de evaluar si estábamos en condiciones de tomar control de ese dinero y condicionar el circuito económico, y cómo… Explorando la posibilidad de constituirnos la propia clase media en un polo económico que jugara su papel en el tablero de la economía (modular el transistor) , puesto que somos la Base. Ahí quedó.
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Tanto por este punto como por anterior, no estamos hablando de localismo o del proteccionismo a la producción, tipo Trump y tantas otras políticas de derechas conservadoras, aunque se parezca porque es la expresión de la contra-estandarización que, como dije, comparte con la izquierda a estos efectos (no a otros). Estamos hablando de que las empresas con actividad comercial aquí, paguen aquí y no en Irlanda. Estamos hablando de que el menoscabo, o ausencia de compromiso, de determinadas empresas, tengan respuesta. Estamos hablando de hacer frente a un complot fiscal supranacional y consecuentemente inmune a las leyes, que además tiene consecuencias en la desvertebración o desequilibrio económico (de la U.E., en este caso), que es el que siempre ha estado presente entre el norte y el sur, entre el centro y la periferia por las mismas causas.
Luego, aprovechando que son centros económicos que capitalizan toda la riqueza se quieren adueñar de ella, independizarse, como Cataluña, olvidando que los polos económicos son polos en representación de otros sitios que no lo son, por decisión del Capital que ha dicho como tiene que estar distribuida, y que la riqueza, por tanto, es consecuencia de esa representación, y no les pertenece. Si no fuera así antes de ser candidata para el Centro del medicamento (por ejemplo), como ha ocurrido en pleno process, hubiéramos tenido que pujar entre nosotros para la candidatura, entre las diferentes autonomías, y no ha sido el caso. Si cedemos algo, nos tendrá que repercutir en algo, es decir, que habrá cierta reciprocidad entre polos.
De esto también hay algún post. No es el tema, pero viene a colación de cuan “Hombre del dinero” somos todos. Viene a colación porque es una muestra de cómo hasta el anticapitalismo (toda la izquierda independentista, en realidad) sucumbe al ansia de dominio del Capital, aunque luego se adorne ese ansia de ideales, de supuestos agravios del pasado y de sentimientos (de la añoranza de un Mediterráneo imperial). Todos tenemos pasado y sentimientos.

¡Existe hasta anarcoindependentismo! (no queremos Estado, pero puestos a elegir, éste).

Eso que se busca es lo que quiere el Capital, bipolarizar, diferenciar el potencial. La izquierda no divide ni aparta. Por razones supremacistas, menos. Y si la izquierda lo hace, o alguna izquierda, esto que digo, no desde luego.

5º Estos procesos de relocalización y control (que he citado) están bien, pero en realidad, antes de esto hay que ver qué cosas se pueden hacer desde la propia lógica de funcionamiento del sistema para mejorar los ingresos y disminuir los gastos, es decir, el flujo (+ - ) en la organización del Estado, entre polos.
En este sentido, nos encontramos que no se realizan determinadas acciones lógicas para recaudar más y mejor, ni para gastar menos y mejor, poniéndose de relieve un comportamiento político más que cuestionable.

Si vamos al capítulo de los INGRESOS, los sistemas se desmoronan porque no son sostenibles económicamente y en éste resulta que se están perdiendo más de 60.000 millones de euros todos los años en evasiones fiscales, que representan un delito, más otras cantidades derivadas de la ingeniería fiscal o el tratamiento ventajoso, que ni siquiera es delito, como las rentas del capital (gravado al 19%), las sicav (al 1% de carga fiscal), frente hasta el  más del 50% de las del trabajo. Hay claramente un trato privilegiado, y un defecto en la persecución del fraude (protocolos y medios), a decir de los propios inspectores de Hacienda.
¿Por qué esta forma de operar? Porque desde la óptica del Capital se prefiere recuperar parte del dinero (destinado a convertirse en gasto corriente por el usuario) a desmoronar la acumulación de capital, aunque ésta pueda tener algo de fraudulenta.
De una parte, quien acumula dinero son de los suyos, los que prefieren políticas que amparan al Capital, y lo nutren de su materia prima. De otra, porque en esta lógica de la acumulación siempre se podrá producir algo, pensemos que gran parte del gasto de lujo sirve para habilitar un dinero oculto, y, a la contra, gran parte de todo lo accesorio que existe en este mundo se sustenta mediante un dinero que de otra forma no podría aflorar.
Esto es la desigualdad entre polos como motor del crecimiento hecho dogma de fe o principio, principio de funcionamiento, si se quiere (como dije, objetivos claros del Capital).

Si vamos al capítulo de los GASTOS, resulta que tenemos un modelo territorial que está sobredimensionado: administraciones duplicadas, administraciones improductivas-saturadas-ineficientes. Derroche injustificado que no ayuda a fortificar la idea de que nuestro dinero tiene una utilidad incuestionable (que está bien gestionado) y que, por tanto, no alienta el gusto por la contribución fiscal a la Hacienda Pública.

Quiero hacer entender tres cosas al respecto:
Una, que de cara a lo que estamos tratando del balance presupuestario, que luego pueda afrontar los gastos en pensiones y otros gastos más, el resto del gasto público debe ser, lógicamente, escrupuloso.
Dos, que en realidad ni siquiera sería ésa la prioridad o su fundamento sino que éste sería más bien el de posibilitar mediante esa ocupación racional y eficiente un sinnúmero de cometidos sociales que en el contexto actual no se pueden afrontar, dentro de su propia área o de otras (hablemos de la dependencia, recursos para la enseñanza).
Tres, que, como desarrollaré más tarde, la solución de nuestra situación actual pasa (o pasaría) por una universalización de la ocupación, y aunque esta lleva aparejada elementos de racionalidad y eficiencia distintos, no se puede abordar desde la irracionalidad e ineficiencia actuales.
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Se trata de racionalizar todo. Poniendo de ejemplo el ministerio de justicia, que está sobrepasado, a lo mejor hay que dotarlo de nuevos medios y nuevos procedimientos para hacerlo eficiente  y ver realmente lo que esta sociedad necesita al respecto.
Pudiera ser que costase 100 millones de euros (nada comparable a los más de 40000 millones de rescate a la banca o 5000 del plan-E), o pudiera ser incluso que el ahorro presupuestario derivado de la simplificación de los procedimientos costease el gasto de los medios, y que la ocupación fuese la misma, pero más eficiente, o que incluso proporcionara recursos para servicios extras.

Esto es un planteamiento sobre este particular. Yo les pregunto a los políticos, cuáles son los suyos. A decir por lo que han hecho al respecto en los últimos veinte años, ninguno.

Lo dejo en este punto, para la 2ª parte





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