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martes, 27 de noviembre de 2018

CRÍTICA DE LA RAZÓN SOCIAL 8/10

SOLUCIONES EXTRAORDINARIAS 1/2




De lo dicho hasta ahora lo principal es eso que trata de hacernos ver la diferencia entre una crisis cualquiera derivada del crecimiento del sistema a esa otra que surge tras un punto de inflexión y que pone en marcha mecanismos sociales regresivos que muy bien pueden crecer de forma exponencial y hacer un efecto avalancha. En consecuencia, lo principal era caracterizar convenientemente ese punto de inflexión. Que yo he situado en el metaconocimiento, porque es lo que hace prescindible a toda una clase media, tal como la conocemos… Es lo que hace establecer por 1ª vez desde el Renacimiento una secuencia humana de regresión social, toda vez que se ha perdido toda expectativa de alcanzar una altura social mayor para esa clase social de referencia, es decir, mayor que la conocida.
También es importante haber caracterizado nuestro desarrollo social mediante el efecto transistor, y asociar las diferentes fases de crecimiento al mismo.
Salvado esto, lo que voy a decir ahora es el objetivo principal de este trabajo porque es lo que de alguna forma tiene la vocación de ser una aportación al problema, al tratarse de un análisis de su estructura. Tal como tengo desarrollado y se puede encontrar en buena medida aquí en la WEB (teoría social), junto a toda la esquemática social de la primera parte. En consecuencia, ahora no desarrollamos todo un repertorio de deficiencias prácticas y de las correcciones a las que dan lugar (como en los dos trabajos anteriores), sino sus elementos estructurales, que es la única forma de alcanzar alguna expectativa de solución.
Bueno, pues a propósito de esos elementos estructurales, hay una cuestión en nuestro sistema social que está mal diseñada y que no nos puede llevar nada más que al desastre (y que nos lleva de hecho, y nos ha llevado). Nuestro sistema está basado en el principio de competitividad a ultranza (primer defecto sistémico), lo que da lugar a dos cuestiones que forman parte de su sistemática.
De una parte, el escenario económico es como el de una partida de póker en la que sólo puede quedar uno con todos los depósitos, como las fieras frente a la presa que tienen que adueñarse de ella sí o sí para la supervivencia. Lo que lleva al fracaso de todos frente al único que queda, es decir, a alguna forma de totalitarismo, que se está viendo en cómo el Capital se agrupa en un único capital.
De otra parte, ese proceso de eliminación de los competidores se realiza por asfixia económica, es decir, llevando al límite todas las posibilidades de supervivencia, para ahogarlo económicamente y quedarse con su parte del negocio. Al tiempo que llevan a ese ahogamiento a todo el entramado económico porque el mecanismo para alcanzar ese fin se fundamenta en la bajada de precios en aquello que existe competencia (a la subida en lo que no), que lleva aparejada la bajada de precios de ese entramado, incluido los laborales.
En consecuencia es un sistema destinado a llevar el potencial propio al máximo y, los otros, al mínimo, al cero, a la pobreza extrema, haciendo que su sistema de referencia no pueda subir de ese valor. Frente aquello que decíamos de 0-8 voltios y 2-10 voltios, como alternativa, está lo primero por siempre. Nuestro sistema económico no permite la elevación económica de aquéllos que son innecesarios para el Capital y de aquéllos que representan una competencia, lo que lleva a las condiciones de indignidad o calamidad a sectores cada vez más amplios de la masa social.
Esto, además  de ser una sistematización perversa, es una sistematización absurda porque no persigue ya tanto el beneficio [beneficio, que va a menos por la propia dinámica (la de la bajada de precios)], como sobrevivir a la dinámica, pero además de una forma engañosamente ineludible, porque parece ineludible que el final de esa dinámica tenga que ser el potencial cero, y no lo es. Es decir, que si algo lo decrementamos y no le ponemos límite llegará al cero (como podría llegar al -5), pero le podemos poner el límite, funcionando el sistema exactamente igual, o mejor.
Lo abordaré más tarde dentro del marco que voy a desarrollar, de momento sólo decir que una referencia es sólo eso, una referencia, que el sistema toma como tal sea cual sea, que asume. Sólo hay que ver que elevan el precio de producción de las cosas (la referencia) por determinadas disposiciones, por ejemplo, por el respeto medioambiental, y no pasa nada: es la nueva referencia para el coste del producto, para su producción. El respeto al medio ambiente pasa a ser un factor a la hora de evaluar lo que en economía se llama la frontera de posibilidades de producción (FPP). Es decir, las posibilidades de producir nuestros productos de forma eficiente, considerando ese factor, esa carga añadida. Pues bien, el bienestar social sería un factor más para la producción: se produce y se comercializa garantizando el bienestar social, aunque represente costes. Esto marcaría una directriz, es decir, marca una línea maestra. Sólo había que hacer las leyes correspondientes para llevarlo a la realidad.
Un factor que muy bien podría venir compensado por otros factores, en una perfecta simbiosis entre sociedad, Estado y empresa. Muy distinto a la supresión de la misma acaecida durante los años 80, en los que se encargaron de cribar todas las empresas mediante los criterios del Capital. Criterios de optimización por los que no se permitía, entre otras cosas, que una empresa pudiera ser ayudada estatalmente, en ese “tú sola, hasta donde puedas, y si no caput”. Que en buena medida nos ha llevado a esto, porque representaron las primeras concesiones al Capital, a su modelo (amparado muchas veces por gobiernos socialistas), presentado como única posibilidad o vía de desarrollo. Criterios por los que no se permitía, entre otras cosas, que una empresa pudiera ser ayudada estatalmente, en ese “tú sola, hasta donde puedas, y si no caput”. Que en buena medida nos ha llevado a esto, porque representaron las primeras concesiones al Capital, a su modelo (amparado muchas veces por gobiernos socialistas socialdemócratas e incluso socialistas), toda vez que es presentada esa optimización como única posibilidad hacia el desarrollo.
La cuestión es, según el marco, cuando es subvención a la ineficacia o competencia desleal, y cuando es el recurso perfecto para la ocupación de la ciudadanía y la viabilidad de las empresas que de otra forma estarían abocadas a la desaparición con todo lo que conlleva. La competencia desleal desaparece cuando se está en condiciones de tabular una contraprestación. Y cuando se está en condiciones de tabular una contraprestación, entonces no son políticas de subsidio sino de  Vasos Comunicantes (VVCC), que son las que se tendrían que haber promovido en esa época.
Toca ahora desarrollar mínimamente la política laboral de VVCC, que muy bien podría ser un germen de todo lo que se pretende (o fase intermedia), que se podría instalar sin más consideraciones en el marco económico actual, en el contexto de una reforma laboral, como ya dije, como solución de urgencia, elegante y efectiva, a todas las problemáticas económicas existentes que estamos tratando.
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Antes que nada hay que decir, al margen de todo lo dicho y de lo que se pueda decir, o, si se quiere, como parte fundamental de todo ello, que hay que corregir una cuestión respecto de los costes laborales:
1ª Dado que el número de trabajadores va a menos, el conjunto Sociedad+Estado tiene igualmente que recibir un fijo por este concepto, al margen de los trabajadores reales. Digamos el 25% del beneficio bruto (antes de descontar sueldos). Dicho de otra forma, el empresario debe pagar el 25% fijo al margen de lo que luego le repercuta al trabajador en sueldos y cotizaciones.
Todo lo que se haga que no contemple esto, es cuento chino. No sirve. Y no sirve porque no contempla la principal causa en la merma del flujo económico a sociedad (la optimización o sustitución de esos trabajadores). Luego se podrá poner una tasa, pero eso no compensa: si queremos distribuir la riqueza, tenemos que tener riqueza que distribuir.
Dicho esto:
2ª Los trabajadores tienen que cobrar un mínimo a cargo de ese 25%.
No sólo el mínimo adscrito al salario mínimo interprofesional (S.M.I), que en realidad podría quedar como un mínimo social. Sino un mínimo profesional real de, por ejemplo, 1400 euros+600 de cotización=2000.
También se puede establecer un máximo (5000 =3700+1300), al margen de que se pueda superar por el abanico salarial de las empresas.
Las cantidades y los % son para el ejemplo.
3ª Ese 25% cubrirá el número de trabajadores sea cual sea, sobre ese mínimo de 2000, y sin sobrepasar el máximo. De tal modo que:
4º Si sobrepasa el máximo, el diferencial es para el Estado (es decir, que si los 5000 euros por el nº de trabajadores no llega al 25%, ese resto iría al Estado).
5ª Si no llega la empresa con el 25% al mínimo para pagar el mínimo salarial por cualquier situación particular de la empresa, el Estado lo compensaría a expensas de contrastar la viabilidad.
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Esto son los VVCC en una primera aproximación, que solucionarían el 90% de los problemas en sociedad. Presentes y futuros. El empresario puede elegir tener más trabajadores o menos sobre el mismo valor del 25% (de acuerdo a sus necesidades y las características de los puestos). A unos les puede resultar interesante engordar el sueldo hasta llegar a uno de los límites y a otros utilizar ese diferencial para nuevas contrataciones.
El Estado sabe que el 25% llega a la sociedad, bien a través de los trabajadores (en forma de sueldos y cotizaciones) bien directamente. En un caso se da lugar a una mayor ocupación y a una redistribución de la riqueza de primer orden a cargo del empresario, y en el otro, a los recursos económicos para una redistribución de 2º orden a cargo del Estado. En ambos casos  se mantiene el nivel de referencia.
El trabajador está sobre un mínimo, y, derivado de su dedicación y de las posibilidades, puede tener una compensación económica real. Y una idea contable del valor de la misma, lo que, además, haría más visible el rendimiento real de las empresas de cara la fiscalidad de las mismas.
Vemos que este sistema no sólo reduce la fractura social y la económica, sino que incorpora una serie de elementos de higiene empresarial y fiscal, y un mantenimiento claro de los sueldos de acuerdo al poder económico de las empresas… Y su correspondiente cotización a la seguridad social, con el consiguiente mantenimiento de las pensiones.
No puede ser que se diga “no hay dinero”. El beneficio tiene que ser necesariamente eso que queda de forma razonable después de garantizar el sostenimiento de la sociedad y, por supuesto, el de la empresa que lo genera, y su beneficio.
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Podemos hacer políticas destinadas a acercar los polos distantes, o hacer políticas que contribuyan a aumentar su distancia. Políticas que además sacan lo peor de nosotros porque llevan esa distancia en forma de desajuste, a lo que somos, a nuestra forma de entender las cosas, al plano psicológico. Que a su vez se materializa en conductas sociales (como la competitividad a ultranza, ya reseñada), por cuanto las cosas son luego la expresión de nuestra forma de entender las cosas.
Este es el caso de otro desajuste psicológico, diría moral o emocional que constituye, junto a la competitividad, una de las grandes rémoras de nuestro sistema social (segundo defecto sistémico), y que es el que deriva del concepto histórico de caridad (de la caridad), o, para ser más exactos, de su adulteración (que quedará sin sentido por el modelo en ese marco de saneamiento ocupacional que acabamos de presentar).
En efecto, como indica Diana Wood:
En el siglo XII, Graciano reunió textos patrísticos sobre los criterios necesarios para dar caridad…
Y hubo cambios. Resumiendo a Wood, de la misma manera que se cambió la concepción frente a la riqueza y el trabajo, se modificó respecto a la caridad, llegándose a considerar una práctica ideada para el mantenimiento de vagos (otro lazo de la  Iglesia roto por la burguesía).
Este pensamiento (1), junto a la situación social (2) y la opción personal (3), ha establecido una línea divisoria, por la que nos diferenciamos a nosotros mismos más que por cualquier otra cosa: entre los subsidiados y los que no. Muchas veces, y será cada vez más, sin tener oportunidad (los primeros) de poder dejar de serlo. Y que nos diferenciamos más que por otra cosa cualquiera porque lleva aparejado, se esté en el nivel que se esté, una sensación de expolio o sangrado. En buena medida por la arbitraria administración de los flujos de riqueza, por su inoperancia, o el débil fundamento social. Lo que demuestra que no sólo se precisa de herramientas de redistribución sino también, de un cuerpo teórico que las haga entendibles: un modelo social.
Podríamos decir, como principio suficiente de ese cuerpo teórico, que en sentido estricto nada de lo que tenemos nos pertenece, que sólo podemos y debemos usar las cosas lo mejor posible (también podríamos acudir a la filosofía de Locke), pero hasta que seamos capaces de asumir esto o hacerlo nuestro, de revalidarlo con comportamientos irreprochables, tendremos que buscar otros argumentos.
Sin modelo convivimos con todas esas cosas, con todos esos sentimientos y con todas las disposiciones que se derivan. Sin modelo convivimos también con todas las imposiciones del Capital (sin réplica posible) que llevan implícitas la anulación del individuo, bien, social, por verse incapaz de alcanzar los recursos básicos, bien, moral, porque eso le exige dejar lo que son como personas a un lado. Lo que somos como personas.
No tenemos ni idea del poder que da ser el dueño de los recursos de otro. ¿Ustedes saben lo tirano que puede llegar a ser el dueño de una zapatería (por ejemplo) con un dependiente de la misma? Eso es la anulación del individuo 4, 8, 12 horas al día. Luego, o no hay legislación al respecto, o no  responde  en tiempo y forma, o goza del desequilibrio general que goza toda la legislación.
Quien manda, no tiene ni por qué ser delicado, ni exacto en sus afirmaciones, ni tener razonamientos inteligentes. Por su parte todo es graciable, lo que hace haber, de partida, dos clases de personas en sociedad. La fuerza económica está sujeta al poder del dinero, y la moral o la personal, también.
Ésa es una de las cosas de mi lista de las 100 cosas. En el siglo XXI se quiere resolver el problema del abuso de género y se deja atrás el que he mencionado, que es tan sordo y tan antiguo como aquél, el abuso de poder en todas sus formas (tercer defecto sistémico), y el de la enajenación, la pérdida de dignidad que lleva aparejado. Que establece un conflicto continuo entre polos y una degradación en el flujo porque define una separación, no ya económica sino moral, entre ellos. Contraria a cualquier entendimiento, y, en consecuencia, a cualquier proceso colaborativo o productivo.
Vemos que  los VVCC (junto a la ampliación FPP) es la piedra angular de todo lo que estamos tratando o hemos tratado hasta aquí, pero no sólo de esto, también de todo lo que queramos tratar. Por ejemplo, hablamos de la igualdad entre hombre y mujer, y es mentira, no hay igualdad ni puede haberla: sólo vasos comunicantes.
No se trata de hacer iguales dos cosas que no son iguales (2 polos) sino de que tengan la comunicación óptima. Podemos decirlo de otra manera no pueden pretender ser iguales, sólo alcanzar una relación de simetría entre ellos, por cuanto la asimetría es lo peor que puede haber en una relación.
Podemos hablar de la simetría o de la relación igualitaria entre polos o de VVCC, referido a cualquier orden de la vida, como medida de su altura o nivel de armonía, por cuanto algo que está constituido de partes puede funcionar como un todo (como uno) desde la armonización de sus partes o desde la imposición de una de ellas.
Referido al tema que nos ocupa, también…, pero será después de exponer algunas cuestiones esenciales, y otras formales, que son las que nos permitirán hacer de los VVCC algo más que una herramienta, esto es, que deje de ser herramienta económica para ser fundamento social.







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