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martes, 20 de noviembre de 2018

CRÍTICA DE LA RAZÓN SOCIAL 7/10


ACCIÓN POLÍTICA


(1) Terminé la parte anterior preguntándome al respecto de la eficiencia del poder político, y por cuáles habían sido sus aportaciones sobre una cuestión tan importante para el desarrollo social como la jurisprudencia, que dice mucho de la altura social.
No me refiero al desarrollo de las leyes sino al funcionamiento del sistema judicial. Hablo de la respuesta a este problema, que lleva aparejada una mejora estructural, funcional y seguro que económica. Me pregunto por “en qué consiste su verdadero estar en las cosas” del poder político.
A decir verdad por los resultados de los veinte últimos años, ni los partidos ni el poder político, han tenido ni tienen un planteamiento de mejorar de las cosas a este respecto. Llenan los programas electorales siempre de las mismas cosas, y las importantes se la dejan atrás.
La cuestión incluso puede ser sencilla. ¿Nadie ha pensado, por ejemplo, en hacer una ley de consumo ambiciosa que lleve toda esa morralla judicial a un perfil administrativo de forma eficiente: una primera instancia? Dando solución por un lado y desahogando por el otro.  Como hace Paypal, a efectos de los conflictos asociados al comercio, para que nos entendamos, pero con más pretensiones y con la garantía del Estado.
¿Nadie está ahí para apuntar en qué falla el sistema y mejorarlo? Está claro que no. Está claro que al poder político no le interesa un sistema judicial ágil y eficiente, le interesa uno que preserve lo que a él le interesa preservar. Entre otras cosas, lo que circunstancialmente les puede representar como negocio, o se lo representa al gremio profesional con el que tienen un vínculo natural.
(2) Lo mismo o más se podría decir de la educación. Llevan, eso, veinte años cambiando los modelos pero sin llegar al meollo del asunto, es decir, no llegan a imaginar ni de lejos qué es lo que hay que hacer para que los alumnos aprendan más y mejor. ¿Se trata de eso, no?
Tal vez no. Cambian o tratan de cambiar por la ley cien cosas, y las cinco que sirven se las dejan atrás. Son cinco cosas, las únicas que establecen la diferencia entre un ambiente propicio para enseñanza y el aprendizaje, y otro que no. Y ellos, los políticos, no las cambian. Mitad Ignorancia, mitad intencionalidad (la de, según quien, favorecer y no molestar a unos y sí a otros). La de tocar sí, pero según qué cosas.
Nada de someter todo a criterios de calidad y eficiencia educativa e igualdad de oportunidades. No les interesa la enseñanza, les interesa el modelo: Educación para la ciudadanía versus religión. Gratis versus no-gratis.
Eso es todo, y todo lo que es, es como eso. Y todo lo que no es como eso es dejación estructurada, elevada al 3 por los recortes interesados: mundanización de la educación y socialización del fracaso de unos, y articulación de los mecanismos para conseguir que la educación gratuita no sea completa ni de calidad, de los otros.
Esto último es el Plan Bolonia, consecuencia, como ya dije, de la elevación del potencial del polo intermedio.
(Pensemos que el grupo de los desarrolladores no precisa un amplio soporte social, se puede nutrir de las clases pudientes y de aquéllos que destaquen claramente. Lo demás es gasto, competencia, conocimiento inútil, contrario al modelo que se quiere establecer).
(3) Volviendo a la cuestión presupuestaria, hay una necesidad ya de 2000 millones para pagar, digamos, un 2% más en pensiones, tenemos un colchón de 60.000, y nadie dice nada. Están: “vamos a ver de dónde lo sacamos…”. Parece evidente que si hay una solución y no se aplica es que no quieren, que algo que no sabemos se lo impide. Y que se lo ha impedido sea cual sea el gobierno a lo largo de los últimos veinte años.
Y vemos que eso que se lo impide se lo impide hasta que ocurre algo que se lo deja de impedir, y se saca el dinero. Lo que demuestra que por encima de las políticas presupuestarias hay otras, otras finalidades superiores que son las que marcan las actuaciones de su calendario, para el modelo del Capital, improrrogables a no ser que algo aconseje contemporizar y dilatar, porque, como dije, ellos no quieren precipitar al colapso sino que todo vaya llevando poco a poco el ritmo de lo inevitable, de lo que va cayendo por su peso. Y para que caiga sacan justo los 2000 millones, no 4000 millones.
(4) A decir verdad, más bien parece que no quieren recaudar esos 60000 millones para no verse en la obligación de tener que hacer esta sociedad mejor (lo que cuadraría con lo de los objetivos del Capital, una vez más). Incluso tener un déficit equivalente al PIB podría ser la cuartada perfecta. Pensemos que han preferido endeudar el país, recortar 5000 millones en sanidad y educación, dejándolos en cuadros, antes que buscar ese dinero, correspondiente a la fiscalidad del 20% del PIB defraudado, que muy bien podría saldar nuestra cuenta en pocos años, además de generar riqueza.
Y se demuestra que no quieren arreglar nada porque no arreglan ni siquiera cuando no lleva aparejado un gasto. Pongo por caso el rescate de la banca:
Vamos a suponer que desde alguna perspectiva fuese necesario socorrer el desastre (según Rato provocado por unas declaraciones de De guindos). Bueno, vale, pero ¿por qué no forman parte del pago todas las viviendas de su parque? Propiciando un más que interesante parque estatal de viviendas, con todo lo que supone esto respecto al dinamismo profesional y social.
Y, sobre todo, esto mismo sobre las que llevan aparejado un expediente de desahucio. Yo remití una propuesta a la Presidencia del Gobierno en este sentido, que luego subí a change.org, en la que mostraba cómo simplemente haciéndose el Estado copropietario de las viviendas se solucionaba el tema social habitacional sin costarle un euro a nadie, a expensas de pasar a propiedad del ciudadano desahuciado si pagaba finalmente por cesar su calamidad económica o del Estado si no lo hacía. Podía ser esa una solución a tres bandas (en la que cada una se beneficiaba de algo). No se entiende que no se hiciera esto o algo parecido. Bueno, sí se entiende en la clave que he presentado, la de cargar más el déficit para que parezca más inalcanzable cualquier mejora social, y mantener el polo superior a su nivel.
Una vez más algo impide actuar, o aconseja hacer lo contrario de lo que todos podríamos entender razonable.
(5) Si nos fijamos he ido de la ineficiencia presupuestaria del Estado para abordar los temas, a la ineficiencia “a secas”, sin gasto, para abordar los temas, y de ahí a la ineficiencia interesada o perpetrada para abordar los temas. Y antes de eso, desde la incapacidad endógena, es decir, esa que les inutiliza o inhabilita por lo que son o pretenden, por su credo, su memoria o sus dependencias.
Podría pensarse que es ganas de airear toda la mierda, pero es que son todos los temas: financiación de partidos, Tribunal de cuentas, cupo vasco, ley electoral, independencia del poder judicial y su CGPJ, aforamiento de diputados, Senado, y más, además de lo ya expresado. De todos los temas importantes hablan lo justo para mostrar que tienen un posicionamiento, pero no arreglan. No encuentran la oportunidad. Nunca la encuentran.
Ellos mismos se encargan de desinflarlos, de pasar a la siguiente cuestión cuando les sobrepasa o les interesa. Se queda ahí… Y si luego tienen la oportunidad, pasan a la cola, porque ahora ya no les conviene. Ahora que son poder y no necesitan el consenso no les conviene que el poder judicial sea independiente, ahora que son mayoría no les conviene otra ley electoral. El gesto es solemne, pero los actos, no. Todo, mentira.
Luego nosotros tenemos que aguantar sus mentiras y elegir al menos mentiroso, al menos dañino. Y sufrir el deficiente avance social que permiten las pocas cosas que no son mentiras, las pocas que no comportan algún tipo de impedimento. ¿Qué hace realmente el poder político o ha hecho tradicionalmente? Aprobar leyes que prácticamente no tienen incidencia social, leyes técnicas que vienen a corregir, matizar otras, mientras que las cuestiones que tienen una trascendencia social están en barbecho, en un barbecho intencionado, salvo que tengan un carácter restrictivo  o sea tan fundamentales o ineludible como la Ley de Presupuestos: 1500 votaciones en 2017, y yo no he notado nada en sociedad.
Las cosas importantes se agotan en el debate izquierda-derecha, en el que algunas de las partes verdaderamente no quieren cambiar nada porque piensan que están bien como están, y que en realidad no quieren mejorar la sociedad, la quieren estable para hacer sus negocios, es decir, los del Capital, o cambiarla en función de éstos. En tanto que los otros están ausentes de un verdadero hilo conductor, y sólo sirven para recoger desesperanza, y en el mejor de los casos mitigarla, pero sin un plan real, o sin determinación.
(6) Cuando uno piensa en solucionar las cosas y dar ideas para ello, incluso en tratar de definir claramente el problema (como intento ahora yo), llega a comprender que no merece la pena, que no es una cuestión de soluciones, sino de actitud… Que en realidad sobran las ideas, y que en buena medida les sobra cualquier idea.
Voy a dar una idea, una idea de esas que sobran porque ya la saben: “El Tribunal de cuentas”.
Está claro que es inoperativo, que no tiene poder ejecutivo, que actúa tarde y mal. La diferencia entre lo que hacen y lo que deberían hacer la sabe el poder político. Si no lo saben se lo decimos. El camino entre una cosa y otra también. No lo hacen, no lo recorren, porque no quieren, es evidente, porque no les interesa.
No pueden alegar ignorancia. Tampoco pueden alegar falta de consenso. Se trata de que funcione, de que cumpla la función más elemental. Sobre eso no hay discrepancia posible. No pueden, en consecuencia, acreditar limpieza. Sólo interés particular.
La pregunta es: ¿si ya saben lo que saben por qué no lo arreglan ya, en cinco minutos, sobre la marcha, como quien tiene un problema que le importa porque le está afectando al funcionamiento de la sociedad, de su sociedad? Como harían con un problema personal.
¿Y (no haciéndolo) por qué no nos dan explicaciones serias? Resulta que la limpiadora que se olvida limpiar un servicio tiene que explicar por qué, y ellos que tienen la responsabilidad más alta, eluden responder de sus actos, y de sus dejaciones (incluso con altanería), y se encubren utilizando, además, todos los resortes del Estado, todas las posibilidades de un Estado, que no son pocos (incluido un trato judicial deferente). Y mienten sobre lo evidente como si tuvieran que perder más que nadie, con toda la indignidad. Tal vez, sabiendo que todo lo que pierden.
Como dije con el Capital, que sepan que nos estamos dando cuenta, que lo hacen, pero que nos damos cuenta.
 (7) Efectivamente, muchas veces no es una cuestión de soluciones, sino de actitud, pero otras muchas es una cuestión de soluciones, de las carencias reales de esas soluciones, de la falta real de propuestas, de la incapacidad de salir de las recetas de siempre a los problemas (de siempre), planteados siempre en la misma clave… (p.ej. los mercados), de la incapacidad para inventar. A pesar de ser, supuestamente, los más listos.
Ya dije, y sabemos, que esas recetas no van a servir para el futuro… ¿Cuándo acudimos, cuando el daño sea irreparable? Sólo se sabe corregir o enmendar los excesos. Este es el caso de tantas y tantas serie de acciones y reacciones, reducidas a lucha de opuestos, como la Reforma Laboral.
Que las políticas de derechas utilicen este mecanismo, se entiende, pero que las de izquierdas sólo sepa actuar desmoronando (o medio desmoronando) las acciones es lamentable, desalentador, sobre todo porque las primeras (las de las derechas) así van hacia su modelo y las de izquierdas, a ninguna parte. De tal modo, que en cada vaivén derecha-izquierda nos alejamos de un modelo y nos acercamos al otro.
Hay que superar esa lucha de opuestos, la fractura social, cambiar las políticas de balancín (basadas en el interés), que oscilan a un lado y a otro, por las de vasos comunicantes (VVCC), que ya hemos mencionado.
¿Qué es una política de VVCC? Bueno, pues una que vincule la suerte de los dos polos: el contratador y el contratado, por ejemplo, a efectos de lo laboral. A estos efectos, puede ser algo, tan sencillo como hacer por ley a los asalariados partícipes de la empresa, es decir, que tengan una participación temporal en ella. Eso sí es transformar. Eso sí es revolucionar. Eso sí es salir de esa dualidad. Eso sí es inventar.
Lo desarrollaré más adelante, pero podemos darnos cuenta, sin más, que esto además de mejorar el circuito económico introduce un elemento de higiene social, tanto en la empresa como en la sociedad, definida la higiene social como eso que sanea el funcionamiento de una sociedad.
La función del político es encontrar esos elementos de higiene social. A partir de ahí el debate social puede establecerse limpio y productivo sobre lo que de verdad importa.
(8) Hablemos de las cosas menos grandes que repercuten en la vida de la gente. Cosas, algunas, que funcionaban y han dejado de funcionar (como tener un médico o un trasporte o una medicina).
¿Hay preocupación o no hay preocupación? Sabemos de gente sin médico en zona rurales, pero sabemos también que en las urbanas tardan un año en obtener una cita de especialista y que el médico de familia hace lo imposible por no promoverla. Y, que probablemente ese deterioro se convierta en la gratificación o el “incentivo por objetivos” de alguien. ¿Hay preocupación o sólo gestión?
Yo no conozco toda la problemática pero otros sí. Están los secretarios, subsecretarios y directores. Para eso están, para catalizar las problemáticas o elevarlas. Para eso están las comisiones de seguimiento, para seguirlas y desarrollarlas.
No creo que sea por falta de políticos, Tenemos esos más de 8000 alcaldes, que se entienden comprometidos. ¿Por qué no se hace cada uno de ellos responsable de una de esas problemáticas, encargado de su seguimiento, elevan un encaje social, y motivan toda una suerte de posibilidades? Y tenemos además más de 80000 concejales.
La función pública y la política como parte de ella parece estar sustentada en la indeterminación de la tarea y en la indeterminación de quien la asume, lo que la hace escasamente fiscalizable. Llegado el caso hasta el ministro dice: “no, esto, no, yo esto no…, esto no es mío” (inadmisible). Pareciera como si el político no tuviera objetivos y todos los objetivos alcanzados fueran graciables o tuviéramos el “cero” como referencia en nuestras aspiraciones. Amparados muchas veces en la cuestión presupuestaria.
La cuestión presupuestaria en cualquier caso es sólo una excusa o una forma de camuflar la ineficiencia de la que hablo. Hay cosas en sociedad que no representan gasto, que no están sujetas a la percepción, que representan una injusticia o una agresión flagrante y que sin embargo están ahí, recordándonos lo poco desarrollada que es nuestra sociedad.
Yo no conozco todas las problemáticas, pero algunas sí: alquiler-ocupas-booling-venta excedente energético de autoconsumo (en la tele salen tres todos los días).
Un ejemplo: sabemos que el mundo de la cultura tiene un conflicto entre el cobro de la pensión y cualquier otra actividad en el ámbito cultural. Digo sabemos porque este colectivo tiene voz, de otros ni lo sabemos.
La cuestión es: ¿por qué no lo arreglan? Lo digo otra vez: ¿por qué no arreglamos por lo menos lo que no está sujeto a criterio, no representa gasto, es claramente lesivo y sólo precisa regulación?
Lo útil va por un lado y la política por otro. No hay un mínimo sentido de “utilidad pública de la medidas”. De esfuerzo inteligente, definido, entregado a esa utilidad.
Y otra pregunta: ¿por qué no arreglamos las cosas que sabemos y luego vemos lo que no sabemos? Y vamos tachando: la lista de las 100 cosas. Y avanzando.
Los afectados por la cuestión del ejemplo podrían  (deberían), como agravio comparativo y derecho fundamental, llevarlo al Constitucional. La cuestión es: ¿por qué tenemos las personas que reclamar algo fundamental, dado que es fundamental, y lo fundamental tiene que estar por defecto? ¿Por qué nadie lo hace suyo, parte de su responsabilidad?
Lo podemos preguntar de otra forma, ¿cuántas de las cosas que funcionan mal están en la lista de alguien, de “cosas que están mal”, o por el contrario las tenemos asumidas y abandonadas?
¿Cuántas en una comisión de seguimiento que no sigue nadie?
(9) ¿Por qué el poder político no hace nada, y, cuando lo hace, lo hace porque no tiene más remedio, tarde y mal, ralentizando hasta lo indecible el avance social? ¿Es interés (en otras cosas)? ¿Es desinterés? Como si los temas estuvieran ahí y ellos en otras ocupaciones. Más que para arreglar cosas parece que el poder político esté para garantizar que la sociedad se mantenga en un eterno y penoso equilibrio indiferente (que no represente un problema).
Si esto fuera una empresa privada estarían todos en la calle, por incumplimiento, por ineficacia, por ir en contra de los intereses de la empresa (por falta de entrega y compromiso), por falta de resultados, y por muchas más cosas. Y sin embargo tienen la mejor consideración social y todas las oportunidades. Y no porque todos tengan esa falta de compromiso y todo lo demás. No es así. Pero esto es como la rueda de una noria, en la que unos empujan, y otros tiran del revés (la lucha de opuestos otra vez). Y en la que, en cualquier caso, por mucho que se empuje no va hacer otra cosa que dar vueltas en círculos. Por eso muchos, muchos…, muchos, no hacen otra cosa que colgase en ella, y dejarse arrastrar y llevar. Esperando la oportunidad de dar el salto.
El movimiento previsible sólo sirve a los especuladores, no a la sociedad.
Yo soy de dar ideas. ¿Alguien se imagina diciéndole a alguno de estos políticos imputados (o imputables) una idea para mejorar algo cuando en realidad tienen la cabeza en sus asuntos, atentos a no decir lo que no pueden decir para que no le pillen, y atentos a decir lo que tienen que decir para aparentar? Bueno, pues con corrupción o sin ella, la política lo que hace es eso.
La política lo que hace es preocuparse de no decir lo que no debe y decir lo que debe, a derecha e izquierda. Eso son muchas personas diciendo una cosa por un lado y mucha diciendo otras por otro, y muy poco espacio para la verdad y para la determinación, para la transformación real de la sociedad. Mucha gente con la cabeza en sus asuntos. 
Mucha gente gestionando y poca resolviendo.
Por cierto, que eso de gestionar y no resolver es muy de nuestros tiempos en todos los ámbitos, muy de la estandarización, promovida por el Hombre del dinero, que ya comenté. En efecto, toda la realidad está empañada de ese requerimiento. No se precisa gente que resuelva sino meras correas de transmisión o de amortiguación de los diferente canales, propios o extraños. Ése es el perfil que se busca y es el que encuentra encaje. La política como cualquier actividad precisaría hombres libres, y así sólo los encuentra hipotecados en origen. Convirtiendo la democracia en una guerra civil, sin sangre, pero de bandos. Y como se sabe, en las guerras no se progresa, y cualquier avance es sólo sobre las líneas enemigas (como se evidencia en el parlamento cada día).
Tenemos que volver a hablar (a propósito del parlamento) de la efectividad política para poner en pie esta realidad Ya dije las votaciones realizadas, y sobre qué. Son 1500 votaciones repartidas en unas 40 sesiones realizadas martes y jueves, básicamente de unas 20 semanas a lo largo del año. 1500 porque para decir “no” hay que decirlo por partes, 15 votaciones para cada cosa.
La información se completa cuando asociamos esas votaciones a los verdaderos elementos de decisión de la actividad plenaria de la legislatura. Así tenemos que en la X (con mayoría absoluta del PP) salieron adelante 6/217 Proposiciones de Ley. Y en el primer curso (año) de la XII (sin mayoría) 2/125 PL y 28/448 PNL. Lo demás a la basura. No parece mucho. No parece muy útil
En todos los trabajos, hay días en los que echando cuentas del resultado, el poco resultado del día, uno se dice para sí: “hoy he hecho una mierda aquí”. Y se ha estado, ocupado, incluso no ha parado, pero por una serie de cuestiones ajenas, el trabajo no ha sido efectivo. Yo me imagino que de acuerdo a la efectividad del trabajo, del que se ve por lo menos (y nos importa), la mayoría de los políticos se deben ir para su casa diciendo lo mismo: “hoy he hecho una mierda aquí”. Aunque psicológicamente, y por lo que les vale, tengan que llenarlo de importancia.
(A) Se trata ahora de hacer cosas importantes, cosas de verdad. La democracia, o esta forma de democracia, está bien cuando se llega a resultados válidos, rápidos y visibles. No siendo así, a lo mejor tenemos que buscar otra forma mejor de proceder, otros mecanismos que nos saquen de la abulia. No podemos estar toda la vida echando pulsos sin fin, dando vueltas en la noria. Subvencionando y respaldando tamaña estafa.
Sabemos que la negociación es lo mejor cuando la alternativa es la confrontación, pero salvado esto, ¿de verdad ésta es la única opción? ¿No hemos aprendido nada? ¿No sirve de nada todo lo que sabemos de todas las disciplinas? ¿No somos capaces de fijar algo que esté por encima de nuestras miserias? Como dije en la presentación, una jerarquía natural de las ideas. ¿No nos damos cuenta que seguimos siendo bárbaros?
Como sabemos hay tres tipos de problemas, los domésticos, los estructurales y los sistémicos. Nadie duda de que los políticos se ocupen y que muchos lo hagan desde la vocación social, pero la verdad es que, no dando solución a las cuestiones capitales, para el tratamiento de las domésticas, para ese grado de complejidad, no nos hacen falta políticos, con administrativos nos vale.
Otros políticos (ya lo dije) simplemente están instalados y sólo llevan una agenda para su uso, viviendo en la apariencia. Y algunos otros incluso emponzoñan el funcionamiento y la paz social al querer dar al interés particular, de un grupo, una relevancia mayor de la que le es natural.
Tenemos por delante problemas de otra importancia y vemos que quien tendría que hacer su trabajo no responde ni con los actuales. No sabe, no puede o no quiere (lo que hace pensar que esconden algo, que participan del mismo credo, o que simplemente no sirven). Tenemos ahí a las puertas la 4ª revolución industrial y nadie dice nada, unos miran al cielo y otros se frotan las manos calculando la oportunidad de negocio.
Es la falta de entrega real y de repuesta a las cuestiones usuales, reales, sobre las que se puede actuar de forma manifiestamente clara y efectiva, la que pone en entredicho sus capacidades frente a las cuestiones en formación, no tan tangibles, que son susceptibles de convertirse en endémicas.
(B) Si nos fijamos todo lo dicho en este subbloque sólo ha servido, al margen de la introducción de algunos elementos de saneamiento económico, para constatar lo que ya dije en la parte anterior, que por "H" o por "B" no existen herramientas para frenar el deterioro de los veinte próximos años… Al igual que no han existido para los anteriores. Ahora sabemos por qué o cómo se sustancia.
O que sí existen, como las que he planteado, pero hay que tomarlas, estar en esa necesidad. No tomándolas, el poder político no hará nada más que certificar que la realidad nos lleva a tal o cual medida, o alargar la agonía mediante otras. Otras como el beneficio fiscal para la constitución de rentas vitalicias a cargo de los bienes inmuebles (ya mencionado), que son, claro está, pan para hoy y hambre para mañana.
Es esta falta de resolución la que pone en entredicho la propia función política, y la que hace que tengamos que buscar otros caminos, otras fórmulas, otras soluciones.


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