El movimiento social actual necesita apoyarse en unos principios fundamentales sobre los que hacer su manifestación pública o declaración de intenciones, y conformar una teoría social en la que reconocerse. La Sociedad Inversa es la síntesis de esos principios (la inversión social y los principios de verdad), y el modelo de sociedad resultante de su aplicación y desarrollo.
Necesitamos una
evaluación libre de toda de toda sensación o percepción particular, porque, no
obstante de todo lo anterior, hay una parte de esto que llamamos desarrollo que
parece avanzar y otra que no, y necesitamos resolver si es sí o es no, Necesitamos
caracterizar matemáticamente la relación entre el desarrollo y el crecimiento
para estar seguros de que efectivamente existe o se da esto que hablamos y determina
nuestra percepción.
Matemáticamente, esta determinación
se expresa simplemente mediante el concepto de proporcionalidad, que puede ser
directa o inversa y que da cuenta, respectivamente de un incremento o
decremento de uno de los aspectos cuando el otro se incrementa.
Nosotros encontramos una ecuación de desarrollo que tiene este
comportamiento, que es, por otra parte, coincidente totalmente con la curva
característica del efecto transistor, lo que nos permite verificar que la
realidad obedece a este patrón.
Es decir, por una parte
encontramos la tal ecuación de desarrollo que tiene proporcionalidad directa
para unos valores e inversa para otros, y por otra identificamos ese cambio de
proporcionalidad en la curva característica, lo que nos permite describir el
mencionado cambio de proporcionalidad, lo que esta representa
socio-económicamente y cómo se da.
La importancia del conjunto ecuación de desarrollo-curva característica
es capital, y lo debería ser para el análisis económico que carece de una
verdadera aproximación científica o verificación de los postulados, lo que
permite vivir en la nada, esto es, decir esto y lo contrario dependiendo de la
teoría económica al uso.
Aquí estamos cambiando el
lenguaje y estamos determinando de forma sencilla qué y cuánto se puede cambiar
de qué porque todo se traduce en una u otra forma de comportamiento sobre el
esquema de trabajo: se resuelve directamente la relación causa-efecto entre
unas variables y otras, lo que permite pretender unos determinados estados y
ajustar las variables para alcanzarlos.SIGUE
En la última aportación a la Teoría social nos preguntamos
qué cosas se pueden cambiar en esta sociedad por quiénes y en virtud de qué, y
si, en consecuencia, es posible algún impulso social que, en caso de necesidad,
nos saque (para esto ha sido cada revolución) del sistema establecido y nos
lleve a otro distinto (mejor), por lo que, de otra parte, resulta pertinente
preguntarnos, de acuerdo con el marco actual, si es necesario ya ese impulso o
incluso si está en marcha y qué evolución cabe esperar de él.
Esto nos lleva a la cuestión de qué sistema social es mejor
que otro y en base a qué.
(La cuestión no debería surgir o ser una consecuencia del
planteamiento inicial sino que debería ser anterior a cualquier planteamiento o
propósito social porque si no se parte de esta premisa toda vale como opción, y
vale como opción —tal como está ocurriendo—cualquier interés o inercia social.)
Aquí nos proponemos responder a estas preguntas e introducir
en el discurso algunos elementos objetivos, caracterizando —como primera
aproximación— el bienestar y el desarrollo mediante la calidad de la ocupación
(cuestión sospechosamente olvidada o ignorada), para establecer finalmente una
dependencia entre dicho bienestar (el desarrollo social, propiamente dicho) y
el crecimiento económico.
Esta dependencia vendrá dada por una ecuación de desarrollo
que representa un estudio analítico del crecimiento y el desarrollo, totalmente
coherente o compatible con la evolución de la curva característica vista en el efecto transistor, y fiel reflejo —en
consecuencia— de toda una casuística de comportamientos socioeconómicos, en
particular de los puestos en juego en las crisis de superproducción y en los
procesos de regresión social en que derivan éstas. Este estudio es esencial en
nuestro tratamiento teórico porque es el que nos permitirá comprender el
comportamiento coyunturalmente antagónico (en algún sentido de una
coyunturalidad ancestral) de estos dos aspectos de la evolución, que finalmente
podremos resolver en el bloque siguiente (Desarrollo y crecimiento), donde se
pondrán de manifiesto los vicios y contradicciones sistémicas, y su posible
solución.
La ecuación de desarrollo explica los diferentes marcos
históricos, las tensiones puestas en juego en las diferentes revoluciones, y
las tensiones puestas en juego en la actualidad, esto es, da cuenta de quién, y
por qué, está estableciendo unas nuevas relaciones de producción, y,
propiciando e impulsando un proceso de bipolarización social, que además se
presenta como ineludible por llevar aparejado toda una transformación cultural,
es decir, toda una manera de concebir las cosas (en base a lo que las cosas son
por sí mismas).
La bipolarización social da lugar a su bipartición, que no
es otra cosa que la destrucción de la clase media, su degradación social y el
establecimiento consecuente de dos grandes grupos sociales de muy distintas
posibilidades, una que lo puede todo y otra que se ve sujeta cada vez más a
condiciones laborales y personales más deprimentes, tanto en los sectores
empresariales debilitados por la propia ley de mercado como en aquéllos para
los que el deterioro sólo representa la posibilidad de poner en marcha una
ambición vieja: un esquema de funcionamiento socioeconómico más útil y acorde a
unas pretensiones diseñadas a largo plazo; en definitiva, el establecimiento de
unas relaciones de producción y de toda una serie de acciones motivadas a tal
efecto.
Existen razones objetivas como son la propia saturación del
sistema y el desarrollo que aconsejan el incremento de la bipolaridad o la
hacen necesaria, y existen razones subjetivas o cuestiones de oportunidad: la
que brinda ahora el avance tecnológico y posibilita al capital desembarazarse
de la servidumbre del conocimiento, esto es, de la ubicación dispersa del mismo
en la masa social; lo que no es sino una parte de un proceso más general de
estandarización que permite tomar como indistinguible a toda la masa humana
como masa laboral. En esto consiste la aludida transformación cultural puesta
en marcha desde el renacimiento con la dignificación del dinero y el trabajo,
posteriormente en el siglo XX con la incorporación de la mujer al mundo laboral
y que ahora incorporanuevos mecanismos
(ya se verá), que lo son de desespecialización y desestructuración social.
Estas circunstancias hacen de este proceso un proceso de
revolución contrario al que se había venido dando, un proceso que se presenta
sin oposición real, pues se da por un poder que no tiene un contrapoder claro,
y que no parece tenerlímite, que
presenta unas capacidades de sometimiento inusuales, y ya olvidadas, porque
presenta una independencia casi total a la fuerza del trabajo, mientras que la
dependencia del trabajador al mismo (a su escasez), y al que lo promueve, va en
aumento, lo que no puede derivar nada más que en formas modernas de esclavismo.
1- Crecimiento
y desarrollo (7ª entrega)
Resumen. La
precariedad y el paro hacen que hablemos de ocupación y que ni por un asomo lo
hagamos de la calidad de la ocupación. La precariedad hace que queramos estar
ocupados a cualquier precio, de cualquier modo, que esa ocupación sea sinónimo
de “oportunidades” y que no quepa otra posibilidad ni ningún cuestionamiento,
ni reparemos hasta que punto esta forma de vida se aparta de nuestras posibilidades
de estar y se emplean en cambio otras formas de estar que se presentan como
inevitables, y que como tal se asumen; y se asume como parte de un proceso
natural (parte de la vida o castigo divino) toda degradación, toda ocupación
estéril, abusiva o infame.
No sólo nos
referimos a la ocupación laboral sino a las posibilidades de ocuparnos en la
vida satisfactoriamente o las de poder estar felizmente desocupados. Esto es lo
que debería procurar el desarrollo social elevado y lo que ha querido el hombre
desde siempre para sí (o debería querer), y lo que no alcanza en tanto se
interponen toda clase de contratiempos y servidumbres.
En la 7ª entrega, en ese intento
más general de caracterizar nuestra altura social, la relación entre
crecimiento y desarrollo, y de identificar en qué puede ser mejorado nuestro
sistema social, abordamos la calidad dela ocupación como primera medida de
nuestro grado de bienestar o idea que —si bien en algún modo puede ser
subjetiva— puede dar cuenta de él, porque puede dar cuenta de hasta qué punto
está el sistema orientado a la necesidad (que se trata de satisfacer de
cualquier forma) o a todo aquello que se puede realizar con la necesidad
cubierta.SIGUE
Sin duda uno
de las cuestiones más importantes que debe tratar una sociedad, al igual que su
modelo judicial, es su modelo de educación. El primero para garantizar la
supresión de tensiones innecesarias entre los elementos de la sociedad, y el
segundo —una vez creado ese espacio de concordia—, para muchísimas cuestiones
sensibles y capitales como es la pervivencia del propio modelo social, esto es,
su retransmisión a las generaciones futuras, y el establecimiento del propio
modelo y su desarrollo en el marco adecuado, que hoy por hoy no puede ser nada
más que la sociedad del conocimiento. Esto supone una mirada al pasado y una
mirada al futuro.
Precisamente
por esto último, es aquí donde más difícilmente se pueden poner de acuerdo los
sistemas políticos cargados ideológicamente o que simplemente presentan
perspectivas claramente irreconciliables respecto a esos dos momentos. Y es
precisamente por esto que es aquí donde hace falta un punto de vista superior.
Vamos por partes.
Parece del
todo evidente que ni la derecha ni la izquierda tienen la patente de corso o la
certidumbre respecto a la supremacía de un modelo educativo, parece evidente
que en lo que respecta al fracaso escolar, con todo lo que éste repercute en la
vida personal y laboral, estamos a la cabeza de Europa y que ningún reforma ha
venido sino a enturbiar el panorama y a ser (salvo para alguna cuestiones
relacionadas con la adecuación a los nuevos tiempos) inútil, parece evidente
que estas reformas están más encaminadas a buscar parcelas políticas de
decisión para hacer y poder hacer cambios interesados, que para hacer
verdaderos cambios o transformaciones sustanciales que nos saquen de este pasmo,
parece evidente que entre esos cambios interesados están los referidos
ideológicos o doctrinales que nada interesan a la sociedad ni le resulta
interesantes porque les apartan del verdadero problema.
Este continuo
toma y daca ni le resulta interesante a la sociedad ni la sociedad se lo
merece: no nos lo merecemos. La sociedad necesita un camino alternativo a la
eterna lucha de doctrinas, de la doctrina pseudo-ética con la pseudo-social, y
alcanzar una determinación suficiente que nos aparte de la indeterminación
improductiva. Esto es el principio de
verdad, doblemente necesario por cuanto nos acerca a algo y nos aleja de
otro algo que nos consume sin remisión.
Sin remisión,
porque ahora llegan éstos y hacen esto y luego llegaron los otros y harán lo
contrario, en tanto que nosotros no necesitamos ni esto ni lo contrario sino
algo diferente, esto es, un análisis de los problemas o más concretamente del
problema de la educación en el seno de la sociedad y de forma particular en el
sistema educativo.
Nosotros
trataremos esos dos capítulos cuando tratemos los principios de verdad y cuando desarrollemos sus repercusiones en el
marco de la propia Teoría. De momento sólo manifestar la sinrazón política,
fruto sin duda de la social, y de la ceguera o incapacidad de ver a la sociedad
como la presentaba Salvador Espriu en su “Assaig de cántic en el Temple (Ensayo
de cántico en el Templo)” y cantaba Ovidi Montllor.
Oh!, què cansat estic de la meva
covarda,
Oh!, qué cansadoestoyde micobarde,
vella, tan salvatge terra,
vieja,tan salvajetierra,
i com m'agradaria
d'allunyar-me'n,
y como me gustaríaalejarme,
nord enllà, on diuen que la gent
és neta,
allí al norte, en dondedicen
quela gente eslimpia,
i noble, culta, rica, lliure,
y noble, culta, rica, libre,
desvetllada i feliç
despierta y feliz!
No hace falta estar en guerra ni
es preciso un norte físico para anhelar un estado de las cosas mejor como
elemento indispensable de toda transformación. Nuestro norte es una idea, una
forma de ser y estar, limpia, noble, culta, rica, libre, despierta y feliz.
En estos días se debate respecto al incremento o la
incorporación de determinadas tasas judiciales.
El hecho, además de
ser más que probablemente anticonstitucional, es del todo abusivo pues deja a
todo un sector de la población al margen de la ley, más de lo que ya estaba y
más de lo que ya lo estamos todos como consecuencia de la infinidad de
cuestiones estructurales que impiden alcanzar el resarcimiento legitimo y legal,
o hacerlo de forma útil; y del todo injustificado, teniendo en cuenta que ese sector sin recursos económicos ya hace —por
esto mismo— un uso escrupuloso de la justicia (ponderan la posibilidad de éxito
y ahorro de costas) en virtud de lo mucho que le repercute los gastos
profesionales (abogado, procurador, etc.).
Son tantas las voces que cuestionan la legalidad de la
medida y sus aspectos discriminatorios que parece innecesario ahondar sobremanera
en ellos, y sí, en cambio, en los contradictorios, esto es, no tanto en el precio de la justicia como en el precio de la no-justicia y la etiología de la
solución. Son, por tanto, tres cuestiones.
Respecto a la primera, el incremento de las tasas, sólo añadir
que la solución en modo alguno puede ser encarecer el servicio y luego condonar
su coste para determinadas casuísticas sensibles (maltrato, trata de personas,
etc.) porque para todo lo que se acude a la justicia es para alguna forma de
maltrato. Algo parecido ha ocurrido con los desahucios y el tratamiento
especial de determinadas circunstancias y la creencia engañosa de que de este
modo se es sensible a las mismas, y como tal se traslada a la opinión pública
(son líneas rojas o modas en la propia opinión), cuando hay otras muchas tan
dignas o necesitadas como las anteriores; en lo que se presenta como una forma
absurda de ponderar las tragedias personales, muy arraigada entre la clase
política y la propia población.
La segunda es la aplicación de una solución que siempre va
en el mismo sentido maquiavélico, la de dar una solución a cualquier precio,
seguramente por no saber dar otra. Estamos acostumbrado a ello: si se quema un
bosque la solución es prohibir la acampada o el tránsito; si el organismo judicial
está saturado o es deficitario, la solución es encarecerlo o hacerlo accesible
sólo por aquéllos que pueden aportarle un plus económico (así gobierna
cualquiera). Aquí es donde se confunde la necesidad con la ideología que le ha
reprochado el PSOE (aunque no ha sabido explicar), y donde —como en todo lo
ocurrido con la crisis— se confunde la verdadera necesidad con pretensiones
viejas de otra índole.
La tercera es precisamente la incapacidad de aportar una
solución o dar una respuesta que mejore la rentabilidad y la aglomeración a
través de la optimización o eficiencia del sistema judicial, esto es, de
incidir en los verdaderos problemas que dan lugar a la reiteración y
multiplicación de los proceso y, en consecuencia, a la masificación y el gasto:
no se persigue depurar los procesos judiciales —en cambiar el procedimiento
judicial— sino en suprimirlos, no se persigue la supresión de las causas sino
su expresión. No se sabe nada más que de la repercusión económica del problema,
no del problema. Por tanto, no se puede conocer la solución.
Esto es muy propio de la clase política, la incapacidad de
conocer los problemas, los desencadenantes, y, consecuentemente, la solución,
por lo que todo el lenguaje manejado (como si de un programa informático se
tratara) es de alto nivel, de usuario, y totalmente inservible para detectar la
instrucción errónea. Contrariamente utiliza la incorporación o supresión de
grandes bloques de programa (que contiene dicha instrucción errónea) que junto
al problema modifica otras partes, dando lugar, junto a la supuesta solución, a
nuevos desastres estructurales o de sistema. Esto es lo que se hace aquí con
las tasas, coger el problema por las hojas.
———————————
En la sociedad inversa hablamos de higiene. La higiene de
los sistemas tiene que venir dada por ambos elementos. Uno sin el otro es
ineficaz, el otro sin el uno no tiene sentido y es perverso, y es contrario a una
idea elevada de sociedad (lo primero que tenemos que alcanzar): ni las personas
pueden tener tantos resquicios jurídicos que les permita agotar las vías (colapsarlas)
y burlar la justicia, ni tienen por qué reclamar lo que en buena lógica les
corresponde, (ni la sociedad puede permitirse llevar al abandono infinidad de
delitos menores y crear ese sustrato social)
Sobre el primero, naturalmente que tiene que haber un cargo
del coste (ya se vería como se conceptuaría finalmente), pero antes de eso una
tasación real de lo que cuestan lo procesos, y antes de eso tiene que haber una
economía de dichos procesos mediante la optimización lógica y material de los
mismos. Además de esto, el cargo económico debe ponderar la sobreactuación equivocada
sobre una dada como referencia que represente un valor promedialmente acertado
de la realidad.
Lo segundo no vamos a desarrollarlo porque será objeto de
estudio cuando en la Teoría
social tratemos los principios de verdad aplicados al sistema judicial,
pero sí adelantar y decir que en un modelo social que se precie para la
sociedad del siglo XXI tiene que existir otros mecanismos para resolver los
conflictos, y que al igual que ya expresamos respecto a las huelgas o las manifestaciones, se debe ir hacia la verdad desnuda de los conflictos y
jerarquía de las razones y a otra forma extrajudicial de resolverlas, según lo
expuesto también en el Punto 5º de la
Declaración.
Lo tercero entronca con lo anterior. La idea es
(contrariamente a lo que da lugar las medidas tomadas) mostrar y demostrar que el
hecho delictivo será ajusticiado con todas las consecuencias, siendo esto tan
así que en línea opuesta a lo planteado tendría que ser el Estado el que actuara
de oficio y velara por la trasparencia en las relaciones sociales y económicas
de sus ciudadanos, lo que sin duda terminaría con el delito fácil e impune, o
su promoción (con el sustrato mencionado).
Hay que dar otro sentido de justicia y superar un absurdo
igualitarismo por el que todos nos enfrentamos al hecho jurídico en igualdad de
condiciones, que sólo se esclarecen tras someterse a cien leyes contradictorias
u opuestas en vez de una inequívoca o causa primera: todos somos iguales ante
la ley, pero lo cierto es que “la paz social” la rompe alguien, alguien no ha
cumplido, alguien ha hecho algo esencialmente contrario a lo que se espera,
etc.
Aunque no soy muy amigo de los ejemplos, voy a poner uno que
engloba de forma aproximada todo lo dicho. Tras la construcción de una vivencia
hay defectos. Seguramente el 90% de ellos son tan escandalosamente manifiestos
y achacables al constructor que no haría falta para resolverlos nada más que
asumir la responsabilidad, representando el no hacerlo la declaración explícita
o intencionalidad de eludirla. Para ese 90% no hace falta intermediación (todo
lo más administrativa), porque además ya existe jurisprudencia. Si el
constructor no asume ese 90% y fuerza al amparo judicial, es responsabilidad
suya, si el usuario quiere ir más allá de ese 90% y busca amparo judicial es
responsabilidad suya. La cosa es sencilla, la ley debe ser lo suficientemente
clara como para ser entendida por las partes (o sus representantes) y aplicarla
de mutuo acuerdo, quien no la entienda y busque una interpretación ajena (la
del juez) o se vea forzado a ella, quien quiera ampliar la cobertura, debe
asumir el criterio equivocado inicial y todo lo que ha comportado (aparato
judicial) económicamente, esto es, no sólo las costas de las partes como ocurre
ahora (en el mejor de los casos) sino una verdadera penalización. De esta forma
el Estado promueve la solución de los conflictos pero controla la
sobreactuación y no asume su coste.
La idea, por tanto, es diferenciar las cosas esenciales,
separar lo necesario de lo accesorio, establecer una referencia clara (cosa que
no suele interesar a casi nadie) e ir hacia una conexión más directa y rápida
entre lo pretendido y lo alcanzado, y, por tanto, más barata. Con esta
metodología, frente a la vía utilizada, se alcanzaría la supresión de la mitad
de los procesos y la mitad del coste social y económico del resto.
En estos días he finalizado el segundo bloque de la Teoría
social, lo que me viene muy bien para ahondar en ciertos aspectos que
hasta ahora sólo he podido mencionar o tratar de forma indirecta.
Ahí se trata cómo se gestiona la desigualdad de
poder político (bipolaridad política) y cómo ésta da lugar (y ha dado) a la lucha de clases, que constituye —con
su resultado de fuerzas— el motor de la
transformación social.
Aunque la
lucha de clases está ya más que estudiada, no se ha llegado —como aquí—
a un esquematismo suficiente que nos permita entender como tal no sólo la
establecida por el proletariado sino cualquier otra, lo que nos permite, por
otra parte, aplicarlo al momento actual, y alcanzar una mejor perspectiva y un tratamiento
eficiente o estrategia, que no es otra que la que ya apunté en El quinto
poder —para establecer algún tipo de acción estructurada—, y que luego
abordé en la Segunda
comunicación transversal del 15M, donde se expresa la necesidad (con la
que posteriormente coincidió Felipe
González) de que determinados sectores políticos o agentes sociales tomen
posiciones, o se planten en ellas.
Según lo tratado, la única forma de hacer una
acción efectiva es introducir un polo
político intermedio que obligue a un acercamiento de los otros dos —en particular al que representa el poder político activo— a tomar una posición determinada.
Una pregunta sería quién representa ese poder
político activo y otra, quién puede hacer en nuestro contexto de polo
intermedio y de qué manera.
Sobre la primera cuestión, hemos entendido que el
poder político estaba representado por los mercados, por pusilanimidad o
dejación del verdadero poder político, luego hemos visto que era por
indefinición interesada, seguramente condicionada por ese poder del dinero.
Resolvemos que es verdad que los mercados tienen poder, pero más verdad es que éste
se diluye con acciones políticas que hoy por hoy estamos en condiciones de
tomar en Europa, y no se toman. Ya sabemos, en consecuencia, sobre quién
ejercer la acción.
La posibilidad, por otra parte, de ejercer de polo
intermedio viene condicionada por la calidad (lo inmerso que esté en el
sistema) y la cantidad de polo (el respaldo social), que sólo es factible en
este contexto por quien ya es poder, esto es, por el partido mayoritario de la
oposición, que ya dispone de los mecanismos legales (además de los legítimos
que puede tener cualquier otro grupo) y buena parte del aval referido (el de
los incondicionales y el de los necesitados).
Dicho esto sólo queda que quiera, que comprenda la
necesidad de hacer de polo intermedio, y lo que requiere: lo que se requiere
para ser un auténtico polo intermedio y para tener todo el aval. Una cosa lleva
a la otra, y si no hay más respaldo a las acciones sociales (como no lo hay en
la participación democrática actual) es por la dudosa intencionalidad del polo
intermedio y del aval incondicional, es decir, del poder que actúa simplemente
como contrapoder, y de los sindicatos que por encima de otros planteamientos se
alinean con ese contrapoder y se instalan como abanderados del anticapitalismo
cuando han sido ellos y son ellos quienes han avalado en las empresas, una por
una, estas formas, interesadamente, permitiendo lo que ahora denuncian, siendo
cómplices de una gestión empresarial enfocada a la destrucción del trabajo
digno, facilitando el precario o de segunda clase a cualquier precio, con los
mismos argumentos que utiliza la patronal (mejor minijobs que nada) a pesar de haber
sido eternamente denunciado por otros sindicatos minoritarios y profesionales.
Es por todo esto que antes de nada se tiene que
definir cómo se va a ser polo intermedio (ya no seguimos a cualquier
abanderado) y para qué, que no puede ser nada más que para serlo —rompiendo toda ambigüedad o confusión— del polo activo definido en la cuestión anterior, esto
es, de Europa
o la perspectiva europea (aunque, tal como se expresó, tenga su propia justificación).
Hacer de polo intermedio implica (éste es el cómo),
en primera instancia, “plantarse”, lo que supone una diferenciación clara del
poder y las formas que se están empleando. Esta cuestión no es fácil cuando, utilizando
precisamente esas formas, se ha sido parte activa importante (causante) de este
desastre, y exige, por tanto, desmarcarse de los antiguos puntos de vista y
diferenciarse con otros nuevos: es imposible adoptar un cambio en el modo de
hacer (que sea creíble) sin contemplar un cambio en el modo de pensar y adoptar
una mirada superior
(lo intermedio sin ella es vulgar, es lo que ha sido hasta ahora). Una cosa sin la otra es derribo o mero proselitismo.
No sirve un programa electoral, no sirve plantear
unos presupuestos que corten aquí y pongan allí (ese engaño manifiesto), esto
lo deben hacer los administrativos, no los políticos ni los líderes sociales y
políticos. Sólo sirve un nuevo diseño.
Los cambios deben ser, por tanto, cambios
sustanciales en la vida económica, política y social, y deben ofrecer una forma totalmente distinta de hacer y de
concebir las cosas, en primer lugar porque la misma forma no sirve de nada, en
segundo lugar porque ya la hacen otros; y que además sea posible y congruente
con la realidad.
La sociedad Inversa (Manifiesto)
-->————————————
Este cambio de posición es imprescindible, por otro
parte, para su pervivencia como grupo. Ya se dijo en el Manifiesto: “La socialdemocracia necesita una
teoría social que revigorice su proyecto…”.
Estamos diciendo que la solución
para la situación social y para su proyecto es la misma cosa, que les debe
llevar a un mismo debate, que es el
que deben hacer en un congreso: sólo sirve a la sociedad un proyecto viable, sólo se puede
liderar un proyecto viable (y quieren liderar, ¿verdad?).
El debate es, para empezar, si lo que implica el
socialismo es lo que necesita esta sociedad o si por el contrario se precisa un
cambio cualitativo, aun conservando parte de su espíritu. La cuestión no es
cualquier cosa, es determinar si las formas usadas de manera inercial están a
la altura de los tiempos y/o si están entrando en contradicción con nosotros
mismos y con los propios tiempos. Tampoco sirve romper esa inercia a base de
experiencias traumáticas o mecanismos de reacción, esto es, mediante pequeños
ajustes que llegan tarde, y que muestran que se va detrás de los
acontecimientos.
Pensamos que sí, pensamos que el socialismo —y por extensión aquella parte de la sociedad adyacente—, de acuerdo al momento actual y, sobre todo, de
acuerdo a esa altura de los tiempos (por muchas razones está civilización está
entrando en otra Edad), tiene que reeditarse. Algunas premisas están superadas,
otras son viejas, otras son claramente contraproducentes o incoherentes, y no
soportan un debate intelectual, o no son acordes a la idea que queremos tener
de nosotros mismos (una idea elevada), como lo ya referido respecto a los
mecanismos de expresión social, que hay que superar, y antes de eso, saber
superar.
La cuestión es determinar cuáles tenemos que
desechar, cuáles mantener, qué aspiraciones del clamor popular son asumibles,
factibles, y cuáles no, y por qué, y establecer con ellas una hoja de ruta
clara, desde el afán de alcanzarlas, desde la honestidad.
Eso supone desideologizar, esto es, abandonar
ideologías y estrategias ideológicas que hacen del partido o del grupo una
empresa.
Desideologizar no es sólo abandonar ideologías, es tomar
otra perspectiva de la sociedad más global y armoniosa y abandonar una praxis
absurda, segada o imposible y, sobre todo, dañina: la mayoría de nuestros
problemas provienen de nuestros excesos.
Desideologizar es la condición necesaria
indispensable para albergar otra estructura de las cosas, y, ahora —como hemos visto— hace falta otra estructura de las cosas, una que permita integrar a
los dos polos sociales en una realidad superior, una que permita —frente
a la tendencia actual de corregir los excesos con otros excesos (ley del
balancín)— corregir el problema fuente
o neutralizarlo en el sustrato social (sin sentimientos reactivos, por una ley
de los vasos comunicantes), lo que implica una exigencia social, una
socialización real de las penalidades y la implementación de ese sustrato en un
nuevo modelo social.
La sociedad Inversa (Manifiesto)
-->————————————
Un nuevo diseño, estructura o modelo social exige la
modificación del modelo económico que lo sustenta, y, antes de eso, la
contemplación de otros fundamentos o principios de funcionamiento, que nos
permitan descubrir toda una dinámica
de estados, o posibilidades. Una cosa sin la otra es mera iluminación, o
simplemente mentira.
El polo intermedio debe superar el lenguaje
economicista y plantear grandes estrategias, esto es, superar el organigrama socioeconómico
actual y plantear otro tipo de superestructura, y luego ejercer su acción,
destinada a alcanzar la máxima simplicidad, la máxima higiene social o
supresión de resistencias mediante resoluciones justas y claras.
El polo intermedio tiene que plantearse qué cosas
tiene que hacer para hacer de esta sociedad una sociedad viable económicamente
y completa (sólo así seducirá). Esto es lo que se plantea en La Sociedad Inversa.
Si no se
dice algo bien diferente, se está diciendo lo mismo. Y claro, ir por ir…
Ahora que
está próxima la huelga del 14-N parece buen momento para decir algo al
respecto, o del derecho que la ampara. La derecha está loca por restringir el
derecho (supuestamente por entrar en confrontación con otros), y la izquierda,
léase sindicatos y resto de agentes sociales afines, por mantenerlo o
preservarlo como si fuera el súmmum del derecho democrático o del ejercicio de
la libertad.
Aquí
engañosamente se pone en liza dos derechos, el de un sector social, a
revindicar (trabajadores, por ejemplo), y el del resto de la sociedad, a seguir
su curso normal (y no ser afectados para la producción), cuando el derecho real
es el derecho de las personas a tener lo que justamente les pertenece sin tener
que verse obligada a ejercer otro tipo de presión o manifestación, cuyo
quebranto da lugar a la contaminación del sistema social con ese tipo de
manifestaciones y a la reacción lógica del resto del sistema.
Con este
engaño se oculta una forma estúpida de hacer las cosas, y más que estúpida,
interesada, como a la postre resulta serlo el establecimiento de una vía de
escape respecto a todo conflicto que queramos tratar: la policía ejecuta una
carga y deja una vía de escape para que los manifestantes se disuelvan (lo
tienen así estipulado), el poder ejerce una inusitada presión o acción injusta,
y deja una vía de escape para que la sociedad diluya su enojo o absorba
gradualmente sus efectos.
Es decir, se aplica
una estrategia que permita/e administrar el hecho injusto y paliarlo, no en sus
causas (la determinación primera o hecho injusto y lesivo), no en sus efectos,
tan sólo en la manifestación del descontento, o si se puede (como suele ocurrir
en el tema laboral) en la aplicación de algún tipo de compensación al daño
mediante un pretendido daño, susceptible de ser suprimido si resulta ser
particularmente dañino.
Creemos que
eso hay que solucionarlo, que la cuestión no es regular el derecho de huelga
porque sea abusivo sino que más bien hay que regular las causas que la
ocasionan, el estado permanente de indefensión, la falta de mecanismos o
soluciones reales.
No es que
haya que regular la huelga porque rompa la armonía, el discurrir de la sociedad
moderna (o incluso, si se quiere, su riqueza económica), es que hay que dotar a esta sociedad de mecanismos
contra el abuso que la hagan verdaderamente moderna, de otros métodos que hagan
prevalecer la razón sin tener que acudir a fórmulas anacrónicos o a la
confrontación.
La huelga, la
manifestación, ya no es la solución porque las personas de este siglo no
queremos responder a las agresiones, queremos que éstas no se produzcan,
queremos simplemente no estar sometidos a las arbitrariedades en cualquier
ámbito, que nos obligan a romper nuestra normalidad y acudir a las calles como
hordas furibundas, y que este hecho se tuviera que producir sólo en contadas
ocasiones, sujetas al análisis.
Eso es sólo
un apunte, que desarrollaremos bastante más adelante, de hasta que punto en el
ámbito social y jurídico nos vemos obligados a reclamar cosas que nos
pertenecen por derecho: cuestión que se aparta de la idea de sociedad moderna y
nos lleva a otra que hace del escapismo, la negación o la anulación, su modo de
vida y su fundamento; y de hasta qué punto el derecho está polarizado o, por
decirlo mejor, lo justo judicializado.
En este
sentido está planteado el principio de
verdad, en el de superar el debate jurídico y otras formas de confrontación
en aquellas cosas que la sociedad acepta de una determinada manera, que por un
lado descontamina la acción social (y judicial) y de otro permite centrarnos en
aquellas cuestiones sobre las que no hay resolución alguna ni solución. El principio de verdad está ideado para
alcanzar esto por sistema y no por un eterno e inacabado debate sobre
cuestiones particulares que, una vez más, sirve para justificar la acción
siempre “en fase de” del político, en tanto que nos deja eternamente postergados,
y anclados a una forma de sociedad incompleta.
En estas
ideas claves y sencillas debe estar establecida cualquier propuesta de futuro
que pretenda conectar con esa sociedad cada vez más numerosa que no se deja
engañar. Menos mojigatería, menos discurso pretencioso y más plantear objetivos
claros y verdaderas palancas de transformación social para obtenerlos.
El principio de bipolaridad no es sólo un esquema
de funcionamiento o la expresión de la dualidad la naturaleza de las cosas, sino
la expresión de la dualidad a la que nos somete dicha naturaleza o la nuestra
propia como parte de ella. Somos oprimidos u opresores, pasivos o activos, trabajadores
por cuenta ajena o propia, etc.…, y en función de esto tendremos una
perspectiva u otra, un posicionamiento en la vida. Por todo ello es además la
expresión de nuestra visión parcial, sesgada e incompleta, de nuestras
limitaciones e incapacidades.
Frente a un único sentido de la vida (el nuestro),
el principio de bipolaridad nos enseña otro, y cómo ambos se presentan como fuerzas
complementarias para el crecimiento y el desarrollo de las sociedades, si bien
es cierto que con muy distinta servidumbre.
En lo que respecta a la riqueza, el sistema
necesita de una determinado reservorio de riqueza (efecto de la desigualdad)
para funcionar, un sector hace de esa desigualdad su materia prima, en tanto
que para el otro es intrínsecamente nociva (causa de más desigualdad); además
de ser contraria al desarrollo natural de las sociedades. Es decir, que la
desigualdad necesaria para el crecimiento y desarrollo de las sociedades es
esencialmente contraria —porque crea
nueva desigualdad y por la bipartición de la masa social en dos clases bien
distintas— al desarrollo de las
sociedades. Esto es una paradoja que hay que resolver.
Para unos, por tanto, hay que crecer y para ello
hay que aumentar el diferencial (la ddp), y para otros hay que llegar a la
igualdad, lo que implica una ddp menor y un menor crecimiento. Esto también hay
que resolverlo.
La solución no puede ser el aumento del crecimiento
a costa de la igualdad ni el aumento de la igualdad a costa del crecimiento (que
es la capacidad de corrección de los ajustes macroeconómicos) o incluso a costa
de la viabilidad de nuestro sistema socioeconómico: poner en juego nuestra supervivencia
o caer en la subsistencia. La solución tiene que ser otra.
Tendremos tiempo de hablar del problema y de la
solución (ya esbozados en el Manifiesto, y
que retomaremos en el tercer bloque de la Teoría social), pero entre tanto podemos decir
que un proyecto de futuro, o modelo social que se precie, tiene que dar
solución a esta cuestión, esto es, debe imaginar un esquema de funcionamiento
económico suficiente que no esté basado en la desigualdad… Y debe darla de
forma urgente e inexcusable porque la situación va evolucionando de forma
natural (por difusión) en el sentido contrario, esto es, en el de necesitar
cada vez más un mayor diferencial para funcionar, y esto por causa del propio
desarrollo, de la optimización (tecnificación) de procesos y la globalización.
El grupo que asuma dicho modelo debe estar en esa
idea y debe llevar a la sociedad (a los dos polos) a la comprensión de la misma.
Esto no es fácil porque un colectivo está en una idea y otro en otra, dando
lugar a dos facciones sociales irreconciliables y una lucha de clases, pero no
es desatinado ni desechable porque, al igual que ocurre con el cambio
climático, aunque existan dos grupos con intereses bien distintos, hay una
realidad y una necesidad superior común: la supervivencia.
La evolución natural de la sociedad debe ser hacia
el bienestar y hacia la consolidación de una extensa clase media, pero esto entra
en confrontación con la dinámica del sistema y con los mecanismos actuales de
crecimiento. La realidad nos empuja a hacer las cosas de una determinada
manera. El afán de muchos se pliega a esa realidad en tanto que otros tratan de
superarla mediante anhelos imposibles: sólo se sabe empujar hacia uno de los
dos estados extremos de la naturaleza bipolar (también en el planteo de la
solución de la propia crisis). Esto debe cambiar.
Las medidas aplicadas deben tener una finalidad muy
clara en este marco (el de la bipolaridad), muy distinto de los diferentes
ajustes macroeconómicos aplicados en el marco de la economía de mercado (aunque
luego aquélla tenga repercusión en ésta).
Un cambio en la cultura económica debe cambiar el
lenguaje y las pretensiones. El lenguaje actual sólo sabe de medidas
correctoras de los índices fuera de rango a costa de sacar a otros de margen. En
cambio, un diagrama de potenciales y flujos (variables naturales de la
bipolaridad) sabe de estados o estadios socioeconómicos. Una economía nueva
debe tratar de la dinámica de estados.
Hablar de estados es hablar de las pretensiones
finales del sistema económico.
Si no se sabe hacer esto no se está ofreciendo nada
nuevo.