lunes, 15 de octubre de 2012

Segunda comunicación transversal del 15-M


La Sociedad Inversa no quiere imponerse como arquitectura del movimiento social o de los grupos, tan sólo llevar a una forma de pensamiento suficiente y necesario para la inquietud social —tiene carácter filosófico y/o sociológico—, y proponer igualmente un esquema de sociedad igualmente necesario y suficiente, plausible y alcanzable.
El esquema de sociedad se obtiene del desarrollo y la transformación de un par de hábitos sociales que son verdaderamente perniciosos (de los políticos y de la población en general), por lo que es aquí donde hay que poner verdaderamente el empeño, según lo apuntado en el Manifiesto y lo desarrollado (o por desarrollar) en los diferentes elementos teóricos. Ese será el trabajo.
La pervivencia y consolidación del movimiento social precisa la adscripción e integración de los diferentes grupos a esta forma de pensamiento, y de forma más general de las personas.
¿Por qué deben los grupos y las personas adscribirse a esta forma? Porque la forma de funcionamiento actual de los grupos no ha encontrado sus referencias y marcha hacia ninguna parte, porque no tiene una lógica de funcionamiento ni objetivos claros y concretos, y, en consecuencia, una capacidad suficiente de convocatoria y/o acción efectiva y descontaminada.
Contaminar las ideas significa juntar las verdades con anhelos, deseos, cargas ideológicas, etc., esto es, con otras cosas que no son tan verdades. Contaminar es quedarnos sólo con nuestras verdades sin tomar en consideración las verdades que se oponen a las primeras en una lucha de opuestos, en un Ser o no Ser
Lo vamos a repetir una vez más, las razones que se esgrimen no sólo tienen que servir a los que las promueven sino al resto de la sociedad, y eso es imposible cuando la atención se dispersa o se equivoca el foco de atención: nuestra clase política no es el problema ahora, y su sustitución/destitución, tampoco; la Constitución no es el problema ahora, y su sustitución, tampoco. No hablemos del sinnúmero de frustraciones históricas. Aquí se está equivocando el foco de atención (esas razones).
Aun partiendo de que esta clase política sea una negada, no es el principal problema ni el prioritario, y sin embargo se está actuando como si lo fuera, circunstancia que aprovecha (promueve) la oposición (corresponsable, en verdad) para establecer un acoso y derribo del gobierno (15-S), y los radicales (de izquierdas y de derechas) para establecer un acoso al sistema y dar rienda suelta a su violencia (25-S); y eso no nos conviene (ni una cosa ni otra): sin esa necesaria Deontología de la subversión, las verdades parecen menos verdades a los ojos de la sociedad expectante y necesitada de referencias claras e incuestionables.
Lo peor es que nos apartamos del problema y de la solución. Si quitamos a esta clase política seguimos teniendo el problema que tenemos, que es otro, si iniciamos un proceso constituyente, tenemos —como ya se ha expresado— el mismo problema, porque el problema es otro.
Esto no quiere decir que no se pueda iniciar un proceso constituyente y pedir responsabilidades políticas, quiere decir lo que ya se ha dicho.
El problema es el inadmisible poder político de los mercados (la capacidad de distorsionar la estructura social si no se somete a otras sujeciones) y el agotado modelo de sociedad. El problema es, de otra parte, la escasa voluntad política europea de aplicar esas sujeciones, que, ya testadas, han demostrado ser suficientes.
Y si tan fácil es esto de salvar las economías… Si la solución existe y no se quiere aplicar quiere decir que abiertamente se está jugando con los tiempos, con una finalidad.
El problema no es, por tanto, la Deuda, el problema es que se está manipulando el precio del dinero para que nos resulte casi imposible pagarla o lo hagamos con un gran coste económico y social, y  pérdida de poder político. Esta sociedad podría incluso asumir lo primero (lleva haciéndolo años), pero lo que no puede tolerar es la alteración fraudulenta y sus consecuencias.
Las condiciones económicas las está planteando mal Europa y las está asumiendo peor España. El auxilio económico no debe venir ligado al paquete de medidas impuesto porque se crea una identidad perniciosa entre ambos.
Si no hay auxilio, sube la prima de riesgo — si sube la prima de riesgo, las medidas tomadas no son suficientes — si las medidas tomadas no son suficientes, no hay auxilio.
Esta identidad sólo se puede romper o establecer en positivo acordando un paquete de medidas insoslayable y una ayuda incondicional, y la voluntad de modificar las medidas y la ayuda en función de las circunstancias.
El poder político local no tiene ningún as en la manga salvo la interminable negociación y el impúdico sometimiento, y saca sus propias conclusiones de un debate ineludible. Nosotros tampoco podemos eludir el debate en lo que debería ser nuestro Primer emponderamiento político, y sacar las nuestras.
Desde aquí creemos en otro tipo de medidas, en unas que supongan la alteración de esas dos dinámicas (la económica y la social) y nos lleve Hacia un nuevo orden social, que supere los viejos conceptos de distribución capitalistas y socialistas (ahí está la clave), pero, entre tanto, entendemos necesario dirigirnos al verdadero poder político para exigir que adopte las medidas que ciertamente puede adoptar, y no adopta por especular y manejar otro tipo de intereses.
Parece, por tanto, que nos toca a la masa social romper con esa identidad perniciosa y obligar al poder político (el europeo) a cambiar la estrategia que nos está asfixiando, mostrando que no nos importan las consecuencias (aunque nos importe), y exigir con desparpajo —si no se toman las medidas— el fin de esta relación desigual: no cuando ya no quede más remedio sino ahora, por libre elección, por simple desencanto de lo que supone Europa, de cómo entiende el compromiso, las propuestas y la idea de un futuro común.
Proponemos, en consecuencia, y así hemos querido hacerlo saber a la II Asamblea Estatal Constituyente, rodear el Parlamento europeo o la Unión Europea, ya sea de forma real o virtual, alentando a que todo aquel parlamentario, todo aquel comisionado que entienda que se está ejerciendo un poder desleal y contrario a los intereses generales, lo ponga de manifiesto y lo haga público, dejando el cargo y/o poniendo su Acta de Diputado a disposición de su partido, o que incluso sea el partido, asumiendo el compromiso, el que abandone el parlamento (su función) en tanto no se promuevan y adopten de forma clara y urgente las medidas ya expresadas. Esto mismo ya se ha referido a nivel Estatal respecto al papel a-deontológico de la oposición y su forma de desenvolverse: la oposición puede negar el sistema o hacer una huelga o una sentada en representación de los millones de personas a las que representan, que  se ven castigadas y que no tienen otra voz: no debe secundar la protesta, debe liderarla (así es como históricamente ha prosperado toda Ilustración). Puede hacer esto o callarse.
Esta proposición es seria, es contundente.
¿Por qué deben los grupos y las personas adscribirse a esta forma? Hay que adscribirse a esta forma porque es la única manera de optar a un sistema social creíble y alcanzable sin romper éste, porque es la única manera de realizar transformaciones paso a paso en la dirección marcada. Esta adscripción se puede hacer de varias formas.
Las personas que compartan este pensamiento pueden distribuirlo a sus contactos y hacerlo saber a sus respectivas organizaciones para establecer un debate interno y crear un verdadero estado de opinión sobre este particular (#lasociedadinversa), que no es otro que la necesidad de establecer un cambio de orientación, concepción y percepción de lo que es la sociedad: tenemos que superar este sistema, superando ciertas ataduras, esto es, ciertos mecanismos socio-económicos que nos empobrecen, pero también superando cierto maniqueísmo y lenguaje manido. Sabemos que las ideas no florecen porque están sometidas a la disciplina de los viejos esquemas: eso hay que romperlo, hay que exigir respuestas del siglo XXI para los problemas del siglo XXI.
Las organizaciones pueden ser sensibles a ese estado de opinión o crearlo por iniciativa propia y utilizar sus infraestructuras, sus listas de distribución, y otros medios, para  hacer todo esto suyo, es decir, hacerse cargo del planteamiento y dar los pasos pertinentes que deriven en la posibilidad de diseñar, estructurar y priorizar las demandas de acuerdo a su importancia y de acuerdo a su correspondencia con un modelo teórico social nuevo que necesariamente debe ser incluido en su espectro de interés si quieren optar a la pervivencia y a una verdadera transformación social.
Desde aquí se lanza un guante a las organizaciones. Son las organizaciones las que deben entender la importancia del modelo y de la propuesta planteada, y activar una convocatoria en la que se le dé forma  y se promueva, se diseñe  y obligue el compromiso político.
Todos, grupos y personas,  pueden comentar y establecer un contacto para ese fin o para la comunicación de iniciativas. Desde esta página estaremos atentos a la repercusión y la posibilidad de ejercer alguna función en este contexto y la de introducir esta perspectiva en alguna de las convocatorias ordinarias.
En cualquier caso, y sujetos a la libertad del pensamiento y la libre elección, seguiremos exponiendo el cuerpo teórico de La Sociedad Inversa, señalando aquello que nos acerca y aquello otro que nos aleja del proyecto de sociedad presentado.

jueves, 11 de octubre de 2012

Segunda Asamblea Constituyente

(mail a la Asamblea)

Dada la imposibilidad de participar físicamente en la “II Asamblea Estatal Ciudadana Constituyente” prevista para el día 13 de Octubre, quiero expresar mi parecer sobre dos cuestiones esenciales, que ya se viene expresando en lasociedainversa.com, y trasladarlas por boca de la mesa a la Asamblea.

En primer lugar creo imprescindible priorizar las acciones y los esfuerzos en lo que parece crucial para el momento social. Entiendo que esa prioridad no está ahora en lo que da sentido a esta reunión sino en el estado de precaridad actual y el que se avecina. En consecuencia, la prioridad está en articular algún tipo de acción única y conjunta. La forma de esta acción está descrita en la propia página citada y parte de una premisa o de una realidad: el problema esencial es la Deuda y en segundo término la dejación del poder político europeo, plasmado en la no aplicación de las medidas que han demostrado ya ser efectivas para sujeción o control de la especulación.

Dicho más claramente, el problema es la Deuda y a quien tenemos que dirigirnos es al poder político europeo dado que el otro se muestra como mero títere; y como tal lo tratamos y lo obviamos.

Esto nos da que el Parlamento que tenemos que rodear, real o virtualmente, es el europeo, debiendo ser ésta la consigna, que muy bien podría instrumentalizarse desde aquí. ESA ES MI PROPUESTA A LA ASAMBLEA.

La propuesta, como se puede observar es menos agresiva a la puesta en marcha como “No debemos, no pagamos” y contrariamente a ésta no quiere romper las reglas de juego, sólo dominarlas: no se anula la función política, se obliga a ejercerla.

Hago hincapié aquí en la necesidad de no contaminar esta acción con otras que aunque legítimas deben quedar a un lado para que quede claro de una vez por todas qué es lo que no permitimos como sociedad, dado que eso que no permitimos debe ser, en primera instancia, una sola cosa.

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La segunda cuestión radica en algo que ya expresé en el encuentro de Cádiz, que se puso de relieve allí, y sobre lo que quiero ahondar por entenderlo esencial para el buen funcionamiento de las asambleas. Allí se puso de manifiesto que había un colectivo que venía con los papeles bien escritos y otro formado por personas que si bien pudieron expresar sus opiniones en tres minutos, dichas opiniones finalmente no tuvieron más objeto puesto que no hubo un debate mínimo de las cuestiones expuestas por el orador, algunas previas o esenciales a la razón de ser y el fundamento de la asamblea, esto es, al establecimiento de los principios de los que parte.

A mi modo de ver esos principios fueron establecidos por parte de la asamblea y esa parte ignoró a la otra, por lo que se precisaría reformular todo esto y establecer un libre acceso a la organización y a los medios, entre los que cito la propia Web Constituyente que de este modo se presenta como un coto reservado.

                                            Un cordial saludo


Primer emponderamiento político


Buscando un símil bastante doméstico, podemos decir que nuestro sistema social es un ordenador con el Hw estropeado (requisitos mínimos en la arquitectura económica que permitan un funcionamiento estable), el Sw deficiente (marcos jurídicos y políticos), manipulado por un operador torpe (clase política). Parece claro que primero hay que cambiar lo primero, luego mejorar lo segundo, para finalmente reemplazar si es posible lo tercero, y que el Sw solo no puede mejorar el rendimiento del Hw si éste está fatalmente deteriorado (cuestión que hay que determinar).

Empecemos pues con lo primero. La idea es simple. No nos gusta la realidad, pues cambiémosla, pero hagámoslo como únicamente se puede cambiar la realidad. No es una cuestión de ser duros o aguerridos, es cuestión de ser inteligentes, de desarrollar una inteligencia social o, lo que es igual, de establecer una pedagogía de la subversión o aprendizaje de la estrategia que la hace posible. Esa idea simple tiene que estar amparada por el sentido común y esto sólo se logra cuando lo que se persigue es necesario, posible, y no está contaminado de otras cuestiones (memeces) o cosas inservibles y contraproducentes.
Como se puede advertir, esto exige un estudio serio de nuestras posibilidades. En efecto, hay cuestiones que no podemos cambiar aunque queramos, ni nadie puede, porque su sustitución exige un cierto orden de intercambio una cierta metodología, y esto porque la propia arquitectura lo impide (la realidad). El devenir histórico es la historia de la concreción de las cosas posibles. Los sistemas físicos como los sistemas sociales, como un mecano, se montan en un orden o secuencia clara de hechos, eventos o movimientos, y se desmontan en otro (el inverso). Alterar ese orden es romper el mecanismo.
De otra parte, hay otras cuestiones sujetas a la decisión política o determinación entre derechos o males de diferente orden (males y males peores). Ser capaces de decir lo que queremos es ser capaces de decidir sobre estas cuestiones.
No ser consciente de estas dos cuestiones o no contemplarlas en el análisis es vivir en otro mundo. El sistema representativo puede ser erróneo porque puede ser interesado, pero la decisión directa puede ser igualmente interesada y, además, insensata, toda la insensatez que puede desprenderse del desconocimiento de las cosas (la ignorancia es atrevida).
Sustituir el poder político es quitar el vigente para poner otro que tome las decisiones del anterior con algún (otro) fundamento o con un mandato: tenemos que dar ese fundamento o ese mandato. Esa es la decisión que tenemos que tomar (si somos capaces) y es la que en cierto sentido tomamos aunque de forma indefinida cuando salimos a la calle. La cuestión es que tenemos que salir a la calle con la decisión tomada y no con un criterio dispar, ambiguo, indefinido, y para eso hay que tomarla. Vamos a tomarla.
¿Sobre qué cuestión? Como dijimos sobre lo primero expuesto, que se concreta en la Deuda, esto es, en el problema financiero que nos está arruinando.
El dilema es pagar o no pagar; y sus consecuencias. Nos estamos centrando en el problema, y la cuestión es resolverlo, establecer los imperativos sociales pertinentes, y acabar con esta angustia social estúpida. Vamos a ello.
Si el pago de la Deuda está ocasionando este destrozo sólo caben tres opciones: someternos y pagarla, intentando alcanzar mediante presiones políticas posiciones financieras más razonables y asequibles; no someternos y no pagarla en tanto no cambien dichas posiciones financieras, intentando establecer mediante presiones sociales un cambio real y una acción efectiva de las acciones y posibilidades políticas de la Unión Europea; no someternos y no pagarla, sin paliativos, esto es, negarnos a pagarla por entender que la sociedad no es responsable y no se puede hacer solidaria con ese cargo.
La primera (mismo Hw local-la placa base) deja el sistema a su suerte, a lo que quiera evolucionar y cómo (a un nuevo equilibrio o al desequilibrio final). La segunda equivale a un “Rodea el Parlamento europeo”, es decir, a dirigir la presión social hacia los que verdaderamente tienen la acción política (sobre el Hw europeo que no está irremisiblemente dañado). La tercera es cambiar un marco económico por otro, (un Hw local por otro) lo que supone quedar en suspenso durante el intercambio y esperar que los programas se adapten al él.
Es decir, que frente a la posibilidad de aventurarnos a poder pagar o no la deuda, con todos los sacrificios que supone, está la de deshacernos de los 30 mil millones de euros de gastos de financiación (3.5% del PIB) con dos diferente perspectivas, una la de forzar la transformación del marco político europeo (aplicación rápida de las medidas que sabemos que sirven) con la amenaza real de irnos del Euro, y otra con la ejecución real de esa amenaza o la salida forzada, con todas las repercusiones económicas asociadas, decremento de PIB (seguramente superior a ese 3.5%) y descrédito.
Ejercer una responsabilidad, ejercer una acción, tiene unas consecuencias que hay que estudiar y conocer. Y debatir.

martes, 9 de octubre de 2012

Deontología de la subversión


Se nos acumula el trabajo. No sé sí ir del 15-S al 7-O, pasando por el 25-S, o al revés. Se están iniciando diversos procesos que está poniendo en cuestionamiento la legitimidad del Estado constituyente actual y que da, por tanto, por descontada la legitimidad de un proceso constituyente o de cualquier proceso de subversión y rebelión. Incluso el Juez Pedraz lo dice:
…, exi­gir un pro­ceso de des­ti­tu­ción y rup­tura del rég­i­men vigente, medi­ante la dimisión del Gob­ierno en pleno, dis­olu­ción de las Cortes y de la Jefatura del Estado, abol­i­ción de la actual Con­sti­tu­ción e ini­ciar un pro­ceso de con­sti­tu­ción de un nuevo sis­tema de orga­ni­zación política, económica o social en modo alguno puede ser con­sti­tu­tivo de delito, ya no solo porque no existe tal delito en nues­tra leg­is­lación penal, sino porque de exi­s­tir aten­taría clara­mente al dere­cho fun­da­men­tal de lib­er­tad de expre­sión, pues hay que con­venir que no cabe pro­hibir el elo­gio o la defensa de ideas o doc­tri­nas, por más que éstas se ale­jen o incluso pon­gan en cuestión el marco con­sti­tu­cional, ni, menos aún, de pro­hibir la expre­sión de opin­iones sub­je­ti­vas sobre acon­tec­imien­tos históri­cos o de actu­al­i­dad
Al Auto del juez le falta algo más para no ser objetable, porque el fascismo también es una ideología o una idea de sociedad sobre la que no cabe el elogio, y el alzamiento militar también es una rebelión que puede nacer de la exigencia de la que habla.
Lo fundamental no es que haya que decir algo más porque lo dicho incluya estos casos particulares, la cuestión es que todos los casos ideologizados se convierten en casos particulares desde alguna perspectiva y que, por ende, pueda quedar en entredicho cualquier acción.
¿Esto quiere decir que no se pueda ejercer esa acción? Evidentemente, no. Quiere decir lo que ya se ha dicho, que la fuente, el motor no puede ser sólo la necesidad o el elogio de ideologías y doctrinas sino que tiene que residir en alguna cuestión más fundamental o primaria, y darle a la acción un canon de importancia.
Un proceso constituyente tiene que ser anterior a cualquier ley, a cualquier ideología porque tiene que ser la expresión social de un punto de partida, y los puntos de partida —en tanto que nos implica a todos y tienen casar a todas las ideologías— no pueden por menos que abandonar ideologías y partir de lo común, de lo que no es ideología (principios).
Supongamos que como minoría somos capaces de promover ese proceso constituyente y que tenemos que poner en común —puesto que el proceso es de todos— pareceres dispares, entre los que podemos citar la propia oposición a dicho proceso (la necesidad del mismo). En virtud de lo anterior, cabe preguntar si esa minoría está legitimada a presentar, por qué y hasta cuando, algo distinto a lo que de hecho respalda (aunque sea con su silencio) esa mayoría silenciosa.
La respuesta es que sí, y no porque sea una ideología o una idea distinta sino, simplemente porque ésta está desconsiderada por la mayoría, esto es, porque es la única forma que tienen dichas minorías de elevar propuestas. ¿Hasta cuando? Hasta que, después de un periodo razonable, entre en la consideración de esa mayoría y tenga la oportunidad de ser aceptado o descartado finalmente.
Esa es la esencia de la democracia, la que se persigue, no ya tanto que todos podamos ejercer un voto directo o no sobre cada una de las propuestas o éstas sean gestionadas de forma representativa (sobre lo que podemos discutir), como en la posibilidad de elevar propuestas de las minorías y, llevado a extremo, las individuales o particulares con la sola condición de estar bien formuladas o lo suficientemente formuladas como para que alguien más capaz establezca una formulación final, esto es, en la posibilidad de someter a juicio lo que el sistema como tal no contempla o desconsidera (el fascismo en este caso ya ha sido sometido a juicio, esa es la diferencia, lo que le falta a Pedraz)
El proceso debe estar totalmente desideologizado, y no sólo no lo está sino que está dirigido por individuos que en todo momento están alerta a cualquier indicio de convulsión social (los generales de la revolución) para poner su maquinaria a trabajar y revitalizar así sus oportunidades o proyectos sociales caducos (que ya han sido sometidos al juicio social y desechados).
Esto es lo que verdaderamente desvirtúa los movimientos sociales, la inclusión de propuestas abandonadas o imposibles, o abandonadas por imposibles.
Este movimiento social tiene que ser de izquierdas en el sentido de ser promotores de puntos de inflexión (casi rupturistas), pero nada más, esto es, no puede ser de izquierdas en el resto de los sentidos de entender la izquierda porque esos sentidos no hacen nada más que dividir y separar, crear susceptibilidades y objeciones, o incluso grandes reparos en virtud de la experiencia histórica y de lo fácilmente que la euforia se vuelve desenfreno y de cómo después de la revuelta sólo quedan erguidos los generales sobre el campo yermo; o simplemente del posicionamiento personal y legítimo.
La cuestión es determinar cuántos de los que están “en pie” son de un tipo o de otro, y si 40 o 50 mil son un número suficiente para formar una identidad genuina, dado que está nutrida del sector mencionado y de otro sector que juega con dos barajas, la de las urnas cuando ganan y la de la revuelta cuando no.
Esto nos lleva a que si el partido de la oposición y sindicatos son contrarios al estado actual tendrían que dejar sus actas de diputados y sus prerrogativas y ponerse al lado de la subversión a ras de suelo, y no desde una posición de ventaja, y dejar patente que lo que se hace obedece a una sola intención, o ponerse (y poner su aparato) claramente al servicio de esa proclama social, que en ningún momento fue la suya (tiempo tuvieron para hacerla).
Hay que dejar a un lado determinadas consignas y mostrar a propios y extraños que lo que se hace se hace por un único fin, que no puede ser otro que “ini­ciar un pro­ceso de con­sti­tu­ción de un nuevo sis­tema de orga­ni­zación política, económica o social” pero que si bien “no cabe pro­hibir el elo­gio o la defensa de ideas o doc­tri­nas” no es menos cierto que éstos deben ser separados de las demandas fundamentales y puestas en tercer plano.
Si con esa sola y única intención solo estamos cuatro, mala suerte, pero mejor esto que vernos empujados a una lucha que en el fondo no es nuestra lucha, o a una nueva batalla fraticida o sin solución.
Hay quien no mira esto y sólo mira dar por bueno cualquier espaldarazo, llenar las plazas y hacer ruido aunque el ruido lo hagan los fascistas, pero ya se ve que en realidad no trae cuenta y que no hay que dar oportunidad de desviar la atención y no perderla para dar un mensaje claro a la sociedad, cosa que no se ha hecho (a las preguntas de los reporteros se balbucea), porque no se tiene…, porque no se ha logrado consensuar…, porque no se sabe de las prioridades…, porque no se sabe de lo posible…, porque no se tiene una teoría social…, etc. etc. etc.
No hay auténtica repercusión social sin mensaje.



jueves, 20 de septiembre de 2012

Resumen de la 4ª entrega de la Teoría social


BIPOLARIDAD POLÍTICA

En los capítulos precedentes de la teoría social hemos hablado de la bipolaridad económica como de algo (una desigualdad) inherente a nuestra realidad social y económica y, más allá de esto, como de un principio que la gobierna. El principio de bipolaridad, en realidad, subyace en todas nuestras relaciones y en todos los sistemas, sociales y físicos. Es por esto que, antes de seguir nuestro desarrollo y ahondar en la importancia de este comportamiento en los sistemas económicos, tenemos que extender el concepto a dichos sistemas sociales, y mostrar de qué modo esta bipolaridad, la bipolaridad política, es el motor de toda transformación social y antes de eso personal.
En efecto, estamos obligados a mostrar de qué modo el psicologismo resulta ser el fundamento de toda relación política (entre dos), dando lugar a toda una serie de encuentros y desencuentros, y de qué manera se pone y se ha puesto de manifiesto socialmente entre grupos o estamentos dando lugar a la lucha de clases.
Lo segundo es reflejo o extrapolación de lo primero, ahí su importancia, pero lo primero, además, está en la base de la educación, en lo que somos como individuos, en nuestra respuesta ante las cosas de la vida, etc. y se ve afectado enormemente por lo segundo. Existe de hecho una relación directa (implicación y complicación) entre los aspectos psicológicos y los sociológicos, y existe la posibilidad de establecer en un caso y otro formas de funcionamiento higiénicas y eficientes mediante la supresión de resistencias innecesarias, que es, en definitiva, la metodología aplicable a todos los sistemas (económicos y políticos) para alcanzar un perfecto funcionamiento, y la esencia de nuestro modelo.
Estas cuestiones las abordaremos y desarrollaremos más tarde, centrándonos aquí en la presentación (El hombre bipolar), y en los aspectos meramente sociales de la bipolaridad política y en cómo —de acuerdo con Marx— transforma a las sociedades mediante la transformación de las relaciones de producción (Bipolaridad del poder político). Posteriormente, hecho este análisis, estaremos en condiciones de establecer con precisión nuestro momento o altura social, esto es, en qué punto de las relaciones políticas y evolución social estamos, en función de las perspectivas de crecimiento económico y de las posibilidades del sistema vigente, lo que nos permitirá, conforme al esquema trazado sobre el efecto transistor, determinar las limitaciones del sistema y las condiciones para vencerlas o superarlas.

1. El hombre bipolar (4ª entrega)


En la 4ª entrega de la Teoría social se muestra de qué manera la bipolaridad está en la base de todas las cosas y el efecto transistor en la base cualesquiera dos cosas con una diferencia de potencial (desigualdad) afectada por un polo intermedio. La bipolaridad se pone de manifiesto de forma muy particular en cualquier relación entre individuos en tanto que nos comportamos unos frente a otros como polos, esto es, como elementos aislados que se pueden poner en comunicación estableciendo flujos entre ellos. Esta relación (de orden-1) puede evolucionar hacia el acercamiento de los polos (convergencia) y desde cierta convergencia hacia el alejamiento, hasta alcanzar cualquier estado de la curva característica. Unas más saludables que otras.[SIGUE]

sábado, 15 de septiembre de 2012

Primera comunicación transversal del 15-M

(mail enviado a los distintos grupos)
Esta debe de ser, casi sin duda, la primera comunicación transversal del 15-M, la primera que está dirigida y concierne a todos los colectivos que de una forma u otra han participado en dicho movimiento o forman parte del descontento social (ACAMPADAS, DRY, ASAMBLEAS CONSTITUYENTES, ATTAC, etc.)
Pretende ser una invitación a la reflexión general, que nos permita calcular dónde estamos, averiguar si se ha fallado en qué se ha fallado, qué se pretendía ser y qué se es, etc. y una oportunidad para sumar fuerzas (todas las fuerzas) y mejorar, lo que sin duda es condición sine quo non (necesaria pero no suficiente) para el éxito.
Este éxito está condicionado por muchos factores, factores que hoy por hoy lo hacen imposible. Por esto tenemos que mejorar. Desde esta iniciativa, nos hemos dedicado fundamentalmente a teorizar sobre las posibilidades del éxito, sobre la contemplación de esos factores, que son ausencias de estrategias e inconsistencias que medran su posibilidad, y, de forma análoga, sobre la necesidad de unificar criterios y priorizarlos al margen de que cada grupo pueda llevar una batalla particular o, lo que es lo mismo, sobre la necesidad de establecer una Teoría social o propuesta de sociedad que nos represente a todos, y que sirva como base o columna vertebral de todas las propuestas o acciones; y que, de otra parte, nos permita exportarla (hacerla entendible) al resto de la sociedad, como condición indispensable también de toda transformación que pretenda ser general.
Teorizar consiste fundamentalmente en plantear mil objeciones, en anticiparse y dar respuesta a todos los cuestionamientos, a todas las exigencias, y constituirse en referente claro, consiste en presentar un esquema claro de sociedad y una metodología clara para alcanzarlo: es imposible una transformación social en la dirección que queremos si no es comprendida y amparada por una amplia masa social.
Esto nos lleva a que este éxito no es el éxito de un grupo o un conjunto de grupos sino de una idea que está por encima de los grupos, de sus preferencias, de sus anhelos, de sus necesidades. Este éxito deberá tener una forma muy concreta que hay que definir (no vale cualquier forma de éxito).
La lucha, en consecuencia, también tiene que tener una forma muy concreta. Nosotros, como sociedad disconforme, anhelábamos un proceso de concienciación social, y lo tuvimos (el 15M), pero no expresaba exactamente lo que necesitábamos, luego se ha desplazado al conjunto de una deteriorada clase media, y tampoco representa exactamente lo que quereros, que, como siempre, no es lo que los interlocutores sociales de forma oportunista dicen que queremos. En efecto, incluso ésa parte de la sociedad que está pagando los platos rotos se cuestiona la oportunidad y conveniencia de una oposición férrea o una demanda circunstancialmente inasumible.
No representa lo que queremos porque se mueve una vez más  mediante la ley del balancín o lucha de fuerzas y contra-fuerzas (acción y reacción), y no mediante otra de vasos comunicantes que represente un salto cualitativo, el de una sociedad con una sola idea de sociedad. Hoy, en medio de esta crisis/regresión social ya no basta con reaccionar o contener, tampoco sirve establecer una pugna abierta y perdida de antemano sobre cuestiones que el conjunto de la sociedad  ve  (con meridiana claridad) que no pueden ser nada más que de una manera: la realidad económica manda, sólo vale un grado de aceptación y unas estrategias de futuro. Por ejemplo, no sirve de nada hacer un sufragio pidiendo que suban las pensiones, no sirve de nada ese alarde de democracia, ese derroche de buenismo, sólo sirve un emponderamiento de la riqueza (que no confiscación o adueñamiento), que haga posible esa demanda. No sirve de nada luchar contra la infinidad de efectos nefastos a los que da lugar un determinado marco socioeconómico, sólo sirve cambiar ese marco.
Pero no basta con decir lo que queremos, tenemos que saber decir cómo llegar hasta ello, cómo se conjuga el modelo de sociedad elegido con los recursos y las oportunidades, y la forma de hacerlo (es por esto que la teoría social tiene que ser una teoría económica), y hacerlo sin quebrar/parar la dinámica social (trasplantar un corazón parado no tiene mérito). Todo lo demás es un brindis al sol.
“¡Hay que eliminar los paraísos fiscales! Muy bien, pero cómo… ¡listo! Sacando la ley que elimina los paraísos fiscales…” ¡Estamos arreglados! ¿Cómo dar un mismo argumento que sirva, además de al sensato, al nihilista, al necesitado y al ignorante? A este público.
Dejemos de ser timoratos y soberbios. Dejemos de ser ingenuos y complacientes (y, por supuesto, manipulables). Seamos serios, demos los pasos que podemos dar. La aceptación de nuestra realidad es dolorosa, la aceptación de la realidad de los demás, también. Pero es imprescindible. Eso es crecer. La disyuntiva es hacerlo o eternizarnos en una acción dispersa e inefectiva.
Todos sabemos cómo se presenta esa acción dispersa. Todos sabemos diferenciar una acción verdadera de un ruido de fondo, como el que producen las abejas con las alas cuando se rozan unas con otras. Ellos también lo saben. La madurez social no sólo es respecto de lo que queremos y respecto de la forma de las soluciones sino respecto de la posibilidad de ser o no neutralizables, y esto va en función de lo que las acciones aparenten ser un mero ruido de fondo. Como dice la canción: “no quiero hablar de la lucha…, si no estamos preparados”.
La Sociedad Inversa es un ejercicio de madurez social, un cálculo de las verdaderas posibilidades, una identidad revolucionaria nueva: la del hombre que en su revolución contempla todas las cosas (o casi), la del hombre que no quiere ganar esta lucha de clases sino superarla. La Sociedad Inversa es un modelo de sociedad basado en la exigencia y la higiene social (principios).
Esta iniciativa, por su parte, tiene —para los efectos que se deriva de esta comunicación— una inevitable exigencia de partida o elementos de ajuste y sincronismo de la voluntad social, como antesala de la verdadera exigencia marcada por los elementos teóricos y la propia realidad, que presentamos de forma refundida a modo de Manifiesto.
Nota: Salvado esto, sólo sirve dar los pasos apropiados para conseguir una verdadera operativa entre los grupos interesados, y buscar y alcanzar el mismo compás (ya está bien de mover las alas), y con él la certeza de que se vaya hacia arriba o hacia abajo se está yendo hacia delante, hacia un sitio muy concreto y concretado. Esta operativa mínima vendrá en comunicación posterior y/o a través de la propia página.
 
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sábado, 18 de agosto de 2012

Y sin tan fácil es esto de salvar a las economías…


Y sin tan fácil es esto de salvar a las economías…, ¿por qué no se hace?
Uno tiene la tendencia natural a pensar que son listos pero que no son tan listos, o que son malos y están jugando a algún juego: ora no se tiene intención de comprar deuda, ora sí, o haciendo algún tipo de reality, con sus mentidos y desmentidos, con sus pasiones y su incoherencia vital.
Es verdad que muy buenos no son, y es verdad que no son tan listos, aunque ellos mismos se lo crean y se crean que están capacitados para ocupar cualquier cargo de responsabilidad, y se crean que con sus capacidades hacen ciencia del hacer político y que representan la figura inequívoca…,  hasta que finalmente se ve que no era tan inequívoca, que no es ciencia, alegando entonces, como en el caso de Bankia, que han actuado de acuerdo a los datos existentes, esto es, que el error está obligado por los propios datos, y no por la interpretación de quien los maneja.
Todo esto da idea de la imprecisión del lenguaje político, de la falta de rigor argumental, y de lo expuestos que estamos a la interpretación final y, consecuentemente, al peso específico del que la hace y la transforma en decisión política.
Pero aunque lo anterior sea cierto y generalizado, y se llegue a esa conclusión, luego, reconsiderando la cuestión, se llega a comprender que tiene que ver algo más que ineptitud o interés en la toma determinadas decisiones contrarias a la lógica del momento, que no es otra que la de hacer las cosas que sirven y que solucionan, y que demuestran su funcionan —tal como hemos referido—con el mero aviso o pronunciamiento.
Ese algo más es simplemente una cuestión de tiempos, de oportunidad o determinación, la determinación de poner algunas cosas en su sitio (suele ocurrir que quien tiene el problema sólo ve el problema y los demás ven más cosas además de éste) antes de  solucionar (o al paso) el tema capital: Europa, en este caso, le está haciendo saber al Estado español que no se puede gastar de esa forma, y no sólo eso sino que toma el control de la gestión poniendo en entredicho el prestigio, la funcionalidad y el rigor provinciano de nuestra clase política. Europa ha demostrado la incapacidad de nuestros políticos: los Bancos no han pasado la prueba de resistencia, pero ellos tampoco: para ser político de la Europa de las naciones hay que ser mucho más meticuloso, mucho mejor político.
Se ha visto, y se ha visto porque lo ocurrido lo ha puesto de manifiesto, que la cuestión no era si los políticos y los altos cargos cobran mucho (aunque sea cierto que ese gasto está descontrolado), la cuestión es que, mucho o poco, han cobrado sin una verdadera contraprestación (servicio, calidad, eficacia, dedicación) por su parte, sin una verdadera responsabilidad, siendo por esta falta de responsabilidad y dedicación por lo que pueden dedicarse a tantas cosas y cobrar por ellas. Es por este más o menos estar enterados de las cosas, pero no implicado y complicado con ellas —tan español—, por lo que nos pasa esto que nos pasa y por lo que da igual que tengamos tres políticos (responsables) que uno dedicados a la tarea si entre los tres no tenemos al que verdaderamente se emplea en ella. Esto es lo que verdaderamente tenemos que cambiar en todas las instancias, lo que tenemos que cambiar en la tarea política, y sobre lo que tenemos que pedir responsabilidades.
Es verdad que este poder económico (y político) supranacional ha suplantado al otro (al legitimado por las urnas) mediante esta forma de intervención, pero también lo es que esta intervención nos libera de la ineficacia y de la mediocridad gestora a la que nos tiene acostumbrado el poder político y del que no podíamos escapar. En cierto sentido ha habido un poder político más capacitado para enjuiciar y tomar medidas respecto a la eficacia de nuestros políticos que la que tenemos nosotros en las urnas, obligados a una alternancia sin solución.

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La cuestión ahora es saber en qué punto estamos. Ese poder supranacional ha puesto al poder político local en su sitio e, inevitablemente, a nosotros en el nuestro, porque hay una realidad: mientras encontramos, o no, la forma de que no haya ricos y pobres, los ricos podrán gastar como ricos y los pobres tendrán que gastar como pobres. Pensar otra cosa es vivir engañados, como en un sueño del que más pronto que tarde se sale, y del que se sale con estas consecuencias.
Tenemos que determinar nuestras posibilidades de gasto, y delimitar el gasto objetivo del subjetivo: el gasto del despilfarro. No se propugna la austeridad, tan sólo la claridad en las cuentas públicas que haga imposible un gasto desmesurado en cosas superfluas, amparados en una riqueza virtual o futura, que luego, con las perspectivas fallidas, derivan en la necesidad de suprimir (como ahora) lo necesario.
En efecto, con las cuentas claras y saneadas no habrá opción de hacer política sobre el gasto, como ahora se hace con los presupuesto generales (para finalmente hacer lo contrario o lo que mande la realidad), sino un orden preestablecido del gasto de acuerdo a los ingresos (tanto se tiene, tanto se gasta) de acuerdo a un orden, lo que marcará nuestras posibilidades reales de bienestar, nuestras necesidad de incrementar los ingresos por otros mecanismos o, lo que es más importante, la de buscar otras fórmulas de bienestar desligadas de la riqueza económica.

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Todo esto que está ocurriendo, no obstante, no puede ser bueno porque no se hace sin pagar un precio que nos lleva irremisiblemente a formas de miseria y a la consolidación del poder del dinero; y una vez más a la lucha entre lo que lo tienen y lo representan y los que no;  que perderemos si no somos capaces de superarla, de entender que la lucha es otra.
Estamos ante un problema social, pero el problema social se cierne sobre nosotros como un problema filosófico y más aún como un acertijo siempre mal resuelto de cómo hacer, de cómo dar la solución idónea.
La cuestión es que estamos en la eviterna lucha entre el capital y el no-capital, entre los oprimidos y el opresor, pero en realidad estamos respondiendo (mal) a la pregunta de si es posible luchar contra lo que representa el dinero sin destruir el dinero, de si somos capaces de luchar contra lo que representa la riqueza sin destruirla.
Hasta ahora no. Hasta ahora, a lo largo de toda la Historia, sólo hemos sido capaces de posicionarnos en una u otra facción en función de nuestra situación personal. ¿Quién enseñará el camino a quién?  ¿Será el capital o será el no-capital? Es evidente que el capital no, que el dinero sólo sabe de lo suyo, que sólo sabe del dinero sin prestar atención al bienestar, pero es evidente también que el no-capital tampoco porque sólo sabe del bienestar sin prestar atención al dinero, a los recursos. Así no se puede.
¿Cómo explicarle al prohombre del 15-M que su necesidad no es la prioridad, que la suya va en segundo orden?
Esta es la verdadera encrucijada, este es el verdadero problema.
No habiendo solución sólo hay oportunidad de dar cumplimiento al interés particular. Esa oportunidad para el capital (porque ahora es su oportunidad) se está traduciendo en el proceso de regresión que vivimos. El no-capital no la tiene, para el no-capital sólo cabe alternativas que comprendan este dilema y lo incluya en su forma de lucha. Otro tema es el establecimiento de unas verdaderas reglas de reciprocidad entre bancos y usuarios[1], y la adopción de medidas políticas orientas a forzar que el capital se comporte de una determinada manera, esa es la tarea política, la desenmascarar determinadas condiciones de favor o hacer que las mismas reviertan finalmente en la sociedad[2]En cualquier caso, tenemos que entender que esto son relaciones, y que las relaciones no mejoran y no han mejorado a lo largo de la Historia elevando exclusivamente a una de sus partes. Dicho de otra manera, para cambiar determinados usos sociales y económicos no hay otra forma que la de elevar la altura social que haga inviables o anacrónicos los anteriores, y de esa altura social todos formamos parte.




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[1] Todavía no doy crédito a la forma en la que nos hemos tragado la transformación de la banca tradicional en autogestión bancaria sin contraprestaciones y soportando los daños colaterales (ya mismo no se podrá operar por ventanilla ni para los ingresos menores), entre los que incluyo el pago de esa autogestión mediante el cobro de los plásticos que la hacen posible.

[2] En todo el mundo empresarial, y el financiero lo es, habría que distinguir entre aquellas empresas que arriesgan capital para obtener un beneficio y aquéllas que tienen un beneficio fácil o una rentabilidad asegurada (porque el negocio en sí tiene un coste inicial bajo o porque el producto tiene un fuerte atractivo social) que luego enmascaran mediante la inversión.