miércoles, 14 de noviembre de 2012

Tercera comunicación transversal del 15-M


¿Y después del 14-N, qué?
En estos días he finalizado el segundo bloque de la Teoría social, lo que me viene muy bien para ahondar en ciertos aspectos que hasta ahora sólo he podido mencionar o tratar de forma indirecta.
Ahí se trata cómo se gestiona la desigualdad de poder político (bipolaridad política) y cómo ésta da lugar (y ha dado) a la lucha de clases, que constituye —con su resultado de fuerzas— el motor de la transformación social.
Aunque la lucha de clases está ya más que estudiada, no se ha llegado como aquí a un esquematismo suficiente que nos permita entender como tal no sólo la establecida por el proletariado sino cualquier otra, lo que nos permite, por otra parte, aplicarlo al momento actual, y alcanzar una mejor perspectiva y un tratamiento eficiente o estrategia, que no es otra que la que ya apunté en El quinto poder —para establecer algún tipo de acción estructurada—, y que luego abordé en la Segunda comunicación transversal del 15M, donde se expresa la necesidad (con la que posteriormente coincidió Felipe González) de que determinados sectores políticos o agentes sociales tomen posiciones, o se planten en ellas.
Según lo tratado, la única forma de hacer una acción efectiva es introducir un polo político intermedio que obligue a un acercamiento de los otros dos en particular al que representa el poder político activo a tomar una posición determinada.
Una pregunta sería quién representa ese poder político activo y otra, quién puede hacer en nuestro contexto de polo intermedio y de qué manera.
Sobre la primera cuestión, hemos entendido que el poder político estaba representado por los mercados, por pusilanimidad o dejación del verdadero poder político, luego hemos visto que era por indefinición interesada, seguramente condicionada por ese poder del dinero. Resolvemos que es verdad que los mercados tienen poder, pero más verdad es que éste se diluye con acciones políticas que hoy por hoy estamos en condiciones de tomar en Europa, y no se toman. Ya sabemos, en consecuencia, sobre quién ejercer la acción.
La posibilidad, por otra parte, de ejercer de polo intermedio viene condicionada por la calidad (lo inmerso que esté en el sistema) y la cantidad de polo (el respaldo social), que sólo es factible en este contexto por quien ya es poder, esto es, por el partido mayoritario de la oposición, que ya dispone de los mecanismos legales (además de los legítimos que puede tener cualquier otro grupo) y buena parte del aval referido (el de los incondicionales y el de los necesitados).
Dicho esto sólo queda que quiera, que comprenda la necesidad de hacer de polo intermedio, y lo que requiere: lo que se requiere para ser un auténtico polo intermedio y para tener todo el aval. Una cosa lleva a la otra, y si no hay más respaldo a las acciones sociales (como no lo hay en la participación democrática actual) es por la dudosa intencionalidad del polo intermedio y del aval incondicional, es decir, del poder que actúa simplemente como contrapoder, y de los sindicatos que por encima de otros planteamientos se alinean con ese contrapoder y se instalan como abanderados del anticapitalismo cuando han sido ellos y son ellos quienes han avalado en las empresas, una por una, estas formas, interesadamente, permitiendo lo que ahora denuncian, siendo cómplices de una gestión empresarial enfocada a la destrucción del trabajo digno, facilitando el precario o de segunda clase a cualquier precio, con los mismos argumentos que utiliza la patronal (mejor minijobs que nada) a pesar de haber sido eternamente denunciado por otros sindicatos minoritarios y profesionales.
Es por todo esto que antes de nada se tiene que definir cómo se va a ser polo intermedio (ya no seguimos a cualquier abanderado) y para qué, que no puede ser nada más que para serlo rompiendo toda ambigüedad o confusión del polo activo definido en la cuestión anterior, esto es, de Europa o la perspectiva europea (aunque, tal como se expresó, tenga su propia justificación).
Hacer de polo intermedio implica (éste es el cómo), en primera instancia, “plantarse”, lo que supone una diferenciación clara del poder y las formas que se están empleando. Esta cuestión no es fácil cuando, utilizando precisamente esas formas, se ha sido parte activa importante (causante) de este desastre, y exige, por tanto, desmarcarse de los antiguos puntos de vista y diferenciarse con otros nuevos: es imposible adoptar un cambio en el modo de hacer (que sea creíble) sin contemplar un cambio en el modo de pensar y adoptar una mirada superior (lo intermedio sin ella es vulgar, es lo que ha sido hasta ahora). Una cosa sin la otra es derribo o mero proselitismo.
No sirve un programa electoral, no sirve plantear unos presupuestos que corten aquí y pongan allí (ese engaño manifiesto), esto lo deben hacer los administrativos, no los políticos ni los líderes sociales y políticos. Sólo sirve un nuevo diseño.
Los cambios deben ser, por tanto, cambios sustanciales en la vida económica, política y social, y deben ofrecer una forma totalmente distinta de hacer y de concebir las cosas, en primer lugar porque la misma forma no sirve de nada, en segundo lugar porque ya la hacen otros; y que además sea posible y congruente con la realidad.
La sociedad Inversa (Manifiesto)
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Este cambio de posición es imprescindible, por otro parte, para su pervivencia como grupo. Ya se dijo en el Manifiesto: “La socialdemocracia necesita una teoría social que revigorice su proyecto…”.
Estamos diciendo que la solución para la situación social y para su proyecto es la misma cosa, que les debe llevar a un mismo debate, que es el que deben hacer en un congreso: sólo sirve a la sociedad un proyecto viable, sólo se puede liderar un proyecto viable (y quieren liderar, ¿verdad?).
El debate es, para empezar, si lo que implica el socialismo es lo que necesita esta sociedad o si por el contrario se precisa un cambio cualitativo, aun conservando parte de su espíritu. La cuestión no es cualquier cosa, es determinar si las formas usadas de manera inercial están a la altura de los tiempos y/o si están entrando en contradicción con nosotros mismos y con los propios tiempos. Tampoco sirve romper esa inercia a base de experiencias traumáticas o mecanismos de reacción, esto es, mediante pequeños ajustes que llegan tarde, y que muestran que se va detrás de los acontecimientos.
Pensamos que sí, pensamos que el socialismo y por extensión aquella parte de la sociedad adyacente, de acuerdo al momento actual y, sobre todo, de acuerdo a esa altura de los tiempos (por muchas razones está civilización está entrando en otra Edad), tiene que reeditarse. Algunas premisas están superadas, otras son viejas, otras son claramente contraproducentes o incoherentes, y no soportan un debate intelectual, o no son acordes a la idea que queremos tener de nosotros mismos (una idea elevada), como lo ya referido respecto a los mecanismos de expresión social, que hay que superar, y antes de eso, saber superar.
La cuestión es determinar cuáles tenemos que desechar, cuáles mantener, qué aspiraciones del clamor popular son asumibles, factibles, y cuáles no, y por qué, y establecer con ellas una hoja de ruta clara, desde el afán de alcanzarlas, desde la honestidad.
Eso supone desideologizar, esto es, abandonar ideologías y estrategias ideológicas que hacen del partido o del grupo una empresa.
Desideologizar no es sólo abandonar ideologías, es tomar otra perspectiva de la sociedad más global y armoniosa y abandonar una praxis absurda, segada o imposible y, sobre todo, dañina: la mayoría de nuestros problemas provienen de nuestros excesos.
Desideologizar es la condición necesaria indispensable para albergar otra estructura de las cosas, y, ahora como hemos visto hace falta otra estructura de las cosas, una que permita integrar a los dos polos sociales en una realidad superior, una que permita  frente a la tendencia actual de corregir los excesos con otros excesos (ley del balancín) corregir el problema fuente o neutralizarlo en el sustrato social (sin sentimientos reactivos, por una ley de los vasos comunicantes), lo que implica una exigencia social, una socialización real de las penalidades y la implementación de ese sustrato en un nuevo modelo social.
La sociedad Inversa (Manifiesto)
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Un nuevo diseño, estructura o modelo social exige la modificación del modelo económico que lo sustenta, y, antes de eso, la contemplación de otros fundamentos o principios de funcionamiento, que nos permitan descubrir toda una dinámica de estados, o posibilidades. Una cosa sin la otra es mera iluminación, o simplemente mentira.
El polo intermedio debe superar el lenguaje economicista y plantear grandes estrategias, esto es, superar el organigrama socioeconómico actual y plantear otro tipo de superestructura, y luego ejercer su acción, destinada a alcanzar la máxima simplicidad, la máxima higiene social o supresión de resistencias mediante resoluciones justas y claras.
El polo intermedio tiene que plantearse qué cosas tiene que hacer para hacer de esta sociedad una sociedad viable económicamente y completa (sólo así seducirá). Esto es lo que se plantea en La Sociedad Inversa.
Si no se dice algo bien diferente, se está diciendo lo mismo. Y claro, ir por ir…



lunes, 12 de noviembre de 2012

La Manifestación como solución


Ahora que está próxima la huelga del 14-N parece buen momento para decir algo al respecto, o del derecho que la ampara. La derecha está loca por restringir el derecho (supuestamente por entrar en confrontación con otros), y la izquierda, léase sindicatos y resto de agentes sociales afines, por mantenerlo o preservarlo como si fuera el súmmum del derecho democrático o del ejercicio de la libertad.
Aquí engañosamente se pone en liza dos derechos, el de un sector social, a revindicar (trabajadores, por ejemplo), y el del resto de la sociedad, a seguir su curso normal (y no ser afectados para la producción), cuando el derecho real es el derecho de las personas a tener lo que justamente les pertenece sin tener que verse obligada a ejercer otro tipo de presión o manifestación, cuyo quebranto da lugar a la contaminación del sistema social con ese tipo de manifestaciones y a la reacción lógica del resto del sistema.
Con este engaño se oculta una forma estúpida de hacer las cosas, y más que estúpida, interesada, como a la postre resulta serlo el establecimiento de una vía de escape respecto a todo conflicto que queramos tratar: la policía ejecuta una carga y deja una vía de escape para que los manifestantes se disuelvan (lo tienen así estipulado), el poder ejerce una inusitada presión o acción injusta, y deja una vía de escape para que la sociedad diluya su enojo o absorba gradualmente sus efectos.
Es decir, se aplica una estrategia que permita/e administrar el hecho injusto y paliarlo, no en sus causas (la determinación primera o hecho injusto y lesivo), no en sus efectos, tan sólo en la manifestación del descontento, o si se puede (como suele ocurrir en el tema laboral) en la aplicación de algún tipo de compensación al daño mediante un pretendido daño, susceptible de ser suprimido si resulta ser particularmente dañino.
Creemos que eso hay que solucionarlo, que la cuestión no es regular el derecho de huelga porque sea abusivo sino que más bien hay que regular las causas que la ocasionan, el estado permanente de indefensión, la falta de mecanismos o soluciones reales.
No es que haya que regular la huelga porque rompa la armonía, el discurrir de la sociedad moderna (o incluso, si se quiere, su riqueza económica), es que hay que dotar a esta sociedad de mecanismos contra el abuso que la hagan verdaderamente moderna, de otros métodos que hagan prevalecer la razón sin tener que acudir a fórmulas anacrónicos o a la confrontación.
La huelga, la manifestación, ya no es la solución porque las personas de este siglo no queremos responder a las agresiones, queremos que éstas no se produzcan, queremos simplemente no estar sometidos a las arbitrariedades en cualquier ámbito, que nos obligan a romper nuestra normalidad y acudir a las calles como hordas furibundas, y que este hecho se tuviera que producir sólo en contadas ocasiones, sujetas al análisis.
Eso es sólo un apunte, que desarrollaremos bastante más adelante, de hasta que punto en el ámbito social y jurídico nos vemos obligados a reclamar cosas que nos pertenecen por derecho: cuestión que se aparta de la idea de sociedad moderna y nos lleva a otra que hace del escapismo, la negación o la anulación, su modo de vida y su fundamento; y de hasta qué punto el derecho está polarizado o, por decirlo mejor, lo justo judicializado.
En este sentido está planteado el principio de verdad, en el de superar el debate jurídico y otras formas de confrontación en aquellas cosas que la sociedad acepta de una determinada manera, que por un lado descontamina la acción social (y judicial) y de otro permite centrarnos en aquellas cuestiones sobre las que no hay resolución alguna ni solución. El principio de verdad está ideado para alcanzar esto por sistema y no por un eterno e inacabado debate sobre cuestiones particulares que, una vez más, sirve para justificar la acción siempre “en fase de” del político, en tanto que nos deja eternamente postergados, y anclados a una forma de sociedad incompleta.
En estas ideas claves y sencillas debe estar establecida cualquier propuesta de futuro que pretenda conectar con esa sociedad cada vez más numerosa que no se deja engañar. Menos mojigatería, menos discurso pretencioso y más plantear objetivos claros y verdaderas palancas de transformación social para obtenerlos.


jueves, 8 de noviembre de 2012

Inicio a la dinámica de estados


El principio de bipolaridad no es sólo un esquema de funcionamiento o la expresión de la dualidad la naturaleza de las cosas, sino la expresión de la dualidad a la que nos somete dicha naturaleza o la nuestra propia como parte de ella. Somos oprimidos u opresores, pasivos o activos, trabajadores por cuenta ajena o propia, etc.…, y en función de esto tendremos una perspectiva u otra, un posicionamiento en la vida. Por todo ello es además la expresión de nuestra visión parcial, sesgada e incompleta, de nuestras limitaciones e incapacidades.
Frente a un único sentido de la vida (el nuestro), el principio de bipolaridad nos enseña otro, y cómo ambos se presentan como fuerzas complementarias para el crecimiento y el desarrollo de las sociedades, si bien es cierto que con muy distinta servidumbre.
En lo que respecta a la riqueza, el sistema necesita de una determinado reservorio de riqueza (efecto de la desigualdad) para funcionar, un sector hace de esa desigualdad su materia prima, en tanto que para el otro es intrínsecamente nociva (causa de más desigualdad); además de ser contraria al desarrollo natural de las sociedades. Es decir, que la desigualdad necesaria para el crecimiento y desarrollo de las sociedades es esencialmente contraria porque crea nueva desigualdad y por la bipartición de la masa social en dos clases bien distintas al desarrollo de las sociedades. Esto es una paradoja que hay que resolver.
Para unos, por tanto, hay que crecer y para ello hay que aumentar el diferencial (la ddp), y para otros hay que llegar a la igualdad, lo que implica una ddp menor y un menor crecimiento. Esto también hay que resolverlo.
La solución no puede ser el aumento del crecimiento a costa de la igualdad ni el aumento de la igualdad a costa del crecimiento (que es la capacidad de corrección de los ajustes macroeconómicos) o incluso a costa de la viabilidad de nuestro sistema socioeconómico: poner en juego nuestra supervivencia o caer en la subsistencia. La solución tiene que ser otra.
Tendremos tiempo de hablar del problema y de la solución (ya esbozados en el Manifiesto, y que retomaremos en el tercer bloque de la Teoría social), pero entre tanto podemos decir que un proyecto de futuro, o modelo social que se precie, tiene que dar solución a esta cuestión, esto es, debe imaginar un esquema de funcionamiento económico suficiente que no esté basado en la desigualdad… Y debe darla de forma urgente e inexcusable porque la situación va evolucionando de forma natural (por difusión) en el sentido contrario, esto es, en el de necesitar cada vez más un mayor diferencial para funcionar, y esto por causa del propio desarrollo, de la optimización (tecnificación) de procesos y la globalización.
El grupo que asuma dicho modelo debe estar en esa idea y debe llevar a la sociedad (a los dos polos) a la comprensión de la misma. Esto no es fácil porque un colectivo está en una idea y otro en otra, dando lugar a dos facciones sociales irreconciliables y una lucha de clases, pero no es desatinado ni desechable porque, al igual que ocurre con el cambio climático, aunque existan dos grupos con intereses bien distintos, hay una realidad y una necesidad superior común: la supervivencia.
La evolución natural de la sociedad debe ser hacia el bienestar y hacia la consolidación de una extensa clase media, pero esto entra en confrontación con la dinámica del sistema y con los mecanismos actuales de crecimiento. La realidad nos empuja a hacer las cosas de una determinada manera. El afán de muchos se pliega a esa realidad en tanto que otros tratan de superarla mediante anhelos imposibles: sólo se sabe empujar hacia uno de los dos estados extremos de la naturaleza bipolar (también en el planteo de la solución de la propia crisis). Esto debe cambiar.
Las medidas aplicadas deben tener una finalidad muy clara en este marco (el de la bipolaridad), muy distinto de los diferentes ajustes macroeconómicos aplicados en el marco de la economía de mercado (aunque luego aquélla tenga repercusión en ésta).
Un cambio en la cultura económica debe cambiar el lenguaje y las pretensiones. El lenguaje actual sólo sabe de medidas correctoras de los índices fuera de rango a costa de sacar a otros de margen. En cambio, un diagrama de potenciales y flujos (variables naturales de la bipolaridad) sabe de estados o estadios socioeconómicos. Una economía nueva debe tratar de la dinámica de estados.
Hablar de estados es hablar de las pretensiones finales del sistema económico.
Si no se sabe hacer esto no se está ofreciendo nada nuevo.




lunes, 29 de octubre de 2012

Resumen de la 6ª entrega de la Teoría social


En la 6ª entrega seguimos tratando la lucha de clases como expresión del principio de bipolaridad política, y su desarrollo o evolución de acuerdo con el efecto transistor. Sobre esta base se presentan las diferentes revoluciones sociales habidas a lo largo de la historia y sobre la necesidad de modificar las relaciones de producción, lo que de otra forma no son sino relaciones de propiedad (Marx). Aquí se hace un recuento y descripción de esas grandes revoluciones sociales y se alcanza una confirmación de este esquema o patrón de comportamiento, y de su evolución natural.[SIGUE]

sábado, 27 de octubre de 2012

Resumen de la 5ª entrega de la Teoría social


En la 5ª entrega tratamos los aspectos sociales de la bipolaridad política, esto es, de qué manera se establece socialmente una relación entre polos (que son relaciones de poder), cómo se presenta el poder económico como poder, y cómo esta relación se altera mediante el concurso de un polo intermedio, en lo que resulta ser la aplicación del efecto transistor a la organización social, dando lugar al acercamiento o alejamiento de los grupos sociales distantes y la modificación de las relaciones de propiedad en función de las necesidades de producción, o, lo que es lo mismo, a la lucha de clases. Es la necesidad de modificar las relaciones de producción la que permite variar las relaciones de propiedad o acercamiento entre polos o estamentos distantes. Esto, económicamente, se produce mediante el desarrollo de formas secundarias de producción, y políticamente, con el concurso de un polo político intermedio emergente que apoyado en lo anterior hace buena y necesaria una nueva forma de pensamiento que incluye una nueva forma de relación social.[SIGUE]

lunes, 15 de octubre de 2012

Segunda comunicación transversal del 15-M


La Sociedad Inversa no quiere imponerse como arquitectura del movimiento social o de los grupos, tan sólo llevar a una forma de pensamiento suficiente y necesario para la inquietud social —tiene carácter filosófico y/o sociológico—, y proponer igualmente un esquema de sociedad igualmente necesario y suficiente, plausible y alcanzable.
El esquema de sociedad se obtiene del desarrollo y la transformación de un par de hábitos sociales que son verdaderamente perniciosos (de los políticos y de la población en general), por lo que es aquí donde hay que poner verdaderamente el empeño, según lo apuntado en el Manifiesto y lo desarrollado (o por desarrollar) en los diferentes elementos teóricos. Ese será el trabajo.
La pervivencia y consolidación del movimiento social precisa la adscripción e integración de los diferentes grupos a esta forma de pensamiento, y de forma más general de las personas.
¿Por qué deben los grupos y las personas adscribirse a esta forma? Porque la forma de funcionamiento actual de los grupos no ha encontrado sus referencias y marcha hacia ninguna parte, porque no tiene una lógica de funcionamiento ni objetivos claros y concretos, y, en consecuencia, una capacidad suficiente de convocatoria y/o acción efectiva y descontaminada.
Contaminar las ideas significa juntar las verdades con anhelos, deseos, cargas ideológicas, etc., esto es, con otras cosas que no son tan verdades. Contaminar es quedarnos sólo con nuestras verdades sin tomar en consideración las verdades que se oponen a las primeras en una lucha de opuestos, en un Ser o no Ser
Lo vamos a repetir una vez más, las razones que se esgrimen no sólo tienen que servir a los que las promueven sino al resto de la sociedad, y eso es imposible cuando la atención se dispersa o se equivoca el foco de atención: nuestra clase política no es el problema ahora, y su sustitución/destitución, tampoco; la Constitución no es el problema ahora, y su sustitución, tampoco. No hablemos del sinnúmero de frustraciones históricas. Aquí se está equivocando el foco de atención (esas razones).
Aun partiendo de que esta clase política sea una negada, no es el principal problema ni el prioritario, y sin embargo se está actuando como si lo fuera, circunstancia que aprovecha (promueve) la oposición (corresponsable, en verdad) para establecer un acoso y derribo del gobierno (15-S), y los radicales (de izquierdas y de derechas) para establecer un acoso al sistema y dar rienda suelta a su violencia (25-S); y eso no nos conviene (ni una cosa ni otra): sin esa necesaria Deontología de la subversión, las verdades parecen menos verdades a los ojos de la sociedad expectante y necesitada de referencias claras e incuestionables.
Lo peor es que nos apartamos del problema y de la solución. Si quitamos a esta clase política seguimos teniendo el problema que tenemos, que es otro, si iniciamos un proceso constituyente, tenemos —como ya se ha expresado— el mismo problema, porque el problema es otro.
Esto no quiere decir que no se pueda iniciar un proceso constituyente y pedir responsabilidades políticas, quiere decir lo que ya se ha dicho.
El problema es el inadmisible poder político de los mercados (la capacidad de distorsionar la estructura social si no se somete a otras sujeciones) y el agotado modelo de sociedad. El problema es, de otra parte, la escasa voluntad política europea de aplicar esas sujeciones, que, ya testadas, han demostrado ser suficientes.
Y si tan fácil es esto de salvar las economías… Si la solución existe y no se quiere aplicar quiere decir que abiertamente se está jugando con los tiempos, con una finalidad.
El problema no es, por tanto, la Deuda, el problema es que se está manipulando el precio del dinero para que nos resulte casi imposible pagarla o lo hagamos con un gran coste económico y social, y  pérdida de poder político. Esta sociedad podría incluso asumir lo primero (lleva haciéndolo años), pero lo que no puede tolerar es la alteración fraudulenta y sus consecuencias.
Las condiciones económicas las está planteando mal Europa y las está asumiendo peor España. El auxilio económico no debe venir ligado al paquete de medidas impuesto porque se crea una identidad perniciosa entre ambos.
Si no hay auxilio, sube la prima de riesgo — si sube la prima de riesgo, las medidas tomadas no son suficientes — si las medidas tomadas no son suficientes, no hay auxilio.
Esta identidad sólo se puede romper o establecer en positivo acordando un paquete de medidas insoslayable y una ayuda incondicional, y la voluntad de modificar las medidas y la ayuda en función de las circunstancias.
El poder político local no tiene ningún as en la manga salvo la interminable negociación y el impúdico sometimiento, y saca sus propias conclusiones de un debate ineludible. Nosotros tampoco podemos eludir el debate en lo que debería ser nuestro Primer emponderamiento político, y sacar las nuestras.
Desde aquí creemos en otro tipo de medidas, en unas que supongan la alteración de esas dos dinámicas (la económica y la social) y nos lleve Hacia un nuevo orden social, que supere los viejos conceptos de distribución capitalistas y socialistas (ahí está la clave), pero, entre tanto, entendemos necesario dirigirnos al verdadero poder político para exigir que adopte las medidas que ciertamente puede adoptar, y no adopta por especular y manejar otro tipo de intereses.
Parece, por tanto, que nos toca a la masa social romper con esa identidad perniciosa y obligar al poder político (el europeo) a cambiar la estrategia que nos está asfixiando, mostrando que no nos importan las consecuencias (aunque nos importe), y exigir con desparpajo —si no se toman las medidas— el fin de esta relación desigual: no cuando ya no quede más remedio sino ahora, por libre elección, por simple desencanto de lo que supone Europa, de cómo entiende el compromiso, las propuestas y la idea de un futuro común.
Proponemos, en consecuencia, y así hemos querido hacerlo saber a la II Asamblea Estatal Constituyente, rodear el Parlamento europeo o la Unión Europea, ya sea de forma real o virtual, alentando a que todo aquel parlamentario, todo aquel comisionado que entienda que se está ejerciendo un poder desleal y contrario a los intereses generales, lo ponga de manifiesto y lo haga público, dejando el cargo y/o poniendo su Acta de Diputado a disposición de su partido, o que incluso sea el partido, asumiendo el compromiso, el que abandone el parlamento (su función) en tanto no se promuevan y adopten de forma clara y urgente las medidas ya expresadas. Esto mismo ya se ha referido a nivel Estatal respecto al papel a-deontológico de la oposición y su forma de desenvolverse: la oposición puede negar el sistema o hacer una huelga o una sentada en representación de los millones de personas a las que representan, que  se ven castigadas y que no tienen otra voz: no debe secundar la protesta, debe liderarla (así es como históricamente ha prosperado toda Ilustración). Puede hacer esto o callarse.
Esta proposición es seria, es contundente.
¿Por qué deben los grupos y las personas adscribirse a esta forma? Hay que adscribirse a esta forma porque es la única manera de optar a un sistema social creíble y alcanzable sin romper éste, porque es la única manera de realizar transformaciones paso a paso en la dirección marcada. Esta adscripción se puede hacer de varias formas.
Las personas que compartan este pensamiento pueden distribuirlo a sus contactos y hacerlo saber a sus respectivas organizaciones para establecer un debate interno y crear un verdadero estado de opinión sobre este particular (#lasociedadinversa), que no es otro que la necesidad de establecer un cambio de orientación, concepción y percepción de lo que es la sociedad: tenemos que superar este sistema, superando ciertas ataduras, esto es, ciertos mecanismos socio-económicos que nos empobrecen, pero también superando cierto maniqueísmo y lenguaje manido. Sabemos que las ideas no florecen porque están sometidas a la disciplina de los viejos esquemas: eso hay que romperlo, hay que exigir respuestas del siglo XXI para los problemas del siglo XXI.
Las organizaciones pueden ser sensibles a ese estado de opinión o crearlo por iniciativa propia y utilizar sus infraestructuras, sus listas de distribución, y otros medios, para  hacer todo esto suyo, es decir, hacerse cargo del planteamiento y dar los pasos pertinentes que deriven en la posibilidad de diseñar, estructurar y priorizar las demandas de acuerdo a su importancia y de acuerdo a su correspondencia con un modelo teórico social nuevo que necesariamente debe ser incluido en su espectro de interés si quieren optar a la pervivencia y a una verdadera transformación social.
Desde aquí se lanza un guante a las organizaciones. Son las organizaciones las que deben entender la importancia del modelo y de la propuesta planteada, y activar una convocatoria en la que se le dé forma  y se promueva, se diseñe  y obligue el compromiso político.
Todos, grupos y personas,  pueden comentar y establecer un contacto para ese fin o para la comunicación de iniciativas. Desde esta página estaremos atentos a la repercusión y la posibilidad de ejercer alguna función en este contexto y la de introducir esta perspectiva en alguna de las convocatorias ordinarias.
En cualquier caso, y sujetos a la libertad del pensamiento y la libre elección, seguiremos exponiendo el cuerpo teórico de La Sociedad Inversa, señalando aquello que nos acerca y aquello otro que nos aleja del proyecto de sociedad presentado.

jueves, 11 de octubre de 2012

Segunda Asamblea Constituyente

(mail a la Asamblea)

Dada la imposibilidad de participar físicamente en la “II Asamblea Estatal Ciudadana Constituyente” prevista para el día 13 de Octubre, quiero expresar mi parecer sobre dos cuestiones esenciales, que ya se viene expresando en lasociedainversa.com, y trasladarlas por boca de la mesa a la Asamblea.

En primer lugar creo imprescindible priorizar las acciones y los esfuerzos en lo que parece crucial para el momento social. Entiendo que esa prioridad no está ahora en lo que da sentido a esta reunión sino en el estado de precaridad actual y el que se avecina. En consecuencia, la prioridad está en articular algún tipo de acción única y conjunta. La forma de esta acción está descrita en la propia página citada y parte de una premisa o de una realidad: el problema esencial es la Deuda y en segundo término la dejación del poder político europeo, plasmado en la no aplicación de las medidas que han demostrado ya ser efectivas para sujeción o control de la especulación.

Dicho más claramente, el problema es la Deuda y a quien tenemos que dirigirnos es al poder político europeo dado que el otro se muestra como mero títere; y como tal lo tratamos y lo obviamos.

Esto nos da que el Parlamento que tenemos que rodear, real o virtualmente, es el europeo, debiendo ser ésta la consigna, que muy bien podría instrumentalizarse desde aquí. ESA ES MI PROPUESTA A LA ASAMBLEA.

La propuesta, como se puede observar es menos agresiva a la puesta en marcha como “No debemos, no pagamos” y contrariamente a ésta no quiere romper las reglas de juego, sólo dominarlas: no se anula la función política, se obliga a ejercerla.

Hago hincapié aquí en la necesidad de no contaminar esta acción con otras que aunque legítimas deben quedar a un lado para que quede claro de una vez por todas qué es lo que no permitimos como sociedad, dado que eso que no permitimos debe ser, en primera instancia, una sola cosa.

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La segunda cuestión radica en algo que ya expresé en el encuentro de Cádiz, que se puso de relieve allí, y sobre lo que quiero ahondar por entenderlo esencial para el buen funcionamiento de las asambleas. Allí se puso de manifiesto que había un colectivo que venía con los papeles bien escritos y otro formado por personas que si bien pudieron expresar sus opiniones en tres minutos, dichas opiniones finalmente no tuvieron más objeto puesto que no hubo un debate mínimo de las cuestiones expuestas por el orador, algunas previas o esenciales a la razón de ser y el fundamento de la asamblea, esto es, al establecimiento de los principios de los que parte.

A mi modo de ver esos principios fueron establecidos por parte de la asamblea y esa parte ignoró a la otra, por lo que se precisaría reformular todo esto y establecer un libre acceso a la organización y a los medios, entre los que cito la propia Web Constituyente que de este modo se presenta como un coto reservado.

                                            Un cordial saludo